Un director a dos puntas

Clarin.com | Extra Show | Teatro | 28/09/15
Un director a dos puntas
Maximiliano Guerra.
Está al frente del Ballet del Colón y maneja su Ballet del Mercosur. Algunos le cuestionan su doble rol. El contesta.

Frase. “No me preocupa lo que pueda pensar la gente“, dice Guerra sobre los que cuestionan el tiempo que le dedica al Colón. Néstor García

Frase. “No me preocupa lo que pueda pensar la gente“, dice Guerra sobre los que cuestionan el tiempo que le dedica al Colón. Néstor García

Laura Falcoff

En febrero pasado, Maximiliano Guerra asumió el rol de director del Ballet del Colón, un cargo indudablemente de enorme responsabilidad: por la tradición de esta importante compañía, por su compleja realidad y por las crisis ya crónicas que atraviesa desde hace tiempo. Al asumir este cargo, Guerra no dejó de lado su propio conjunto privado, el Ballet del Mercosur, con el que estrena formalmente en estos días Quereme así…, creado junto con Patricia Baca Urquiza, su esposa y colaboradora, y con quien participó de Showmatch en 2014. Alrededor de estos tópicos gira la entrevista con Guerra, en la que Baca está presente. El disparador es el Quereme así… de los dos.

Comienza Guerra: “La idea inicial fue de Pato (se refiere a ella) y el comienzo fue una semillita muy pequeña; ella quería desde hace tiempo que yo bailara Balada para un loco; por otra parte mi hija regresaba de Nueva York, donde había estudiado comedia musical y estaba buscando trabajo. Reuniendo estas cosas, la idea fue creciendo y terminamos en esto: una obra teatral con danza y música en vivo, los 18 bailarines del Ballet del Mercosur, el quinteto Tangoloco y un actor. Tenemos además el honor de que Lulú Ferrer sea la narradora.

¿Es un homenaje a Horacio Ferrer?

Al principio iba a ser un homenaje, pero un homenaje común. A partir de una reunión que tuvimos con Lulú, su viuda, cambió el rumbo. Este homenaje es el relato de una historia de amor.

Baca: Entendimos que lo mejor era homenajear ese amor, cómo se conocieron, cómo se llevaban en las giras, y sobre todo el amor de la adultez y cuando el compañero ya no está.

¿Cómo es la historia?

Guerra: El actor Luciano Crispi representa al personaje de un escritor bloqueado, que busca historias de amor para hacer una novela y llama a Lulú Ferer para que le cuente una de estas historias y así comienza a darse cuenta de que lo que necesita es enamorarse él mismo. La dirección es de Walter Cammertoni y Gustavo Cabaña. Hay números de distintos coreógrafos, incluido uno mío.

¿Cómo fue tu experiencia en televisión? Me refiero a “Showmatch” y a “Talento argentino”.

Guerra: Por un lado, negativa: durante los cuatro meses del Bailando… básicamente no pudimos disfrutar; nos sentíamos incómodos porque no podíamos hacer lo que sabemos; es decir, bailar con una preparación y una búsqueda artística determinada. Me costó mucho acostumbrarme, y cuando empecé a pasarla bien, cuando empecé a encontrarle la vuelta, nos eliminaron. Está bien, está perfecto: habíamos dejado de ser funcionales al show. Lo positivo fue que gente que no va al teatro nos conoció bailando y nos agradeció. Fue muy divertido lo que ocurrió en las redes sociales, con gente agresiva que nos decía cosas horribles, otros que decían cosas maravillosas y todos se peleaban entre sí.

Baca: No soy bailarina del Colón ni fue mi objetivo nunca: pero tengo ganas de bailar, dirigir y hacer cosas. Al menos la gente sabe ahora cómo me llamo y para mí fue un gran trampolín que me llevó a dar cursos en todo el país. Es un programa muy popular.

¿Eso es lo que los llevó a aceptar la invitación de “ShowMatch”?

Guerra: No para mí; y para ella, tampoco. Somos muy conocidos en el ambiente teatral y, si querés, popular, pero la gente que no va al teatro no tiene la oportunidad de vernos. Marcelo Tinelli me buscó durante seis o siete años para su programa. Creo que trató de cambiar algo de Showmatch llamando a otro tipo de bailarines. Pero quizás el rating no era suficiente, no lo sé. Y en cuanto a Talento argentino es una pena que no se haga más porque beneficiaba a tanta gente a la que no le es fácil llegar a Buenos Aires. Y fue muy divertido que cada uno de nosotros, los jurados, tuviera características distintas entre sí.

Pasemos a tu trabajo en el Teatro Colón. ¿Qué podrías decir de estos casi 8 meses de gestión?

Guerra: Que estoy aprendiendo mucho. Es un lugar que conocía; algunas cosas siguen iguales, lo que me beneficia porque las conozco, y también hay cosas nuevas. Es una compañía oficial, un lugar artístico con muchas posibilidades y muy distinto al conjunto que yo tengo, que tenemos con Patricia, independiente, privado o como quieras llamarlo. Este es un año de transición en lo político, y también en la estructura propia del Teatro. Estamos armando un nuevo camino para el Colón. Veo muy bien a la compañía, muy cómoda en lo que está haciendo. Pero, como dije ya otras veces, esta temporada no la planifiqué yo, mi temporada realmente va a ser la de 2016.

Seguramente te llegaron los comentarios, tanto de afuera como de adentro del Colón, que tenés una escasa presencia en la compañía. En otras palabras, que vas muy poco al Teatro.

Guerra: No es cierto. Ocurre que al principio iba mucho a la sala de ensayo y ahora estoy más tiempo en la oficina, contestando llamados, firmando contratos, haciendo reuniones. Y, por otra parte, cuando Darío Lopérfido -actual director general- me ofreció la dirección del Ballet le dije: “Quiero continuar bailando, así que no podré dedicarme al Ballet del Colón en tiempo completo”. Por eso armé el equipo que armé, con Miriam Barroso, Adriana Alventosa, Leandro Regueiro como maestro…

La hermana de tu esposa como asistente de producción…

Guerra: La hermana de Patricia es la persona que yo formé como asistente de producción y que maneja las cuestiones de mails, papelerío y demás. Y está también Dolores Gallicchio, a cargo de las relaciones públicas e internacionales. El equipo está armado y se encarga de que todo suceda. Yo hago lo que puedo en las condiciones que dije que iba a estar.

¿No te parece incompatible con el hecho de estar al frente de tu propio conjunto?

Guerra: No. ¿Por qué sería incompatible?

Por el tiempo que te demanda tu actividad privada.

Guerra: Ensayo en el Colón hasta las tres de la tarde y de aquí me voy al teatro Coliseo. No es que no estoy, ni que no voy a estar. Por otra parte, te soy sincero, no me preocupa lo que pueda pensar la gente.

Del fútbol a la danza

Cambiar el botín por la zapatilla

La carrera de Maximiliano Guerra comenzó de la misma manera que la de otros innumerables bailarines: es decir, acompañando a su hermana a las clases de ballet. Fue así que abandonó el fútbol al que mucha pasión le había dedicado. Se formó con uno de los más grandes maestros que tuvo la Argentina, Wasil Tupin, y luego ingresó al Instituto de Arte del Teatro Colón. Se integró a su cuerpo estable en 1985 y también perteneció al Ballet del Teatro Argentino de La Plata y al de la Fundación Teresa Carreño, en Caracas, Venezuela.

Luego inició un recorrido focalizado en el exterior: formó parte de Los Angeles Ballet Company, del London Festival Ballet, del Ballet de la Deutsche Opera de Berlín y de la Scala de Milán. Recibió el Grand Prix en el Festival Internacional de Ballet de Trujillo (Perú) y la Medalla de Oro en la Competencia Internacional de Varna, Bulgaria. En 2012 asumió como director, coreógrafo y primer bailarín de la compañía de danzas Ballet del Mercosur. Ha colaborado con diferentes instituciones vinculadas a la salud y al bien público, como la Casa Cuna, entre otras.

Un cambio de programación

Las tres coreografías suyas para este año

La temporada de ballet de este año sufrió el cambio de títulos anunciados y Maximiliano Guerra hará las coreografías de las tres obras que completan la actividad del 2015, algo que no estaba previsto.

¿No puede verse como algo extraño que, asumiendo como director, montes coreografías tuyas por primera vez en el Colón?

Voy por orden. Por un lado se eliminó Ana Karenina porque era muy cara y fue una decisión mía. Para reemplazarla pensé en un Cascanueces, pero de la versión de Nureyev, que siempre tuvo el Ballet del Colón, se habían perdido los derechos y comprarlos nuevamente hubiera sido carísimo; me preguntaron si podía hacer yo mismo una versión de Cascanueces, dije que nunca lo había hecho, pero me interesaba. Respecto de Oneguin, descubrimos que el año pasado no se habían firmado los contratos. Los alemanes son muy estrictos y en esas condiciones no quisieron darnos los derechos. La pregunta fue, “¿Qué hacemos?”. Porque era la obra que Paloma Hererra había elegido para su despedida en el Colón. Entonces me reuní con ella y le propuse Giselle, pero ya la había hecho en 2014. Me dijo, “¿Por qué no Romeo y Julieta, de MacMillan, que nunca la bailé en Argentina?”. Llamo a la viuda de MacMillan, me dice que les gustaría, pero que no tenían gente para mandar como repositores. Y, además, el vestuario y la escenografía, que habían sido hechos en el Colón, se perdieron cuando el teatro estuvo cerrado. Seguimos buscando opciones y se me ocurrió, para salir rápidamente del paso, una versión de Romeo y Julieta que yo monté para el Ballet del Argentino de La Plata en 2009. También voy a hacer Giselle para una gira por el interior del país, pero es como la de Lidia Segni, con algunas reformas coreográficas.

Todas las funciones
Desde mañana, éste será el recorrido de Quereme así sobre el escenario: mañana, pasado mañana, 1, 2, 3, 7, 8, 9, 10, 13 y 14 de octubre. Siempre a las 20.30, en el Teatro Coliseo.

Un director a dos puntas

4 comentarios en “Un director a dos puntas

  1. Con esta lamentable frase este señor, bailarín consagrado o gran artista, lo que sea, queda definido: “No me preocupa lo que pueda pensar la gente“. Lo mismo dicen los peores políticos una vez elegidos y afiebrados porque ocupan lugares de decisión; el director del Colón, entre ellos, que retuvo su cargo en el FiBA y todavía esperamos su promesa de que la Temporada del Teatro Colón sería anunciada en julio, incumplimiento que nunca sintió la necesidad de aclarar. Tampoco sabemos si cobra dos sueldos o uno por su servicio a la Ciudad.Tal para cual. Decepcionante, ya que en épocas de Ovsejevich llevaba a mi pequeña hija a los abonos de Ópera y Ballet y vio a Guerra en Eugenio Onegin y le dije «éste, para mí, baila, pero también es un artista…Tal vez siga siéndolo, pero que pésimo ejemplo moral!

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  2. Nunca supimos por qué se fue Segni, una verdadera maestra. Y respecto a Guerra, es fácil, sólo hay que ver bailar a nuestro ballet, como bajó su nivel. Me apena, Gerra fue un enorme bailarín, debería preservar su nombre y no meterse en lo que no sabe ni quiere. Ahora se mete a coreógrafo, nada menos que en la despedida de Paloma…País generoso el nuestro!!

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  3. Lamentable. Muy lamentable. Pobres nuestro bailarines, realmente. No bailan, cuando lo hacen son pocas funciones, pésimas coreografías con este señor, y salarios miserables. Guerra, cuando decís «No me importa lo que diga la gente», ¿te referís a los bailarines? ¿La compañía del Teatro Colón? Porque no es TU compañía, pero merece todo el respeto del mundo.

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  4. Tambien esa frase me cayo muy mal. Para quien baila? se mira delante un espejo y baila solo? Una falta de respeto y una expresion que destruye todo lo que haga como artista. Talvez no haya sido bien interpretado algo que dijo que no fuera exactamente eso, porque es dificl creerlo que » no me importa la gente»? Que te importa Guerra?

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