Fidelio, de Beethoven, en la temporada de ópera – 17.12.2015 – LA NACION

Fidelio, de Beethoven, en la temporada de ópera
Pola Suárez Urtubey | LA NACION Jueves 17 de diciembre de 2015
En el atractivo programa con que nos espera el Teatro Colón para su temporada 2016 nos encontraremos en mayo con el retorno de Fidelio, la única ópera que compuso Beethoven, con la cual se aparta de su genial antecesor Mozart en este terreno.

Es que nada más distante de Beethoven que Mozart en lo que se refiere a las mujeres. Para Mozart acercarse a una mujer, amarla, desearla y poseerla, eran actos naturales y espontáneos. Así, a costa de “vivirlas” y adorarlas, pudo crear en sus óperas esas deliciosas criaturas femeninas, siempre diversas, siempre mujeres totales: apasionadas, sensuales, pizpiretas y astutas, pero también dulces y virtuosas. Y pocos ignoran que en su correspondencia, a menudo a través de un vulgar lenguaje escatológico y una moral goliárdica, se retrataba el lado más grosero de la sexualidad mozartiana.

Beethoven, en su Leonora/Fidelio, muestra otro mundo. Ella es algo así como la Vesta de los romanos, o la Hestia de los griegos. La diosa del hogar. Aquí el músico busca reflejar el símbolo de lo que para él es la suma de la femineidad, la mujer-esposa, que nunca se atrevió a convertirla en propia para no destruir la ilusión de lo inalcanzable.

Porque en el concepto de la esposa salvadora que le propone el libreto de Boully, se funden aspectos no resueltos de su propia experiencia psicológica y sexual con los nuevos aires del Romanticismo que convierten a la mujer, por un renacimiento del espíritu mariano, en redentora.

* * *

Pero está aquel otro aspecto. El que roza un conflicto personal que lo acucia a los 33 años, edad en que comienza a componer Fidelio. Es un lugar común que Beethoven, ya desde sus juveniles años de Bonn, no lograba establecer una relación de amor con ninguna mujer. Lo malo es que ese impedimento siguió manifestándose en su edad mediana -los años de gestación de Fidelio y asimismo en la etapa más avanzada de su vida. Otra cosa fue el sexo, y es sabido que accedía a él a través de mujeres no precisamente santas.

También desde los tempranos tiempos de Bonn, su lugar de nacimiento, Beethoven modeló su vida tratando de emular un ideal noble. “Sócrates y Jesús fueron mis maestros”, se lee en uno de sus Cuadernos. La mujer, entonces, la esposa, debía reunir cualidades dignas de aquel modelo ético. De ahí su rechazo de la moral mozartiana, de los temas de sus óperas, Don Giovanni ante todo, del perfil de sus mujeres. ¿Cómo podía aceptar Beethoven que se las manejara como objeto de placer, como ocurre en la historia del libertino español? ¿Cómo podía ver con buenos ojos las claves psicológicas de Così fan tutte (Así hacen todas) en cuyo libreto se amalgaman una historieta del mismísimo Sade con el decadentismo de Las relaciones peligrosas, de Laclos?

¡Qué distancia con el concepto schilleriano que Beethoven abraza en Fidelio y luego en el final de la Novena!, un verdadero canto al eterno-femenino idealizado por los románticos: “Que aquel que ha conquistado el amor de una noble mujer, se una a nuestra alegría!”

Un asunto importante significa detenerse en las tres versiones de Fidelio que compone Beethoven. En otro momento se podrá hacerlo. Hasta pronto.

Fidelio, de Beethoven, en la temporada de ópera – 17.12.2015 – LA NACION

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