Jorge Drexler: el músico que tocó el cielo con la canción – 11.11.2015 – LA NACION

Jorge Drexler: el músico que tocó el cielo con la canción
En un recital inspirado y emotivo, el cantautor uruguayo presentó anteanoche en el Teatro Colón su espectáculo Perfume junto a Luciano Supervielle; en el cierre, hubo cumbia y baile

Gabriel Plaza | LA NACION | Miércoles 11 de noviembre de 2015

A Drexler le cuesta pronunciar las palabras. Está como flotando en una nube, y una sonrisa diáfana, casi gardeliana, no se le borra del rostro en ningún instante. Camina como un sonámbulo, feliz, con una copa de vino en la mano, rebotando entre charlas de ocasión, felicitaciones, abrazos y fotos; con familiares que viajaron desde Montevideo, con amigos músicos, con productores, con gente del sello, con periodistas e, incluso, con «los amigos del campeón» que se le acercan y lo abrazan como si lo conocieran desde la infancia. Drexler sigue como en estado de gracia. Escucha a todos. Saluda a todos. Está feliz.

El camarín del Teatro Colón se parece al de un vestuario futbolero y la efervescencia que reina en el ambiente se asemeja a la de los ganadores de un Mundial. Sin quererlo, sin saberlo incluso, el cantautor uruguayo metió otro «maracanazo» para su cultura. «¿Nunca tocaron Rada o Jaime? ¿Estás seguro?», pregunta con inocencia Drexler. «Leo Masliah fue el único uruguayo al que le estrenaron una obra en el Colón. Fue el único», le retruca un periodista. «No había pensado que podía ser de los primeros uruguayos que tocaran en el Colón», dice, y mira para arriba como buscando una respuesta divina a lo que le está pasando.

Anteanoche, Jorge Drexler se dio el gusto de hacer sonar sus canciones en el Teatro Colón, como parte del ciclo LN Cultura. La importancia de su aterrizaje en el templo lírico argentino con el espectáculo Perfume, junto al músico uruguayo Luciano Supervielle, es fácilmente mensurable. Sus familias cruzaron especialmente el Río de la Plata para compartir esta suerte de consagración simbólica y para guardar este momento en el álbum de fotos familiar.

«Estoy emocionado, estoy feliz», atina a balbucear Drexler con los ojos humedecidos. «Tengo todavía la piel de gallina», dice Luciano Supervielle, y muestra un brazo. Los dos artistas uruguayos acaban de bajar del escenario después de las casi dos horas de un concierto que para ellos pasó demasiado rápido y que recordarán toda la vida.

Del Club del Vino al Teatro Colón es el trayecto que en quince años hizo Jorge Drexler desde la primera vez que pisó esta ciudad. «Buenos Aires siempre me sorprende, siempre me impulsa hacia adelante», asegura el cantautor, ya sobre el escenario.

No parece que lo haya cambiado el Oscar ganado ni el crecimiento que tuvo su carrera musical en todos estos años. A su alrededor están los mismos colaboradores de siempre, incluso el mismo productor local que lo trajo por primera vez. Tampoco parece que sea casual que esté compartiendo este momento artístico tan singular con Luciano Supervielle. Juntos trabajaron en el disco Frontera, aquel que marcó su estética de trovador pop moderno, en la que la canción y la melodía confluyen con la electrónica y el candombe beat.

Como una suerte de payador moderno, abre el concierto evocando el arte antiguo de la décima (ver recuadro). Después, ingresa de lleno a ese universo sonoro y experimental que desarrolla junto a Supervielle, inmerso en esa nave electrónica que incluye teclados y computadoras, pero que se completa con un piano de cola. Recién para el último tramo el ensamble se agrandará al formato de banda con bajo, percusión y batería. Durante casi todo el show será un cantautor, un músico con sus computadoras y un ingeniero de audio creando efectos.

Perfume es un viaje por los temas más emblemáticos de la discografía de Jorge Drexler: «Causa y efecto», «Polvo de estrellas», «El pianista del gueto de Varsovia», «Eco», «Me haces bien» y «Sea». A la vez, el concepto estético y sonoro del concierto se define como un proyecto paralelo dentro de la etapa solista del cantautor. Acá lo que se activa es el trabajo en dupla de Supervielle y Drexler. Son dos individuos que crean otro organismo diferente. Ese diálogo creativo, que por momentos se basa en la improvisación, atraviesa cada una de las versiones del cancionero de Drexler. En «La edad del cielo» hace ronronear al público (no será la única vez que eso suceda) y genera un coro colectivo afinado. «Nunca van a cantar mejor que en este lugar», dice, aludiendo a la acústica del teatro.

Más allá de los aspectos musicales, el espectáculo tuvo una carga emotiva muy fuerte. «Estábamos muy nerviosos antes de subir. Y está bien. ¿ Qué artista no estaría nervioso en el Colón?», apunta Drexler. Ese condimento emocional le dio un extra al recital. Por eso, cuando además de hacer su cancionero evoca la mágica versión de «El tiempo está después», el Colón implosiona. «Es un gusto que me quiero dar», dice. Para Drexler tenía sentido estar en ese lugar cantando esa canción del bardo uruguayo Fernando Cabrera: «Mi favorita entre todas las del mundo».

Otra de las licencias que se tomó en la magnífica sala fue cantar a capella «Al otro lado del río» y hacer con sus colaboradores una coreografía «a lo Julio Bocca» en «Universos paralelos». Pasó lo mismo cuando, delante de sus padres, llegados especialmente desde Montevideo, les cantó «Bolivia», un homenaje al país que recibió a sus abuelos inmigrantes. Entonces, en medio de un símbolo de la cultura europea, clavó un ritmo que es símbolo de la cultura latina con una cumbia psicodélica.

El Colón terminó a puro baile.

Dos horas antes, lo primero que había hecho, apenas salió a escena, fue inclinarse y ponerse de rodillas en el escenario, besándolo, como quien llega a la Meca de la música. Lo último, dos horas después, fue tenderse en el escenario, mirando la cúpula del teatro con los brazos en cruz, rendido, todavía sin poder creerlo.

Quiero tu noche, tu herida…
Las décimas que recitó apenas salió a escena
Cuando era mas aprendiz
De lo que aun sigo siendo
Vos me besaste, y sonriendo
Tocaste mi cicatriz.
Aquí aprendí a ser feliz
En tus noches torrenciales
Me abriste tus arrabales
Se abrió tu boca en el beso
Quedé para siempre preso
De tus excesos teatrales
Yo quiero tus aires buenos
mi Buenos Aires querida
Quiero tu noche, tu herida
Tu alegría, tu veneno.
Entregarme así, de lleno
Hasta el ultimo jirón
Y darte mi corazón
Como vos ya me lo diste
La noche aquella en que abriste
Para mi, el Teatro Colón.

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