Mecenazgo. Balance de seis años de una ley – 27.09.2015 – LA NACION

Mecenazgo. Balance de seis años de una ley
Mientras se celebra que el sector privado financie proyectos culturales en la ciudad de Buenos Aires, se pide un acceso más simple a debutantes y “minimecenas”

Karina Wroblewski – PARA LA NACION
Domingo 27 de septiembre de 2015

Literatura. Teatro. Danza. Artes visuales. Circo. Patrimonio cultural. Música popular o académica. Publicación de revistas. Edición de libros. Cine. Arte digital. Artesanías. Radio. Televisión. Sitios de Internet. Cientos de proyectos culturales se concretaron en los últimos seis años gracias a la ley 2264 de la Ciudad de Buenos Aires, conocida como ley de mecenazgo. Esta legislación, pionera en el país, habilitó a artistas o instituciones que desarrollan actividades culturales sin fines de lucro a buscar financiamiento de empresas o contribuyentes menores y que éstos desgraven impuestos.

Hoy, artistas y representantes del campo artístico e intelectual, fundaciones, empresas y políticos coinciden en su valor e impulsan que exista una legislación similar a nivel nacional, una idea que, por ahora, viene naufragando en proyectos que lograron media sanción en el Congreso y finalmente cayeron, en gran medida porque es habitual que la política cultural quede fuera de la agenda legislativa y además, porque son normas que requieren el respaldo del área económica del gobierno, ya que parte de la recaudación fiscal no ingresaría en las arcas del Estado.

Si bien la ciudad de Buenos Aires también tuvo que enfrentar esos contratiempos, lo hizo con mejor suerte. En 2007 la ley fue aprobada, aplicada dos años después, y en la actualidad tiene aval unánime. Sin embargo, también existen críticas acerca de la distancia que debería existir entre Estado y empresas, la adecuación del sistema para ampliar la plataforma de contribuyentes que puedan aportar a estos proyectos, y el modo de ampliar los potenciales beneficiarios del sistema, de modo de no limitarlo a grupos con trayectoria y grandes empresas.

A Hernán Lombardi, ministro de Cultura porteño, quien durante su gestión tuvo la tarea de implementar el sistema, se lo nota entusiasmado: “Es contundente la cantidad de proyectos que se pudieron financiar. Es una ley sin antecedentes porque es un incentivo participativo que vincula al Estado con los sectores de la cultura y el sector privado pero que, al mismo tiempo, es complementario de las políticas públicas de la ciudad. Esta experiencia da la pauta de la necesidad de implementar una ley a nivel nacional”. La cantidad de proyectos presentados desde 2009 aumentó de modo sostenido. Según datos del Ministerio de Cultura de la Ciudad, el primer año fueron 342 los postulantes y 174 los aprobados; en 2014 de 563 interesados, 411 pudieron salir a buscar quién los acompañe. En cuanto al monto financiado, el año pasado los aportes de mecenas a diferentes proyectos alcanzaron los 155 millones de pesos.

El mecanismo propuesto por la ley es, en un aspecto, sencillo: los proyectos son evaluados por un Consejo de Promoción Cultural en la órbita del Ministerio de Cultura porteño, que tiene seis miembros permanentes, tres elegidos por el Ejecutivo y otros tres por la Comisión de Cultura de la Legislatura, más tres miembros alternos por cada rama del arte. Una vez aprobadas las presentaciones, con el sello de la ley, los propios interesados deben encontrar sus mecenas, empresas grandes o pequeños contribuyentes que desgravan un porcentaje de pago de los ingresos brutos por sus aportes.

Como legisladora porteña, Teresa de Anchorena fue una de las impulsoras del mecenazgo y hoy sostiene que “el espíritu que animó su creación sigue siendo el mismo: la necesidad de conjugar esfuerzos públicos y privados para hacer realidad proyectos culturales que se gestan en la ciudad. Hay que agilizar los mecanismos que permitan la participación de más empresas medianas y chicas. Y creo que es una asignatura pendiente que exista una ley de mecenazgo nacional”.

¿Siempre los mismos?

La variedad de beneficiarios en estos años es amplia. Sólo algunos: el catálogo del Mamba, la restauración de la basílica María Auxiliadora, el programa de formación de Juventus Lyrica, el concurso internacional de violín de la Asociación Amijai, un espectáculo sobre el mundo de la radio en el Centro Cultural La Nube, residencias para artistas, una biblioteca en la villa 21-24 y la digitalización de los archivos del Teatro Colón.

Maximiliano Ferraro, legislador por la Coalición Cívica, resume una crítica que resuena: “La ley es muy buena pero vemos que siempre logran financiamiento los mismos. No hay ayuda a los que recién comienzan. Hay que ampliar esa base para que nuevos artistas o grupos tengan oportunidades”.

Adhemar Bianchi, director del Grupo de Teatro Catalinas Sur, organización autogestionada que involucra a los vecinos del barrio de Barracas en obras de gran envergadura y puesta, dice que “la ley de mecenazgo está muy bien, pero pasan dos cosas. Por un lado, no puede ser que el Estado desligue en mecenazgo acciones que debieran serle propias, porque se corre el riesgo de dejar en manos de las empresas el rol de elegir ciertas acciones culturales. Por otro, para el Grupo Catalinas, con años de trayectoria y currículum, esta ley funciona a la perfección. Pero para grupos que quieren empezar no funciona tan bien, porque es complejo acceder a los recursos de las empresas. Las fundaciones grandes tienen contadores y una estructura, pero en un comercio del barrio no entienden de qué estás hablando”.

La posibilidad de que surjan minimecenas, monotributistas o comerciantes es uno de los aspectos más audaces de la ley pero casi no ha tenido eco. Hasta ahora, la mayoría de los proyectos que pudieron juntar dinero lo hicieron con aportes de empresas grandes. Los motivos son varios, muchos destacan la falta de información y el hecho de que los aportes tienen estrecha relación con el monto que se requiere para financiar un proyecto: si una muestra multimedial o un film necesitan un mínimo de 100.000 pesos, la empresa tiene que haber facturado millones, ya que lo que pueden destinar hoy es el 10 por ciento de lo que aportan por ingresos brutos (hasta el año pasado sólo se podía destinar el 2 por ciento).

Pablo Braun, dueño de la librería Eterna Cadencia y presidente de la Fundación Filba, asegura que “la ley de mecenazgo ha sido clave para poder hacer Filba Internacional. Como muchos pedidos de subsidio, la primera vez es un poco engorroso porque tiene una burocracia lógica, pero una vez que le agarramos la mano, va muy bien. Después, hay que conseguir la plata, algo que a veces es difícil, ya que no todas las empresas se entusiasman. Desde hace un par de años nos apoya el Banco Itaú y entonces no tenemos necesidad de tocar la puerta de muchas empresas para poder financiarnos”.

Américo Castilla, actual presidente de la Fundación Typa e integrante del primer jurado, dice: “Mecenazgo es una necesidad. Este año se ha subido la alícuota de aportes del 2 al 10%, aunque creo que no se ha difundido lo suficiente entre las empresas. Además, es necesario demostrar que no es complejo y pelear contra las renuencias de los contadores a sumar nuevos rubros. El sistema funciona. Permite hacer alianzas entre empresas. Y la cultura sin alianzas no funciona”. Mediante mecenazgo, Typa está llevando adelante un taller de traducción para promocionar en el exterior a escritores argentinos y este mes organizó un encuentro de profesionales de museos de América.

Juan Manuel Beati, que trabaja en temas vinculados a la ley desde los comienzos y hoy preside el Consejo, hace un balance: “Desde la gestión dividimos la cultura en tres sectores: público, comercial e independiente, un sector sin una fuente de financiamiento muy clara. La ley fortalece a este sector porque genera un vínculo con las empresas”. ¿Qué se podría mejorar? “Quizás, involucrar más a las empresas, aunque un contacto exagerado con ellas puede generar sospechas. Por eso creo que esa distancia es sana y prudente”.

Instalado como herramienta para la cultura, el mecenazgo tiene margen para ampliar la plataforma de proyectos y lograr alianzas con el sector privado sin reemplazar las políticas públicas. Como señalan protagonistas e interesados, una ley nacional podría además incentivar manifestaciones culturales propias de cada provincia.

LA NACION | IdeasPensamiento

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