Un luchador, amante del cine, el teatro y las letras | Tiempo Argentino

Espectáculos | Tiempo Argentino | 14 de Junio de 2015
Adiós a un creador
Un luchador, amante del cine, el teatro y las letras
Ayer murió Sergio Renán, responsable de la emblemática película La Tregua, uno de los grandes records del cine argentino. Dirigió piezas clásicas, fue un actor destacado y su paso como titular del Teatro Colón es de los más recordados. Fanático de Racing. Tenía 82 años.
Mercedes Méndez
Si todavía quedaba un hombre con perfil de caballero: es decir elegante, refinado, de gustos barrocos, de hablar pausado, siempre con un libro en la mano y con una formación casi igual de profunda en música, cine y teatro; murió ayer a los 82 años. Sergio Renán fue director de cine, ópera y teatro y una de las figuras fundamentales de la cultura argentina.

Entre sus grandes hitos, se encuentra haber dirigido La Tregua, la primera película argentina nominada al Oscar, de ser el responsable de la gestión más innovadora y productiva del Teatro Colón y de llevar al teatro las primeras versiones de grandes textos, como Las Criadas, de Jean Genet.
Su necesidad de estar en permanente estado creativo, siempre con un proyecto en carpeta y con nuevas inquietudes artísticas lo llevaron a tener una actitud perseverante frente a una salud que cada día se deterioraba más. Ya casi sin voz debido a un cáncer de laringe, Sergio Renán seguía dirigiendo y pensando en todo lo nuevo que estaba por venir.
Podría estar asociado a la mal denominada “alta cultura” pero a Renán le gustaba hundirse en las historias marginales, tanto para dirigirlas como para interpretarlas. Por ejemplo, el papel de El Rufián Melancólico en la película Los siete locos, de Leopoldo Torre Nilsson (1973) fue –según sus propias palabras– el mejor personaje que interpretó en su vida.
Sergió Renán se llamaba en realidad Samuel Cohan y era el hijo de un padre inmigrante de Rusia y una mamá argentina. Nació en Buenos Aires el  30 de enero de 1933, en el barrio de Once. Sus padres tenían una mercería y aspiraciones altas para su hijo mayor. Lo educaron para que fuera un violinista exitoso y si bien llegó a hacer algunas presentaciones en el Colón, enseguida dejó la música para dedicarse a la actuación. “Fui un joven formado para el estudio, la reflexión, el prestigio intelectual. Desde muy chiquito, fui informado de que era un genio y que el mundo iba a recibir esa noticia con alborozo. Mi padre era un tipo tierno, pero esperaba de mí que fuera un gran hombre y que se supiera que lo era”, dijo en una entrevista, publicada en La Nación.
Sin embargo, más allá del prestigio y los premios, Renán se mostraba particularmente sensible a las críticas y poco le importaba que le reconocieran el fenómeno que fue La Tregua (1974) si después con sus películas no conseguía los mismos elogios que antes. “Una crítica mala me destruye. Como actor nunca tuve una crítica mala. Como director de teatro fueron maravillosas. Y en el cine, empezó a cambiar desde El sueño de los héroes. La cosa me empezó a hacer tanto daño que dejé de leerlas”, había dicho.
Probablemente a Renán le lastimaban tanto las críticas porque tuvo un pasado glorioso y, se sabe, es imposible estar siempre en el mismo nivel de genialidad. Renán, que en aquella época era Cohan, comenzó a actuar en teatro y luego en cine. El momento de despegue de su carrera actoral fue con La cifra impar, una película de 1962 dirigida por Manuel Antín. A los dos años, llegó Circe, también de Antín, El perseguidor (Osías Wilenksy, 1965). En 1970 ya empezó a escuchar sus pulsiones de director y puso en escena la emblemática pieza de Genet Las criadas. Nunca con chiquitas. En esa época también decidió cambiarse el nombre: eligió Renán por Ernest Renan (1823-1892), un francés autor del libro La Vida de Jesús en el que hablaba de Jesús como un profeta pero negaba que fuera hijo de Dios.
En 1974 su primera película tuvo un éxito que lo desbordó. Fue La tregua, basada en el libro del escritor uruguayo Mario Benedetti, que supuso la primera nominación de Argentina al Oscar como mejor película extranjera. Este film tuvo 2,2 millones de espectadores –cifra inédita hasta el momento– y compartía la terna de nominaciones junto con Lacombe, Lucien de Louis Malle y Amarcord, de Federico Fellini. El premio se entregó un año después. Renán viajó a Los Ángeles y estuvo cerca de Jack Nicholson y Fred Astaire. Cuando Frank Sinatra anunció que la ganadora era Amarcord sonrió y volvió igual de contento a Ezeiza. Era un señor y en ese momento también se sentía campeón.
El espíritu de triunfador le duró poco. Apenas llegó a la Argentina encontró su nombre en una lista de la organización parapolicial Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), junto con el de Mario Benedetti, Héctor Alterio, Norma Aleandro y Luis Brandoni. Todos ellos recibieron la misma intimidación y abandonaron la Argentina. Renán decidió quedarse.
Su siguiente película fue Crecer de golpe (1977) la adaptación de un cuento de Haroldo Conti. A pesar de la intimidación de la Triple A, Renán aceptó realizar La fiesta de todos (su tercer largometraje), una propaganda del gobierno militar en torno a la conquista futbolera del Mundial 78 en la Argentina (ver recuadro).
Unos años después dirigió Sentimental (Requiem para un amigo) (1981), Gracias por el fuego (1983), Tacos altos (1985) y El sueño de los héroes (1997) basada en la novela de Adolfo Bioy Casares, quien también era su amigo. Esta última película –dijo en alguna ocasión– fue una de sus obras más queridas y la más golpeada por la crítica.
En 1989 el intendente de la Ciudad de Buenos Aires, Carlos Grosso, le ofreció dirigir el Teatro Colón. Renán era, sobre todo, actor y director y, aunque había debutado como régisseur con Manón, en 1984, no tenía experiencia en gestión pública. Su trabajo en ese espacio cultural donde ayer fue velado es recordado como uno de los mejores de la historia.
En el teatro fue igual de prolífico. Además de Las Criadas, Renán montó Drácula, Ha llegado un inspector y Un enemigo del pueblo, el clásico de Ibsen que estrenó en el San Martín en 2007. En 2013 su última obra como director de teatro fue Incendios que trataba sobre la guerra civil en el Líbano a partir de la vida del escritor Wajdi Mouawad y que lo reunía otra vez con la actriz Ana María Picchio, con quien trabajó en La tregua.
El 20 de febrero de 1997, Renán sufrió una pancreatitis aguda fulminante, una enfermedad que acaba con la vida del 85% de los pacientes en los primeros días. Estuvo 64 días en coma. “Tengo recuerdos auditivos. Algún llanto de mujer. Alguna música. Después supe que me ponían música y trataban de darme buenas noticias. Parece que un día se me acercó el médico y me dijo: ‘Racing le ganó a River dos a uno’. A lo mejor fue eso lo que me salvó”, contó Renán a La Nación. Fanático increíble de Racing, todos los modales y la templanza que Renán tenía en su vida como artista y gestor público, la perdía cada vez que iba a la cancha y oscilaba entre la desolación y la angustia más vital ante la pérdida de su equipo y la euforia descontrolada.
En 2007, Renán filmó la que fue su última película: Tres de corazones, basada en el texto de Juan José Saer. Dejó pendientes varios proyectos, entre ellos su deseo de dirigir un musical. Hubiese sido el ensamble perfecto para este amante del cine, la música y las actuaciones profundas.  «

Velatorio y despedida en el teatro Colón

Durante el día de ayer se llevó a cabo el velatorio de Sergio Renán en el foyer del Teatro Colón. La misma institución destacó en un comunicado que despedía “a quien fuera uno de sus más brillantes directores de toda su historia”.
Lo despidieron, entre otros, Ana María Picchio, Lito Cruz, Gastón Pauls, José Martínez Suárez y Jorge Asís.
En esa misma institución, el artista acababa de montar una producción de la ópera L´elisir d´amore, de Donizetti, junto al equipo que integraba con el escenógrafo Emilio Basaldúa y el vestuarista Gino Bogani.
La reseña difundida desde el Colón señaló que con Renán como director, entre 1989 y 1996, se “ampliaron notablemente los horizontes artísticos de la sala, le devolvió su dimensión internacional y abrió las puertas a una nueva generación de público mediante decisiones como, por ejemplo, la creación en 1990 del entonces denominado Centro de Experimentación en Ópera y Ballet, que está cumpliendo 25 años de fecunda trayectoria”.
El texto agregó que el paso del artista “en el campo de la ópera, la música y la gestión cultural es apenas una faceta más de un artista integral que representa para el Teatro Colón uno de los capítulos más brillantes de su historia”.
Renán dirigió en el Colón las puestas Manón, Rigoletto, Otello, Cosi fan tutte y Lady Macbeth, con la dirección orquestal de Mstislav Rostropóvich, que estrenó, además en el Teatro Real de Madrid.

Su última nota con Tiempo

El 15 de abril de este año, Sergio Renán fue tapa del suplemento Espectáculos de Tiempo, a propósito del estreno en el últilmo Bafici de la versión restaurada de La Tregua. A continuación algunas de las definiciones de la entrevista realizada por Analía Rivas:
* “No puedo ni quiero mentir. No me gusta verme en el pasado.”
* “A veces me encuentro con jóvenes interesados por el cine que no sólo no han visto La tregua sino que no han visto películas muchísimo más importantes que esta. Que tienen pocas noticias de sus directores.”
* “No sólo La Tregua no es mi mejor película como realización: todas mis películas posteriores, menos una, son mejores. Pero la historia de La tregua es única. La historia y el elenco. Me resisto a creer que puede haber una película con un elenco tan maravilloso.”
* “Hay muy pocas buenas historias en el cine. No en mi filmografía. Pocas historias me parecen maravillosas para convertirse en una película. Obviamente, el cine no es literatura visualizada. A tal punto que La tregua provocó distanciamiento con Mario Benedetti por las diferencias entre su mirada y la mía.”
* “Tres corazones fue mi mayor fracaso y me provocó una depresión como la que tendría cualquiera en una situación similar. Tres corazones me gusta. Las historias que más me gustan tienen cada vez menos destinatarios, el cine es muy cruel en ese sentido. El concepto de éxito y fracaso tiene específicamente para el director consecuencia para su perpetuidad como para la mirada del exterior.”
* “Tengo dos guiones terminados. En todos los casos hechos en colaboración con Sergio Wolf, Daniel Malajovich y Diego Starosta. Tendré la fuerza necesaria para reincidir o para despedirme. Siento claramente como algo incumplido mi relación con el cine. Un cine donde la música tuviera una presencia grande. Yo soy un fanático de la comedia musical como género. De modo que siento que debo filmar una película musical con presencia de números bailados y cantados.”

La fiesta de todos, que no debió ser

La fiesta de todos, película que Sergio Renán filmó en 1979 sobre el Mundial y que fue considerada propaganda de la dictadura militar, fue la mancha negra de su carrera. En 2012, el director dijo: “No debí hacerla, y eso es algo que nunca me terminaré de perdonar. No debí hacer la película que fue. Digo ‘la película que fue’ porque hay gente que dice que ensalza el gobierno militar, cosa que no es. Pero aun lo que fue, una película de gente gritando goles, no debí hacerla. (…) Sé que hay gente para la que soy sólo el director de La fiesta de todos. Eso tiene un peso específico mayor que todo lo que pude haber hecho antes y después, incluyendo los tres años que hice de Teatro Abierto”.

OSCAR
La tregua fue la primera película argentina nominada a un Oscar, en 1975. En la terna perdió frente a Amarcord, de Federico Fellini.

CIUDADANO ILUSTRE
Sergio Renán recibió el título de Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires en el mes de marzo de 2011.

“Qué tristeza, un hombre genial, humilde y maravilloso. Hasta pronto, queridísimo.”
Georgina Barbarossa

El dolor de sus colegas, amigos y admiradores

A través de las redes sociales artistas, periodistas y funcionarios compartieron el dolor y la admiración por Sergio Renán.
El embajador argentino en Chile, Ginés González García, expresó:  “Renán fue un artista total, un caballero de honor, un patriota apasionado y un insustituible compañero de cancha racinguista.”
El cineasta Juan José Campanella señaló a través de Twitter que “Sergio Renán brilló, cayó, se alzó de nuevo y volvió a brillar. Incansable, luchador, talentoso y gran HOMBRE”.
Mientras que el coreógrafo Ricky Pashkus expresó: “Los árboles mueren de pie, decía Casona. Sergio Renán se fue caminando. Admiración al gran artista.”
Víctor Laplace, quien protagonizó su film Gracias por el fuego, recordó al creador como “alguien que dejó un bagaje enorme de cosas que quedan, pero igual se lo va a extrañar”.
Para el actor Osvaldo Santoro se fue “un talentoso. Un fanático de Racing, actor y director, pero sobre todo un amigo.” En tanto, Graciela Alfano lo describió como “talentoso regisseur. Artista profundo. Leal racinguista y maravilloso vecino.”
Por Twitter también se expresaron la actriz Georgina Barbarossa quien escribió: “Que tristeza. Un hombre genial, humilde y maravilloso. Hasta pronto queridísimo”, y el conductor y musicalizador Bobby Flores. “Se despertó de este sueño que es la vida Sergio Renán. Hoy soy más huérfano que ayer. Te quise mucho Sergio, hacia mucho que no lloraba”, escribió.
El escritor Jorge Asís expresó “dolor y congoja por la partida de Sergio Renán. Actor de culto, lector inagotable y mejor amigo. Maestro Eterno”, y el ensayista Guillermo Jaim Etcheverry, agregó: “La muerte de Sergio Renán entristece a la cultura argentina y a quienes tuvimos el privilegio de disfrutar su cálida amistad.”
Jorge Telerman, titular del Instituto Cultural de la provincia de Buenos Aires, resaltó al realizador como a un “creativo genial, gran artista y dandy insuperable. Buen amigo y compañero en su magnífica vuelta al Teatro Colón” y el diputado Ricardo Alfonsín sostuvo: “Sergio Renán fue el autor de muchas de las grandes páginas de nuestro arte y nos lega una obra que lo trasciende.”
Hernán Lombardi, secretario de Cultura porteño sostuvo: “Sergio Renán fue un hombre que engrandeció a su tiempo. Talento, generosidad, siempre con proyectos de enorme calidad y sensibilidad.”

Renán: El dandy melancólico

Por Gustavo. J. Castagna (*)

Sergio Renán fue un actor de los buenos y, como Manuel Antín y Torre Nilsson, un cineasta de nueve largometrajes obsesionado por la transposición literaria. También uno de los nuevos rostros de la Generación del ’60, aquella renovación formal y de producción que duró poco tiempo, a través del autodestructivo Johnny de El perseguidor (1964, de Osías Wilenski) y como uno de los novios de la cruel Delia en Circe (1963, Antín), en ambos casos sobre la obra de Cortázar. Pero, desde la actuación, “El rufián melancólico” de Los siete locos (1972, Nilsson) sería su personaje más recordado. En esos años 70 en que el cine argentino arrasaba en la taquilla, La tregua fundaría el film de oficina de cariz naturalista, explorando en la tristeza y el paso del tiempo, entremezclando las bromas sobre el Prode con la noticia sobre la homosexualidad de uno de los hijos del personaje de Héctor Alterio. Derrotada por la invencible Amarcord de Fellini en la entrega del Oscar, dos años después y en plena dictadura, Renán adaptó a Haroldo Conti en Crecer de golpe (1977) duplicando el realismo del Benedetti de oficina por medio del empleo de metáforas algo redundantes. Ya en una zona oscura pero real y palpable, el director describiría en La fiesta de todos (1979) la celebración de Mundial del horror. Carga muy pesada que Renán intentó olvidar más de una vez y que dejaría lugar a Sentimental (1980) sobre Geno Díaz, tal vez su mejor film, donde el policial como género se fusionaba a una frustrada y dolorosa amistad masculina. Volvería a Benedetti con Gracias por el fuego (1983), bucearía en la repetición del tiempo según Bioy Casares con El sueño de los héroes (1997) y escarbaría en el lumpenaje más primitivo y guarango con Tacos altos (1985) de Bernardo Kordon. Mezcla de dandy al estilo Scott Fitzgerald con poeta del arrabal a lo Evaristo Carriego, en el final de Sentimental, metido en la piel del periodista José Solari, Renán revela definitivamente el secreto de sus ojos.

(*) Crítico de Tiempo.

Un luchador, amante del cine, el teatro y las letras

El cineasta y director en abril de este año, cuando celebrara la restauración de La Tregua a 40 años de su estreno. Pese a su delicado estado de salud, seguía trabajando y soñaba con dirigir un film musical – Foto: maximiliano luna

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