Beethoven en la jungla – 27.01.2016 – LA NACION

Beethoven en la jungla
Constanza Bertolini | LA NACION Miércoles 27 de enero de 2016
Cualquier desprevenido diría que aquel morocho de rulos es el alcalde de Los Ángeles. Pero no: jamás le vi la cara al tal Eric Garcetti.

Es Gustavo Dudamel, director de orquesta. Un venezolano que conquistó al mundo clásico. El doctor -primero fue paciente- que inyectó su enérgica batuta en un sistema de arte social que de Europa a Asia quisieron copiar. Un viajero que fue lejos montado en su expresividad, hasta los escenarios más importantes, los más conservadores.

El caso es que su retrato, con la cara salpicada por la melena rebelde, copa la vía pública; sin grandes leyendas ni mayor explicación, está ahí: sale detrás de los postes de luz, se cuela entre los semáforos, ilustra cartelería. Y así es en todos los rincones de esta ciudad, no sólo en las inmediaciones del magnífico edificio de gajos plateados donde reside La Phil (como simplemente to-do-el-mun-do llama a la filarmónica). Del cemento del Downtown a las playas de Santa Mónica, de lo más alto de Hollywood al verde de Beverly Hills, allí está él, emblema de LA, para recordarles a todos que hay un programa “Beethoven” servido en el Walt Disney Concert Hall que levantó Frank Gehry.

Recordaba el impacto -la buena impresión- que me causó hace unos meses encontrar a Dudamel como a un perro Droopy por todos los rincones de Los Ángeles, cuando en el debut de la segunda temporada de Mozart in the Jungle apareció otra vez. Un auténtico cameo, en una escena casi intrascendente de la serie, si no fuera justamente por que él era “el actor invitado”. En ese pasaje, le recomendaba a otro latinoamericano que conquistó los Estados Unidos, Gael García Bernal, que no se demorara en salir al escenario. El mexicano es en la serie de Amazon una suerte de álter ego del maestro y recientemente fue premiado por esa interpretación: ¿es de verdad tan bueno el personaje de Rodrigo o, sencillamente, resulta otra muestra más de que Hollywood ama a Dudamel?

Que en propios y ajenos la misión divulgadora del venezolano surte efecto se entiende cuando se aprecia la integración que la orquesta filarmónica tiene con los angelinos -o la apropiación que los segundos hacen de ella-. El vínculo es cercano y natural, no obstante lo cual la institución insiste y sale a ganar la calle para fortificar esa conexión con hechos concretos.

A tiempo con el ciclo Inmortal Beethoven, por ejemplo, una docena de vans (las Van Beethoven), tuneadas con el amarillo intenso de La Phil, se estacionaron en diferentes puntos estratégicos de la gran ciudad para convidar una experiencia de realidad virtual. ¿La idea? Que el peatón detuviera su marcha un momento para ingresar a una minisala de concierto rodante -con dos filas de butacas dispuestas dentro de la camioneta, frente a una pantalla- y con un casco de una nueva tecnología ocular se dejara atravesar por la Novena Sinfonía, como si se estuviera dentro del Concert Hall. Cinco minutos cedidos de manera imprevista a la inmersión cultural. Los anteojos que alguna vez creímos futuristas y un par de auriculares que no dejan pasar ningún ruido exterior se ocupaban de todo lo demás: de mostrar (inclusive si uno probaba de girar la cabeza 360 grados) cómo es la sala de la calle Hope y Grand Avenue en realidad; de acercarnos hasta el detalle a ese Dudamel apasionado (con muchas pulgas pero pocas canas por haber cumplido ya sus 35), tanto, que si uno quisiera podría agacharse, mirar hacia abajo y apreciar el brillo de sus zapatos. Y reírse del atrevimiento.

Debo confesar haber sentido un poco de vergüenza al final de la “experiencia”, cuando -no sé bien en qué instante- Twitter empezó a mostrar una imagen mía con smoking, moñito y batuta, proclamando haber sido parte del asunto. Y también debo confesar cierta envidia que me brotó, aunque suavecito, por no tener nuestro Dudamel (claro que si Barenboim estuviera en Buenos Aires…), por tanta naturalidad en la relación de una comunidad con su orquesta. Me imaginé qué pasaría si de Núñez a Mataderos y de Puerto Madero a Devoto unas combis equipadas con una tecnología semejante llevaran hasta la gente, en la calle, la sala del Teatro Colón en una realidad virtual. Me pregunté cuántos de los vecinos que viven en mi manzana estuvieron alguna vez allí, debajo de los frescos de Soldi, frente al nuevo telón, envueltos por la famosa acústica (por no hablar de sus músicos, de sus bailarines). “Les voy a contar”, pensé con ingenuidad en contagiar a los responsables porteños con el espíritu difusor. Pero no lo hice. O lo estoy haciendo ahora, impulsada por la fuerza de Beethoven que vuelve a Los Ángeles este fin de semana.

Beethoven en la jungla – 27.01.2016 – LA NACION

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