Tiempo de Música : José Crea : La ética al servicio del canto

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José Crea : La ética al servicio del canto
Hace seis meses, el 5 de julio de 2015, falleció en Buenos Aires uno de los cantantes más destacados que tuvo el Teatro Colón, el barítono José Crea. TIEMPO DE MÚSICA homenajea a este artista y pedagogo con sus palabras en primera persona. Por Javier Villa

Parte del esplendor del Teatro Colón tuvo que ver no sólo con su majestuosidad arquitectónica, sus condiciones acústicas ampliamente reconocidas por todos los sectores del quehacer musical, sino también con la enorme cantidad de artistas de relevancia (nacionales o extranjeros) que han actuado en dicho coliseo, formando parte ineludible de su historia. Para quienes recuerdan sus mejores épocas, el Colón contaba con los mejores elencos y una actividad muy intensa, con gran cantidad de funciones por año.

El barítono José Crea fue uno de los cantantes más solicitados por dicho teatro, habiendo desarrollado una de las carreras más largas que se extendió durante más de 35 años. A seis meses de su fallecimiento Tiempo de Música le rinde tributo con fragmentos de una entrevista que el artista, a sus 89 años, concediera al realizador de esta nota, en el marco de un trabajo académico para el Departamento de Artes Musicales “Carlos López Buchardo” de la Universidad Nacional de las Artes.

1. Italia natal y el comienzo de la vocación por el canto. Viaje a Argentina

José Crea nació en Laureana di Borrello en la provincia de Regio Calabria el 15 de febrero de 1924. La situación económica y política de muchos países europeos hizo que gran parte de sus habitantes buscaran mejores horizontes en otras latitudes. La situación personal de la familia Crea no fue la excepción. Su padre vino a Argentina en 1928, cuando José contaba con tan solo 4 años de edad.

“Comencé a estudiar canto a los 13 años”, recordaba el maestro. “No me hacían cantar cosas que no podía cantar. Fui monaguillo atendiendo en la misa, cantaba para el franciscano que tocaba el órgano. Yo le daba fuerza a lo fuelles a mano donde estaba el motor. Era todo lo que existía en aquella época. De ahí aprendí y de a poco, de a poco…”

Los estudios musicales en Italia también se dieron en espacios académicos formales. Tomó clases en el Conservatorio Rossini de Pèsaro y también en la Escuela de Ópera de Roma. Eran clases que se tomaban “cuando se podía viajar”, trasladándose en tren de carga para quedarse allí dos o tres días y luego volver recién a las dos semanas.

Crea llegó a Buenos Aires para radicarse junto al resto de su familia en 1948 durante la primera presidencia de Juan Domingo Perón: “Terminada la última guerra mundial vine a la Argentina con una recomendación que me había dado Titta Ruffo,  íntimo amigo de un abuelo mío. Aquí conocí (por medio de esa carta) a Adelina Agostinelli, la famosa cantante perteneciente a la compañía de Enrico Caruso. Caruso, Titta Rufo, Adelina Agostinelli, Claudia Muzio, todos los grandes de esa época. Rápidamente tomé clases con ella, recuerdo bien, en una esquina de la calle Riglos en Caballito. Al poco tiempo ingresé en la entonces Escuela de Ópera del Teatro Colón y comencé los estudios más ordenados, pero no había tantos conocimientos en foniatría. Todo lo que se hacía era sugerencias de cantantes a cantantes por experiencia.”

José Crea, 1982 / Fotografía de Arnaldo Colombaroli

A medida que cursaba sus estudios en el Colón, José Crea se desempeñaba en otras actividades que poco tenían que ver con el canto: “Cuando vine puse industria fotoquímica, tuve campo, tuve colmena. No estuve de brazos cruzados, estudiaba pero tenía mi negocio. A mí me iba bien y a todo el mundo que trabajaba le iba bien. Tenía de qué vivir, no es que yo estaba pensando de qué voy a vivir. Yo quería cantar, el canto era primordial, lo otro era para comer, no para vivir. Mi vida era el canto y mi cuerpo vivo lo mantenía a comida.”

En 1953 se presentó en un concurso abierto para cubrir una vacante de barítono, el cual gana por unanimidad del jurado. Aquel acontecimiento trajo como aparejado una curiosa (y tan habitual) discusión acerca de su tipo de voz: “Al comienzo todo el mundo creía que yo era tenor dramático. En Italia las pocas clases que había tomado las hice como tenor. Cuando fue el concurso, el director artístico era el maestro [Juan Emilio] Martini: ‘¿Cómo se presenta si usted es tenor?’. Insistían en que yo era tenor dramático. ‘Yo no soy tenor, soy barítono’, les decía como cansándolos. En un momento me pregunta: ‘¿Qué quiere cantar?’ y yo digo ‘Voy a cantar el Credo de Otello’. Termino de cantar y se miraban unos a otros asombrados. El maestro Martini los mira a todos y dice: ‘este muchacho es un barítono verdiano… pero ¡cómo nos equivocamos tanto tiempo!’. A partir de allí es donde comienzo a trabajar en el elenco de solistas estables del Teatro.”

2. Afianzamiento como artista lírico estable del Teatro Colón

José Crea (Rodolfo), junto a Lucía Boero (Eufemia), en La bohème de Leoncavallo,
Teatro Colón, 1982 / Fotografía de Arnaldo Colombaroli

Antes de hacer su ingreso al cuerpo estable del Colón, José Crea desarrolló una interesante carrera como cantante de canzonettas napolitanas que lo llevó por casi toda Sudamérica y México, y llegó a actuar en Radio Belgrano. Como cantante de ópera cantó en Argentina, Bolivia, Chile y Uruguay.

“Cuando entré en el Teatro Colón”, expresaba Crea, “me conocían como ‘La Voz del Vesubio’, seudónimo que a mí se me ocurrió. Estuve varios años en Nápoles: es donde aprendí a vivir porque no había tanta riqueza; en Nápoles se canta siempre. Cuando están llorando cantan… venden, cantan… Hay una frase donde dice ‘aun cuando tus palabras sean dulces o amargas son siempre palabras de amor’. La canzonetta napolitana te atrapa por lo que está diciendo dice ‘dígaselo a usted, a esa amiga suya, a su vecina que yo la quiero y no sé cómo decírselo’. ¡Esa es la canzonetta!”.

Luego de obtener esa vacante para el cargo de barítono, Crea debuta en ese mismo año 1953 en Don Carlo de Giuseppe Verdi, ópera en la cual hizo su debut en Argentina —en los albores de su carrera— el tenor Carlo Bergonzi, que había sido compañero de estudios de Crea en el Conservatorio Rossini en Italia: “Mi trabajo era uno los personajes de los seis diputados y se necesitaban voces especiales en el famoso ‘Nodo dell’trema’. A partir de ahí me escucharon bien, me tomaron en cuenta en el Teatro y me hacían trabajar. Comenzando en el año ’53 hasta el ’86 en el elenco y después 5 años más contratado porque la ley, ya a determinada edad, te jubila como agente municipal”.

Desde entonces realizó una intensa colaboración con el Teatro apareciendo en más de cien títulos, en donde encaró todo tipo de papeles, tanto protagónicos como comprimarios, inclusive interpretando en ocasiones más de un personaje en una misma ópera. Dentro de los roles protagónicos que cantó, cabe destacar su Amonasro en Aida, Rodolfo en el estreno local de La bohème de Ruggiero Leoncavallo, Germont en La traviata, Lusignano en Caterina Cornaro, y el protagónico de Rigoletto. Asimismo compartió escena con Plácido Domingo, José Carreras, Alfredo Kraus, Birgit Nilsson, Jon Vickers, Carlo Bergonzi, Victoria de los Ángeles, Montserrat Caballé, Regine Crespin, y fue dirigido por Sir Thomas Beecham, Giannandrea Gavazzeni, Bruno Bartoletti, Oliverio De Fabritis, Fernando Previtale y Juan José Castro, entre otros.
En aquella entrevista de 2013 José Crea exponía con claridad su visión sobre la preparación de un rol operístico: “Siempre me metí en la época, en el tiempo de ese personaje. No porque al personaje lo hubiera visto en el teatro o en las películas o en las grabaciones. Por haber vivido parte de ese feudalismo y de esa pobreza humana que había antes, después y durante de la guerra. Yo insisto que dentro de la voz y los conocimientos musicales y fisiológicos de la misma, un cantante tiene que aprender, tiene que estudiar las épocas, los tiempos, para que el personaje salga de su carácter. Esa es la diferencia entre un individuo que canta por cantar o cuando lo está haciendo con conocimiento del personaje. Yo he llegado en Rigoletto a hacer sollozar al público en ‘ridate a me la figlia’ [en el aria “Cortigiani, vil razza dannata”]. Pensaba en mi hija… Mirá, se me pone la piel de gallina.”

Parte del elenco de La bohème de Leoncavallo en el Teatro Colón, 1982 (de izq. a der. y de arr. hacia ab.): Reinaldo Censabella (director musical), María Rosa Farré, Renato Cesari (cantante y Asesor Artístico del Teatro Colón), Cristina Becker, Liborio Simonella, Lucía Boero, José Crea, Nicolás Cuttone, Ricardo Yost y Fernando Heredia (director de escena) / Fotografía de Arnaldo Colombaroli, gentileza Teatro Colón

Una de las más elogiadas características de la sala principal del Teatro Colón ha sido su acústica, y José Crea se sumaba, en sus reflexiones, a esas apreciaciones generalizadas por tantos grandes artistas: “De todas las salas que yo he estado, no encontré una sala más linda que la del Colón. Una acústica impresionante. No sentías el choque de tu voz, ni había necesidad de gritar. Cuando se formaba un elenco era para que todo el mundo se escuche de cualquier lado. Era darse el gusto de cantar, meterse en el personaje y… levantaron el telón y ahí está. Como un refrán que dice ‘como pato al agua’”.

Seguramente quienes lean estas líneas y hayan podido escuchar en vivo a José Crea recuerden su voz sonora, segura, robusta, de timbre redondo, homogénea en toda su extensión, que se escuchaba sin ninguna dificultad por esa sala debido a la facilidad de su emisión. Esto le permitió abordar los más diversos compositores, y sobre todo mantener su voz en excelente estado durante toda su carrera.

“Cuando se sabe cantar, se puede cantar de todo”, decía firmemente. “El compositor más de una vez se puede sorprender. Por eso la diferencia cuando canta uno el mismo rol y cuando canta otro. Siempre cuidé mi voz no haciendo lo que no tenía que hacer. Comer lo que me hacía bien y no comer lo que hacía daño. Ni cigarrillo ni alcohol.”

Es adecuado resaltar la mirada de Crea en relación con la dirección de escena, sobre todo en la que desde hace algunos años parece haberse impuesto —el descontextualizar la historia de lo que se cuenta para llevarla a otros tiempos, a otros contextos—: “La ópera es un género clásico”, afirmaba. Como tal, según su visión, la época es algo que le da un marco insustituible. Eso hace a la esencia misma de la historia y del personaje que se está interpretando.

3. La docencia

Promediando su carrera artística José Crea empezó a recorrer el camino de la enseñanza en forma particular. Los descubrimientos relacionados al uso de su voz estuvieron íntimamente ligados al contacto que mantuvo con algunos prestigiosos profesionales del área de la foniatría: el Dr. Renato Segré, la fonoaudióloga Ethel Wells Achard de Píccoli, el Dr. Federico Augspach, entre otros; como así también con el contacto de bibliografía especializada. Todo esto contribuyó a ir forjando su propia mirada sobre el trabajo pedagógico en el canto.

“Hoy en día sigue habiendo desorientación en la formación del cantante porque se toma el sistema y el método de la sugerencia de tal o cual persona en su tiempo, y se trata de ponerlo en funcionamiento”, comenzaba a reflexionar sobre el tema. “La sociedad se mueve a otra velocidad con conocimientos científicos y técnicos que en ese entonces ni existían. Yo descubro la información que me da a mí la ciencia de la foniatría. El canto es la continuación de la voz hablada. El maestro de canto no puede imaginarse las cosas: ‘ahora abra la boca redonda’, ‘ahora haga eso’. ¡Nada! Para correr ¿qué tenemos que hacer? Primero caminar y después entrenarnos a una velocidad mayor… ¡Para el canto es lo mismo! La voz hablada nos está dando la pauta que no hacemos nada para hablar, pero sí tenemos que entrenarnos en el trabajo mayor que lleva la escuela de canto (que no se toma en cuenta) y es la respiración”.

“El 90% de todo lo que es el canto para todo profesional de la voz es la respiración”, proseguía el maestro, “y en base a la capacidad, a la situación, a los elementos físicos del individuo, hay que hacerlo funcionar tal cual como es. Todo resulta fácil y entendible para el otro, por eso yo siempre menciono que no hay necesidad de grandes estudios para que el individuo entienda sino explicaciones claras. Con tal de que sepa leer y escribir es suficiente, para que sepa dónde está una cosa, dónde está la otra y eso no es cuestión del alumno: es cuestión del maestro. Al mismo tiempo saber explicar las cosas, insistir: ‘¿has entendido?’, ‘¿cómo es?’, ‘a ver hacélo’ y cuando el individuo dice ‘no sé qué es esto, qué es el otro’, el maestro tiene que dar el ejemplo. Entonces como todo el ser humano lo aprende por imitación, escuchando y viendo al otro. No hay necesidad de muchas complicaciones, estamos hablando siempre de canto. El cantante lírico, el cantante popular y el cantante folclórico… La diferencia es que uno necesita mayores conocimientos. De ahí es donde las voces comienzan a perderse pasando determinada edad. Hasta los veinticinco años el ser humano está en crecimiento, entonces no tiene ninguna dificultad. La voz no es que está cambiando, es que está creciendo, se está formando. De los veinticinco años a los treinta madura la voz, pero no hay que esperar a los veinticinco años.”

A mediados de la década de 1970, José Crea conoció al Dr. Jorgé Perelló en una conferencia organizada por la Asociación Argentina de Logopedia Foniatría y Audiología (ASALFA). Oriundo de Cataluña, Perelló era médico foniatra del Teatro del Liceo de Barcelona y una de las máximas autoridades en la materia. A partir de allí entablaron una relación de amistad que continuaron por correspondencia, donde intercambian experiencias y saberes en relación a temáticas referidas al uso de la voz cantada.

José Crea, 1982 / Fotografía de Arnaldo Colombaroli

“A la respiración no hay necesidad de darle una segunda orden, una orden extra al diafragma o al abdomen. Hay que lograr una presión de aire suave, no forzada. De por sí cuando respiramos el apoyo está sobre el diafragma, trabaja solo”, explicaba Crea. “Cuando se canta tenés que pensar en lo que estás diciendo porque el aire se regula acorde a lo que se necesita. No llenarte creyendo que no te va a alcanzar. De ahí que la mayoría de los cantantes, especialmente los tenores, cuando dan con una nota arriba y la pueden sostener, pero al bajar se les cae. No se tiene que hacer vocalización buscando que con un fonema ‘a mí con la E, la U, la A me sale mejor’. ¡Nada! Si nosotros no modificamos nada para hablar. ¿Qué tenemos que hacer? Todos los ejercicios de vocalización se tienen que hacer con todas las vocales, sin desordenar la emisión porque estaríamos alterando los órganos fonadores, la boca, la nariz. De ahí viene la nasalización, la engolatura, debido a que alteramos los formantes del sonido en las cavidades de resonancia que es donde se tendrían que acoplar los armónicos de las distintas vocales. Por eso  viene la voz gutural, nasalizada y fea. Una linda voz sale fea, canta mal pero ‘la voz es linda’, pero no sabe cantar”.

Para terminar ¿qué es el canto para ud. en su vida?
La vida… la vida. El ser que canta es un ser feliz y cantando… cantando… uno se olvida de… “Aquí me pongo a cantar, al compás de la vigüela, que el hombre que lo desvela  una pena extraordinaria, como el ave solitaria con el cantar se consuela”.

Esa última pregunta de la larga entrevista a José Crea dio lugar a una respuesta que sintetizaba la pasión que él con convicción profesaba por el canto.

4. A título personal

José Crea, marzo 2014 / Fotografía de Javier Villa

Conocí al maestro José Crea hace varios años cuando comencé a tomar clases particulares de canto con él. Desde un comienzo me llamó la atención su solvencia pedagógica, su interés por lo científico y fundamentalmente su amor por el canto y la enseñanza.

Si bien en el imaginario colectivo la idea de maestro suele estar ligada a alguien que posee gran conocimiento en una determinada materia, es bien sabido que esa definición es por lo menos incompleta. Además de la cuestión vinculada al saber, un maestro es alguien que transmite y, fundamentalmente, construye valores humanos.

José Crea encarnaba cabalmente esa idea de maestro por su actitud reflexiva, por su palabra justa y atinada, por el manifiesto respeto hacia sus colegas, por tener una posición personal alejada del narcicismo, por estimular el ejercicio de la disciplina, por valorar la individualidad de cada uno sus alumnos, por hacerle lugar a lo posible.

La forma en que ejercía la docencia estaba asociada al concepto de amor al prójimo que solía manifestar: ayudar al otro desde su saber.

La experiencia de haber sido su alumno por tantos años es imborrable, y si bien la nostalgia y la emoción afloran al escribir estas líneas finales, la sensación de gratitud es inmensa.

Por todo eso… ¡Gracias querido Maestro Crea!

Javier Villa
Enero 2016

Espacio de Opinión y Debate
¿Qué te pareció esta entrevista? ¿Coincidís con lo que se dice? ¿Tenés un recuerdo relacionado a José Crea? Dejanos tu punto de vista en nuestro facebook o nuestro blog. Hagamos de
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Publicado el 05/01/2016

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