La irresistible tentación de la última ópera de Wagner – 04.12.2015 – LA NACION

La irresistible tentación de la última ópera de Wagner
En el cierre de la temporada lírica 2015 del Teatro Colón, Marcelo Lombardero y Alejo Pérez vuelven a reunirse para una particular puesta

Helena Brillembourg LA NACION Viernes 04 de diciembre de 2015

Sus nombres quedaron asociados desde que trabajaron juntos en el Teatro Argentino de La Plata convirtiéndose en referentes por las propuestas innovadoras que presentaron. Bajo su dirección se montó por primera vez en esa sala una ópera de Richard Wagner, aunque su proyecto de la Tetralogía en el cual se daría el ciclo de El anillo del nibelungo lamentablemente quedó truncado. Ahora, casi cuatro años después, Marcelo Lombardero y Alejo Pérez vuelven a trabajar juntos para asumir la dirección artística y musical de Parsifal, última obra del compositor alemán, concebida por su creador como un festival escénico sagrado y que se representó de manera exclusiva en su teatro de Bayreuth durante casi 50 años. En el encuentro con esta dupla de directores que finalizan un año de múltiples compromisos internacionales queda clara la sintonía que existe entre ellos así como la pasión al abordar este exigente reto.

-¿Esta producción de Parsifal vendría a ser la continuación de una tarea pendiente?

Marcelo Lombardero: -Es una buena manera de verlo, pero en lo personal creo que no tiene nada que ver una cosa con la otra. Aquel proyecto de la Tetralogía tenía como objetivo homenajear a Wagner en el bicentenario de su nacimiento, con una mirada propia. No era sólo un proyecto artístico sino ideológico. Lo que sí tengo claro, desde el punto de vista estético, es que era imposible no pararme donde habíamos terminado esa Tetralogía, porque Parsifal en algún punto es una continuación.

Alejo Pérez: -Sería una especie de contracara puesto que El anillo… es un festival pagano de una casta decadente que se autoaniquila y este festival sacro es todo lo contrario al dinamismo de la Tetralogía. Aparece aquí un estiramiento horizontal del tiempo y un humanismo posible cuando Parsifal finalmente abre esta comunidad cerrada del Grial.

-¿Qué los llevó a aceptar esta producción cuando se decidió dejar sin efecto la contratación de Katharina Wagner?

Lombardero: –Parsifal es una obra que yo jamás habría pensado dirigir, pero la invitación de Darío Lopérfido fue muy importante, creo que fue la razón por la que acepté. Y la única manera para hacerla en estas circunstancias era con un director musical como Alejo.

Pérez: -El poder de atracción que tiene esta música para un director de orquesta es muy difícil de resistir. Y ser parte de un montaje que hace treinta años que no se hacía en este teatro y volver a trabajar juntos era perfecto.

-¿Cuáles son sus coincidencias?

Lombardero: -Pensamos la ópera como un hecho teatral, cada uno en sus funciones contribuyendo a ese producto que imaginamos y en la obligación de hacer partícipe al resto.

Pérez: -Ambos ponemos el prisma sobre la obra y sobre la lectura que hemos concebido de ella. No se trata de egos personales, el gran ego está puesto en la obra y en eso genuinamente coincidimos.

-Sus carreras han tenido una gran proyección internacional. ¿Qué significa trabajar en el Colón?

Lombardero: -Los diez años más productivos de mi carrera los pasé fuera del lugar en el que me formé y del cual fui director artístico. Este regreso me lo tomé en una forma profesional y traté de sacarle toda emotividad. Me encanta trabajar en mi país, y en los últimos años, salvo puestas independientes, no había tenido oportunidad.

Pérez: -Hay un componente simbólico muy importante puesto que toda la música que descubrí de niño fue gracias a lo que escuché paradito en el paraíso. Y ahora tengo la posibilidad de dirigir por primera vez desde este metro cuadrado tan mítico del Colón, que a pesar de estar en las antípodas del de Bayreuth en cuanto a su concepción edilicia, son dos teatros inigualables en el mundo en cuanto a su acústica. Además está la Orquesta Estable, que tiene una cultura del cuidado del sonido y una flexibilidad que sólo se puede obtener en un foso de ópera.

Visiones sobre Parsifal

-¿Por qué decís que es una ópera que no pensabas dirigir?

Lombardero: -En Parsifal se habla de cuestiones que para mí ya han sido superadas y de otras que representan un cierto grado de peligrosidad. Yo traté de eliminarle todo el componente religioso a la obra. Wagner se sirvió de eso, pero no creo que sea necesario hoy; sí recordar el espíritu de la búsqueda de la paz, de la apertura y de la democratización.

-¿Y ese concepto lo trabajaron juntos?

Lombardero: -Nosotros discutimos sobre miradas estéticas, cuestiones musicales y tipos de voces. Desde la Tetralogía trabajamos con dos filósofos contemporáneos: Alain Badiou y Slavoj Zizek, que han hecho estudios muy importantes sobre Wagner. Además hay otras versiones y relecturas de Parsifal en el mundo moderno que uno las puede tomar y transformar; para mí la mejor versión contemporánea es la película Matrix.

-¿Qué significado tiene Wagner dentro de tu repertorio?

Pérez: -Muy importante, me siento muy cercano a su lenguaje y a su estética. Wagner era un visionario y en Parsifal despliega todos los medios que tiene a su alcance explotando todas las posibilidades de la Festpielhaus. Aquí se le ven todas sus grandes dotes de hombre de teatro, con una paleta colorística en la orquesta tremendamente rica.

-Wagner la describió como un festival escénico sagrado. ¿Sentís la solemnidad como premisa?

Pérez: -Aquí nos tenemos que poner rigurosos en cuanto a los matices de las palabras; yo creo que lo sacro en este caso no conlleva consigo lo litúrgico, es más místico que religioso. Esa solemnidad se ha sobredimensionado, lo que ha llevado a hacerlo creer un objeto aburrido y estático cuando no lo es.

Ambos coinciden en señalar que por más hermosa que sea la puesta o lo fantástica que suene la música, esta obra no se sostiene si no cuenta con cantantes que acompañen no sólo desde la voz sino desde lo dramático. «Para eso tenemos un elenco que envidiaría cualquier teatro del mundo. Tanto Christopher Ventris (Parsifal) como Stephen Milling (Gurnemanz) vienen de cantar en Bayreuth y los demás son todos extraordinarios. Vale destacar también la presencia de cantantes pertenecientes a la generación que se formó en el Ópera Estudio de La Plata, así como la de los dos coros maravillosos. Es que Parsifal, además de una ópera, es una instalación sonora, aquí se despliega toda la parafernalia wagneriana y por eso para disfrutarla hay que venir descansado», afirma Lombardero. «Se requiere solamente un estado previo interior», concluye Pérez.ß

Parsifal

Teatro Colón, Libertad 621

Funciones, hoy, el miércoles y el viernes, a las 20. Domingo 6, a las 17

Streaming, viernes 11, a las 20 a través de la web: http://www.teatrocolon.org.ar

Entradas, desde $150.

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