Contra el miedo a vivir – 16.06.2015 – lanacion.com

Martes 16 de junio de 2015 | Publicado en edición impresa
Ópera
Contra el miedo a vivir
Luca Francesconi deconstruye su ópera Quartett, una visión apocalíptica de Las relaciones peligrosas, que hoy se estrenará en el Colón, con puesta de La Fura dels Baus
Por Pablo Gianera | LA NACION
Para ser un italiano del norte, Luca Francesconi, que nació en Milán, es bastante expansivo. Eso resulta en este caso una ventaja, porque no se guarda nada y le interesan todos los temas. Pero mientras caminamos por los pasillos vacíos del Teatro Colón -en la sala principal hay prueba de sonido y en los camarines se filtran los ruidos de la campaña política que vienen de la calle- se impone Quartett, la ópera que estrenará hoy en Buenos Aires, con puesta de Alex Ollé para la Fura dels Baus en una producción del Teatro alla Scala de Milán.

«Esta ópera no es sólo una metáfora de lo que nos pasa a nosotros, sino también de lo que nos pasa a nosotros en el teatro -dice-. La gente que va al teatro se siente segura: saca la entrada, mira y se va a su casa a tomar una copa de vino. ¿Pero qué pasa si los espectadores descubren de pronto que esos personajes desagradables que ven en el escenario se parecen ellos?»

Esos personajes desagradables son los de Las relaciones peligrosas, la novela de Pierre Choderlos de Laclos aunque la ópera de Francesconi toma en realidad como punto de partida la versión que Heiner Müller hizo de ella, en 1981. Quartett. Nach Laclos, según el título de Müller, introduce una perspectiva bastante diferente. Conserva en principio algunos elementos de que mueven la acción en la novela epistolar de Choderlos de Laclos, pero el «nach Laclos» (según Laclos) del subtítulo no se refiere sólo a una reescritura realizada dos siglos más tarde. Hay que recordar que en la pieza de Müller, junto al listado de personajes, figura la siguiente indicación de tiempo y lugar: «Salón de la Revolución Francesa/Búnker después de la Tercera Guerra Mundial». Para decirlo de otra manera: de este lado, la sociedad burguesa y, más allá de ella, el momento de su extinción.

Escrita en 2011 para La Scala, Quartett aprovecha todos los recursos de una gran sala, y en ese sentido el Colón es un espacio ideal para la obra. «Es como un objeto sólido que depara un viaje -explica Francesconi-. La prueba fue que los fanáticos del loggione en la Scala estaban conmovidos y la vieron varias veces. Se perdieron en la acción y se olvidaron si era música contemporánea, si era fea o si era disonante.»

¿Pero qué estuvo primero en la imaginación de Francesconi, Müller o Laclos? «Heiner Müller, sin duda. Es un artista profundo y muy interesante. Creo que es el mayor dramaturgo del siglo XX después de Brecht. Tiene algo que trasciende su condición de alemán, y ésa es una de las razones por las que para la Scala decidí trabajar con la Fura, para evitar ese lugar común de que Müller es sólo uno de los exponentes del posexpresionismo alemán. Es un de los pocos que escribe teatro en serio. Su dimensión es shakesperiana. Y yo era fanático de su trabajo ya antes de decidir hacer Quartett. Y después, con Barbara Hannigan, hice en el Ircam una versión bastante experimental con un solo personaje, sin escenografía, y sólo con sensores en la ropa que disparaban juegos de luces.»

Sigue la caminata y nos topamos con el busto de Beethoven de Antonio Sassone que está al lado de la entrada de la calle Libertad. La mujer de Francesconi le saca allí una foto con el celular. Cuando se entera que también su compatriota Salvatore Sciarrino tiene una foto con ese mismo busto parece decepcionado. «Sciarrino está en todas partes? Me gustan algunas de las primeras cosas que hizo y también los materiales que utiliza. Pero para mí es un poco como «música conceptual», y eso no me interesa especialmente.»

-¿Cómo se piensa a usted mismo en el panorama de la música europea, no solamente italiana?

-Confío todavía en el poder de la música. Me aburren todas esas ideas de que la música terminó y que sólo nos queda el concepto, esas ideas que están otra vez de moda en Alemania y que son una muestra de impotencia. ¡Ustedes dicen que terminó! ¡Yo estoy vivo! ¡No soy un cadáver! El que crea que lo es, bueno, que haga una Totentanz, algo muy alemán. Lo que me preocupa es que esta decadencia, que es la decadencia de un imperio, parece arrastrar consigo a todo el planeta.

-Muchos dicen sin embargo que su música es «difícil», sea lo que sea que quieran decir con eso.

-No es deliberado. Trato de preservar la organización, que es la legalidad de mi cultura, pero no lo hago por la legalidad misma. Lo hago porque hay herramientas muy útiles en esa cultura musical. Pero la diferencia entre nuestra cultura y otras culturas, por ejemplo la africana, es que nosotros perdimos muchísimas cosas: la espontaneidad, la conexión con la naturaleza, la conexión con Dios, la conexión con el cuerpo, cosas que hacen que el individuo se sienta parte de una unidad. Nosotros cortamos ese cordón umbilical para poder racionalizar, en un racionalismo cínico. Yo no me siento impotente frente a los problemas de esta época. Cuando era estudiante y un compositor todavía joven, me esforcé para entender cuál era mejor lenguaje para enfrentar la complejidad que nos rodea. Uno no puede ser inmune a la realidad y refugiarse en una torre de marfil.

-En cuanto a Quartett, tal vez no la música, pero la trama en todo caso es cínica, decadente ¿Por qué se interesó en ella?

-Mi posición es crítica en el siguiente sentido: de acuerdo, esto es lo que hacen dos aristócratas de la Francia anterior a la Revolución, pero la cuestión es que ahora esa conducta se expandió a la masa de la civilización occidental. Ésa es mi provocación. Estamos dominados por el temor a vivir. El miedo es el verdadero enemigo. Y para protegernos nos aislamos en pequeñas celdas. Cerramos la puerta con llave y creemos que estamos seguros. Pero el suelo debajo de nuestros pies se abre. Somos como mosaicos que ignoran su lugar en el diseño general. Es lo que les pasa a los personajes. En mi próxima ópera voy a tratar este mismo problema, pero al nivel de toda la sociedad, a partir de dos textos de Balzac, Splendeur et misère des courtisanes y partes de Illusions perdues. En pocas palabras: dinero y sexo. Uno hace cosas mecánicamente sin saber cuál es su función en el diseño global, si es que este diseño existe.ß

Quartett

Ópera de Luca Francesconi, con dirección musical, Brad Lubman y dirección de escena de Álex Ollé. Elenco: Allison Cook (marquesa de Merteuil) y Robin Adams (vizconde de Valmont).

Hoy, y el viernes, a las 20, y el domingo 21, a las 17.

Teatro Colón, Libertad 621..


Una escena de la impactante puesta de Alex Ollé, pensada originalmente para La Scala de Millán. Foto: Arnaldo Corombaroli / Teatro Colón

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