Victoria Ocampo, entre Hitler y Winifred Wagner – 13.12.2015 – LA NACION

Victoria Ocampo, entre Hitler y Winifred Wagner
Hugo Beccacece | PARA LA NACION  Domingo 13 de diciembre de 2015
Wagner siempre hace estallar polémicas. Voy a contar dos: una de ellas, de carácter olímpico. La más reciente: el domingo pasado, durante el primer intervalo de Parsifal (magníficamente dirigido por Alejo Pérez), en uno de los cortos pasillos que dan entrada a la confitería del Colón, en el primer piso, un grupo de espectadores indignados interceptó el paso de Marcelo Lombardero, el régisseur de la puesta, que pretendía tomar un vaso de agua.

Le reprochaban, entre otras cosas, que hubiera convertido en temibles guerreros del siglo XXI a los caballeros del Santo Grial y que los hubiera armado con ametralladoras, mientras que Parsifal enarbolaba arco y flechas medievales de acuerdo con el libreto y la tradición. Según ellos, la régie desvirtuaba el mensaje de paz del final del primer acto. Alguien llegó a preguntarle a Lombardero si había leído lo suficiente sobre Wagner y Parsifal. El régisseur fue claro: aceptaba que su visión no fuera compartida por el público; en cambio, no aceptaba que se dudara de sus conocimientos sobre la obra; señaló que Parsifal fue concebida por Wagner como un festival sacro, destinado a ser representado sólo en el teatro de Bayreuth, devenido templo. Fuera de ese escenario, Parsifal se convierte en una ópera a la que le caben múltiples lecturas y pierde su carácter sagrado. Dicho lo cual, Lombardero, sediento, se precipitó a la barra para pedir la botella de agua que necesitaba.

Segunda discusión. En 1987, invitado por el gobierno de Alemania, pasé unos días en Munich con otros periodistas de América Latina. Nos habían asignado una excelente guía e intérprete, Carmen B., de Internationes. Era una mujer pequeña, muy simpática, culta e inteligente, de madre española. Una tarde, me dijo: “A ti que eres argentino, te puede interesar una historia que viví. Te la cuento siempre que no la repitas hasta que yo esté retirada”. Casi tres décadas después, me permito narrarla.

En 1973, Carmen B. fue guía e intérprete de Victoria Ocampo en el Festival de Bayreuth. “Victoria estuvo allí por muy pocos días y asistió a una sola función (Parsifal). Su visita había sido arreglada a último momento, a su pedido. Sólo alguien muy poderoso podía haberle conseguido una entrada casi sobre la fecha de la representación de Parsifal. Le mostré la ciudad; naturalmente visitamos Wahnfried, la villa de Wagner y Cosima Liszt. Cuando salimos al parque, le señalé una construcción vecina y le comenté que allí vivía Winifred Wagner. Victoria me dijo que le habría gustado conocerla. ?Si usted quiere, llamo y pregunto por ella’, le propuse. ?Hágalo, por favor’, me respondió. Nos atendió el mayordomo. Le expliqué quién era mi acompañante y le dije que ella deseaba hablar con la señora Wagner. El servidor fue hacia el interior de la casa. Cuando volvió nos invitó a pasar y nos llevó a una sala donde estaba Winifred. Ella y Victoria se dieron la mano. Eran dos mujeres imponentes. Nunca me sentí más chica.”

Al principio, todo fue muy bien. Se comunicaban en inglés. Victoria comentó la importancia que la música de Wagner había tenido en su vida, pero, de pronto, le dio un giro inesperado a la conversación. Empezó a hablar de Hitler y del uso nefasto que los nazis habían hecho de la obra de Wagner. No se limitó a eso, habló de sus amigos muertos en los campos de concentración como Benjamin Fondane, el autor de Rimbaud, le voyou. Winifred, nazi irredenta, no se apartó ni un momento del papel de dueña de casa respetuosa de su huésped, pero se defendió con firmeza, más o menos con los mismos argumentos que haría públicos dos años más tarde en el documental Winifred Wagner, de Hans Jürgen-Syberberg. Hitler jamás habló de los campos de concentración en Wahnfried, según ella. Todo lo que se había hecho en Bayreuth desde la creación del teatro, comprendido el período nazi, había tenido un solo fin: la difusión de Wagner. Ella era ¡apolítica! como el Festival.

Victoria Ocampo hizo un relato incompleto de esa visita en De Bayreuth a Neuschwanstein (Testimonios. Novena serie. 1971-1974). Dice que habló con Winifred Wagner. No cuenta qué se dijeron. Hay un pronombre que delata en el texto la presencia de Carmen. Escribe Victoria: “(Winifred) No esperaba visitas. Pero nos recibió”. Carmen era “nos”.

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