Bella puesta, ópera mágica – 08.11.2015 – LA NACION

Bella puesta, ópera mágica
Pablo Kohan – PARA LA NACION | Domingo 08 de noviembre de 2015
Una maravilla esta ópera de Prokofiev que, a su única, original y admirable manera, va desarrollando una historia mágica que evade todo aquello que pueda tener de concreto, verosímil, asequible y preciso o definitivo.

Aplicando toda su creatividad y fantasía, ésas que han hecho de él uno de los compositores más notables ya no del siglo XX, sino de toda la historia de la música, Prokofiev construye una obra teatralmente contundente y musicalmente cautivante. El libreto, desarrollado por él mismo sobre la novela homónima de Valeri Briusov, se centra en la historia de Renata, una joven que ha sido poseída por (o que delira con) un ángel de fuego desde que tenía ocho años. Bajo la óptica y los paradigmas del simbolismo ruso, dentro de este panorama, con miles de implicancias propiamente simbólicas, tienen lugar delirios místicos, absoluciones cristianas, posesiones diabólicas, enamoramientos intensos, erotismos y esoterismos, todo con infinitos condimentos de violencia, sufrimiento, sumisión, imploraciones, histerias y múltiples y contradictoras conductas humanas. Para esta realidad tan indeterminada y de innumerables lecturas, Florencia Sanguinetti, muy hábil, evitó cualquier definición taxativa y aplicó toda su creatividad para ir avanzando muy libremente y del mejor modo por cada uno de los aconteceres que se plantean en los cinco actos de la ópera.

Más allá de todas las resoluciones teatrales expuestas para cada una de las escenas y sus contenidos, la puesta de Sanguinetti es esencialmente bella. Desde la austeridad de la posada -en el primer acto todo se desarrolla en un rincón mínimo y oscuro de un escenario gigantesco- hasta la apoteosis del final, desde la truculencia del laboratorio de Agrippa hasta la belleza de un rojísimo tronco inclinado ubicado frente a la casa de Heinrich y que es decorado con una proyección creciente de fibras rojas entrelazadas, sobre el escenario prima la belleza visual. Y todo para enmarcar una acción muy bien llevada adelante, con actuaciones individuales y escenas de conjunto que evitan los consabidos lugares comunes en los cuales se refugian los cantantes de ópera cuando, precisamente, faltan las buenas marcaciones actorales. De mucha imaginación y dramáticamente muy efectivos resultaron las multiplicaciones escénicas de algunos personajes a través de émulos mudos que duplicaban o triplicaban a Renata y a Ruprecht.

Donde no tiene lugar el mismo nivel de excelencia artística es en el terreno musical. Más exactamente, en el vocal. Muy bien dirigida la orquesta por Ira Levin y muy bien resueltos por la orquesta todas las dificultades que provee la partitura, los cantantes debieron lidiar no sólo con las exigencias propias de cada papel sino que tuvieron que confrontar con la desmesura y la potencia que Prokofiev impone a la orquesta para plasmar los contenidos trágicos o terroríficos que surgen desde el libreto. De manera diferente a los imperativos de volumen que proponen Wagner o Strauss, Prokofiev impone una competencia casi desleal para con los cantantes. Si bien Popovskaya y Baykov exhibieron notables capacidades vocales y actorales a lo largo de toda la obra, no pudieron evitar, en algunos escasos momentos, verse subsumidos por la orquesta en ese auténtico combate sonoro. Quien no tuvo ningún inconveniente para exhibir una potencia vocal y musical asombrosa y una presencia teatral soberbia fue el tenor Román Sadnik. Como Agrippa (para amar) o como Mefistófeles (para aborrecer) denotó una autoridad escénica extraordinaria. Muy buenas fueron también y en general las participaciones de los cantantes vernáculos.

Una observación cabe para la complejísima y exigente escena final, cuando el inquisidor, rodeado de las monjas del convento espantadas por lo que está aconteciendo, trata de exorcizar a Renata. El personaje principal de este momento es, obviamente, el inquisidor. Con todo, al muy buen cantante que es Iván García le faltó el peso, el color y la densidad de esos célebres bajos rusos para que el terror y la pavura que conducen al inapelable tormento final al que será sometida Renata pudieran tener una concreción más estremecedora. Hubo algunas imprecisiones, además, entre el coro y la orquesta que deslucieron apenas un final tremendamente impactante. Ésta es la primera presentación de El ángel de fuego que se hace en la Argentina en su idioma original. Por lo demás, según nos cuenta el sitio Operabase, esta ópera fue montada sólo cuatro veces en el quinquenio 2005-2010. Todavía quedan algunas funciones para acercarse al Colón por lo que, concretamente, es ahora o nunca. Y ante esta duda sólo hay una alternativa. Ir y verla. Realmente vale la pena.

El ángel de fuego / Ópera de Sergei Prokofiev, con Elena Popovskaya (Renata), Vladimir Baykov (Ruprecht), Román Sadnik (Agrippa von Nettelsheim / Mefistófeles), Iván García (el inquisidor), Cecilia Díaz (la madre superiora), Guadalupe Barrientos (la posadera), Hernán Iturralde (Fausto) y elenco / Coro y orquesta: Estables del Teatro Colón / Régie: Florencia Sanguinetti / Dirección: Ira Levin / Función: de Gran Abono / Sala: Teatro Colón / Nuestra opinión: muy buena

LA NACION | Espectáculos

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