El sucesor de Julio Bocca es ucraniano y quería jugar en San Lorenzo

Clarin.com | Viva | 21/06/15
El sucesor de Julio Bocca es ucraniano y quería jugar en San Lorenzo
Personaje.Nicolai Gorodiskii tiene 19 años y se formó en el Colón. Es ucraniano nacionalizado argentino y hoy brilla en el mundo de la danza.
Nicolai Gorodiskii  tiene diecinueve años, una tenacidad feroz  y todas las aptitudes para avanzar en ese camino nada sencillo que eligió desde la infancia. Es bailarín de ballet, se formó en el Instituto del Colón, tuvo becas para estudiar en el exterior cuando era apenas un adolescente, actuó profesionalmente en Austria y en Croacia, ganó varios premios, volvió a la Argentina e ingresó al cuerpo de baile del Teatro Colón. Hace pocos meses se lanzó nuevamente y con todo éxito a una carrera internacional.

Es natural la comparación con sus colegas Julio Bocca y Maximiliano Guerra. No sólo por las grandes condiciones técnicas e interpretativas que ya se perciben en él, sino también por el reconocimiento temprano que ha ganado en una profesión tradicionalmente femenina. Hay que recordar que durante mucho tiempo los bailarines eran sobre todo partenaires que se ocupaban de levantar a sus compañeras, de transportarlas por el aire y de hacerlas girar. El siglo XX asistió a un cambio en este paisaje: primero con Vaslav Nijinsky y más tarde con Rudolf Nureyev y Mijail Barishnikov, entre muchos otros.  Pero es sólo en los últimos tiempos que una legión de bailarines varones en todo el mundo comenzó a instalarse con peso propio en las categorías estelares del ballet.

Nicolai está, seguramente, ingresando a esa categoría estelar. Vive ahora en Nueva York con su novia Ana Sophia Scheller -argentina y primera bailarina del New York City Ballet-, y está a punto de ingresar al Pennsylvania Ballet, invitado especialmente como bailarín solista por el flamante director, y ex estrella del American Ballet Theatre, Angel Corella.  
Pero hablemos ahora de su historia personal, no muy extensa desde luego, pero sí muy singular.  Nicolai nació en Ucrania y llegó a la Argentina con sus padres y su hermana cuando tenía poco más de un año. Cuenta así los motivos de ese desarraigo familiar: “Ucrania estaba muy contaminada. Cinco años antes de que yo naciera, había ocurrido el accidente nuclear de Chernobyl. Durante varios años compartimos la misma habitación con varias familias en una iglesia ortodoxa rusa del barrio de Floresta. Como había un solo baño, mis padres me bañaban en un balde de pintura vacío”. 

¿Por qué eligieron la Argentina?
Ucrania había tenido siempre problemas de visa con otros países. Pero durante el gobierno de Carlos Menem se había hecho un acuerdo que hacía fácil el ingreso de inmigrantes ucranianos: supuestamente se les daba dinero para establecerse, una casa y trabajo. 

Pero no recibieron nada…
No. Para nada. Para viajar vendieron todo. Mi padre era pediatra y jefe de un servicio en un hospital importante, trabajaba muy bien allá. Pero ni él ni mi madre -que trabajaba en terapias de rehabilitación- pudieron hacer la reválida aquí porque no hablaban una palabra en español. Tuvieron que trabajar durante mucho tiempo en lo que podían.  Por eso, los admiro muchísimo.

¿Cuándo y por qué comenzaste con la danza?
Desde muy chiquito era hiperactivo y mis padres me mandaban a todo tipo de deportes:  futbol, básquet, tenis, natación. El fútbol era mi deporte favorito y creo que era un gran jugador. Un día estaba saliendo para la escuela mientras mi mamá atendía a una bailarina del Colón, que me vio pasar y comentó “Qué físico lindo tiene este chico para el ballet; ahora se abren las pruebas para ingresar al Instituto del Colón y podría presentarse”. Y mi mamá preguntó: “¿Qué? ¿Ballet?”. Creo que mi hijo no debe saber qué significa. A él le gusta jugar al fútbol”. De todos modos, me preguntó: “¿Te gustaría probar?”. Y le dije que sí.

¿Por qué?
No sé, creo que sobre todo porque soy muy curioso. Me interesa todo.  Pero en este caso no tenía la menor idea. Los exámenes eran tres: el primero, físico: ése lo pasé. El segundo, sobre las condiciones de flexibilidad, apertura, musicalidad, etc. Lo pasé. Sobre el tercero, que era más bailado, no sabía nada. La maestra mostraba y yo entendía de qué se trataba. Ese mismo día tenía un partido de fútbol con el que esperaba entrar a las divisiones inferiores del equipo de San Lorenzo. Estaba apurado, así que salí antes del Colón y le pedí a la preceptora mi documento. Mi mamá me dijo: “Nicolai, olvidate del ballet, te fuiste antes. Nunca vas a entrar al Instituto del Colón”. Me fui para San Lorenzo. ¿Sabe? Juego muy bien al fútbol: soy delantero y siempre hice goles. Pero ese día no sé qué me ocurrió: jugué pésimo. Por supuesto que no me tomaron. Al volver de la prueba, mi mamá me dijo: “Ya está, terminado: ni ballet ni fútbol”. Pero dos semanas después, nos llamaron desde el Instituto del Colón para decirnos que había ingresado.

¿Te gustó desde el principio?
No mucho, pero cuatro meses después de comenzar las clases de ballet vi bailar a Julio Bocca El lago de los cisnes en el Luna con una bailarina del Royal Ballet. En ese momento me dije: “Quiero hacer esto, quiero ser así”. Y decidí que haría todo para la danza.

¿Nunca sentiste que la disciplina del ballet se te hacía dura o pesada?
Nunca.La disciplina se la impone uno mismo.

¿Cuánto tiempo perteneciste al Ballet del Colón?
Sólo cinco meses, en 2014. Venía de ganar la tercera medalla del concurso internacional de ballet en Varna, una ciudad de Bulgaria. Es uno de los concursos más importantes del mundo. Cuando volví a Buenos Aires hice unas pocas funciones: una, en una gala de estrellas en el Teatro Coliseo, y además dos participaciones en ballets en el Colón.

Nada que te resultara estimulante para permanecer aquí.
Bailar en el Teatro Colón es maravilloso, para mí es como un templo, como una iglesia. Pero en aquellos cinco meses salí apenas diez veces al escenario, mientras que en Europa había hecho veinticinco funciones en un solo mes. Soy joven, quiero ensayar, trabajar día y noche. No puedo darme el lujo de quedarme sentado.

Respecto del Concurso de Varna, ¿te pareció que merecías algo más que la tercera medalla?
Actualmente, en los concursos de ballet suelen ganar los bailarines asiáticos. El primer lugar fue para un bailarín chino y el segundo para un coreano. Son perfectos técnicamente, pero desde mi punto de vista no poseen demasiada emoción.Evidentemente a los jurados les fascina esa excelencia técnica. Pero había varios jueces asiáticos… Son cosas políticas.

Trabajaste como bailarín en Europa desde muy joven, ¿no es cierto?
A los 15 años me fui de mi casa y terminé viviendo solo en Europa. Me habían dado una beca de tres años en la Escuela de Ballet de la Opera de Viena. Durante cinco meses estuve en el propio Ballet de Viena y luego me contrataron en el Ballet de la Opera Nacional de Croacia. Bailé muchos roles allí.

Ahora estás a punto de entrar a una compañía estadounidense, ¿esa era tu meta?
En una primera etapa, sí. Pero mi ambición es el Royal Ballet de Londres.

¿Londres? ¿Por qué?
El American Ballet Theatre –al que pertenecieron Paloma Herrera y Julio Bocca– es una compañía muy importante, pero que trabaja relativamente poco, con muchos períodos cortos de vacaciones y demasiadas interrupciones. El Royal Ballet tiene una continuidad y una disciplina que me gustan enormemente. Y también me atrae mucho más el pensamiento europeo respecto del ballet.

¿Cómo lo definirías?
Es más artístico. En los Estados Unidos el ballet es más show.

¿En qué sentido?
Aquí hay grandes figuras de la danza, pero parece que es más importante cuántas piruetas hacen o cuán alto saltan. No importa tanto la interpretación, el concepto del papel, del personaje. En Europa hay una actitud más artística, más fiel a lo que significa el género del ballet.

¿Cómo es tu vida en Nueva York?
Exactamente en este momento estoy esperando la visa de trabajo. Los abogados del Teatro de Pennsylvania están ocupándose de tramitar una visa muy seria para mí. Cuando uno es un artista extranjero hay que demostrar muchas cosas, trabajos previos, premios… Tomo clases en un estudio de ballet que está abierto de lunes a domingo, y por otro lado en un mes y medio tengo dos galas importantes en Rusia e Italia para las que me estoy preparando. Nos invitaron a participar de la Gala Nureyev en Rusia, con mi novia, que es un encuentro muy importante. Llevaremos los pas de deux de Don Quijote y de El Corsario.

¿Y qué te gusta hacer además de bailar?
Muchas cosas: caminar por las ciudades, salir a pasear con el perro. No puedo quedarme en casa. Cuando vivía en Europa conocía las ciudades a fuerza de caminar. También me gusta el billar. Pero sobre todo, y creo que es lo mismo que le ocurre  a la mayoría de los bailarines, lo que más me gusta es dormir. Nunca tenemos realmente tiempo para eso: a la noche terminamos tarde una función y a las 8.30 de la mañana siguiente hay que estar tomando la clase diaria. El domingo es un día que hay que aprovechar para dormir.

También fuiste un buen jugador de ajedrez, ¿no es cierto?
Sí. Me encantaba. Empezó así: tenía nueve o diez años y mi padre quiso enseñarme a jugar. Después de un mes, empecé a derrotarlo. A partir de ese momento, o desde que no pudo ganarme más, dejó de jugar conmigo. Pero en mi colegio primario una maestra había organizado un taller de ajedrez y me anoté. Jugué mucho, gané en varios torneos, pero cuando empecé con el ballet tuve que dejar todo. No me alcanzaba el tiempo.

A fines del año pasado, Julio Bocca, que está dirigiendo el Ballet del SODRE de Montevideo, te invitó a que tomaras una clase con la compañía, algo habitual para un director cuando tiene la perspectiva de contratar a un bailarín, pero no te presentaste. ¿Por qué?
Sí, es verdad. Tanto Julio Bocca como Mijaíl Baryshnikov son los bailarines que más admiro, y sé que hubiera aprendido muchísimo trabajando con Julio. Pero mi novia está instalada en Nueva York y yo quería conseguir algo cerca de ella. Afortunadamente lo conseguí

¿Algún rol que ambiciones bailar?
Hasta ahora hice sobre todo papeles solistas y recién ahora estoy incursionando más profundamente en los pas de deux. Mi rol favorito es el del duque Albrecht del ballet Giselle, pero creo que es necesario que tenga algunos años más para interpretarlo. Además de haber madurado bastante más. Y también haber sufrido.

Naciste en Ucrania, pero llegaste aquí muy pequeño y te nacionalizaste argentino. ¿Te parece que hay algo de tus orígenes eslavos que te llevó a inclinarte por el ballet?
Dicen que bailo con mucha energía, y creo que eso se lo debo a una mezcla de mi sangre ucraniana con mi corazón latino. Soy esa mezcla y me gusta.

"Cuando vi bailar a Julio Bocca dije: 'Quiero hacer esto, quiero ser así'", cuenta el bailarín. / Adriana Groisman

“Cuando vi bailar a Julio Bocca dije: ‘Quiero hacer esto, quiero ser así'”, cuenta el bailarín. / Adriana Groisman

El sucesor de Julio Bocca es ucraniano y quería jugar en San Lorenzo

Un comentario en “El sucesor de Julio Bocca es ucraniano y quería jugar en San Lorenzo

  1. ¿Cómo sólo estuvo 5 meses contratado en el Teatro Colón, en el 2014? ¿Y esta Gala donde dice que pertenece al Ballet del Colón, en mayo 2015? “Kazan, Russia. 28th May, 2015. Dancers Sophia Scheller of the New York City Ballet and Nikolai Gorodisky of the Colon Theatre, Argentina, perform in a scene from Le Corsaire ballet during a gala concert of the 28th Rudolf Nureyev International Festival of Classical Ballet” http://www.alamy.com/stock-photo-kazan-russia-28th-may-2015-dancers-sophia-scheller-of-the-new-york-83162482.html

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