Según Lopérfido, para estar en la función pública hay que “robar de los presupuestos”

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A confesión de parte…
Según Lopérfido, para estar en la función pública hay que “robar de los presupuestos”
15:04 | Lo dijo en una entrevista en 2010, cuando también aseguró que no volvería a ser funcionario público “de ninguna manera”. “Para ganar el dinero que gano en lo privado, en lo público tendría que robar de los presupuestos”, confesaba entonces.

De la Redacción de Diario Registrado // Jueves 28 de enero de 2016 |

“Soy un tipo honesto, y para ganar el dinero que gano en lo privado, en lo público tendría que robar de los presupuestos y no hago eso”. Tras la contundencia de la declaración, cabría imaginar que el autor de la frase no es hoy funcionario público. Pero Darío Lopérfido, qué en 2010 decía esto, hoy se desempeña como ministro de Cultura de la Ciudad; es decir, se desempeña en el ámbito de lo público.

El ex sushi boy, que por estos días puso en duda el número real de los desaparecidos de la última dictadura y comparó al peronismo con el nazismo, aseguraba hace cinco años a la revista Para Ti que no volvería a la función pública “de ninguna manera” porque, de hacerlo, “debería robar de los presupuestos”.

Ante tal advertencia (casi una confesión), es esperable que Laura Alonso, hoy al frente de la Oficina Anticorrupción, esté especialmente atenta a a la cartera del ministro.

La entrevista de Lopérfido también aporta otras perlitas: “Fui secretario de Cultura a los 35 años, no voy a ser lo mismo a los 45”, decía hace 5 años el hoy ministro de Cultura de la Ciudad.

Además, y en flamante contradicción con la estigmatización que hacen de La Cámpora desde el Pro por ser “jóvenes sin experiencia”, defendió al Grupo sushi del que formó parte y aseguró que los críticaban por ser “joven y emprendedor”. “En vez de decir: qué bueno que hay gente joven que viene a descontaminar la política, políticos y periodistas decían: ¿estos pibes tienen un lugar?”, se defendía entonces

“Soy un tipo honesto, y para ganar el dinero que gano en lo privado, en lo público tendría que robar de los presupuestos y no hago eso”. Tras la contundencia de la declaración, cabría imaginar que el autor de la frase no es hoy funcionario público. Pero Darío Lopérfido, qué en 2010 decía esto, hoy se desempeña como ministro de Cultura de la Ciudad; es decir, se desempeña en el ámbito de lo público.

El ex sushi boy, que por estos días puso en duda el número real de los desaparecidos de la última dictadura y comparó al peronismo con el nazismo, aseguraba hace cinco años a la revista Para Ti que no volvería a la función pública “de ninguna manera” porque, de hacerlo, “debería robar de los presupuestos”.

Es esperable que, ante tal advertencia (casi una confesión), Laura Alonso, hoy al frente de la Oficina Anticorrupción, esté especialmente atenta a a la cartera del ministro.

La entrevista de Lopérfido también aporta otras perlitas: “Fui secretario de Cultura a los 35 años, no voy a ser lo mismo a los 45”, decía, por ejemplo el hoy ministro de Cultura de la Ciudad.

Según Lopérfido, para estar en la función pública hay que “robar de los presupuestos”

NOTA ORIGINAL DE LA REVISTA PARA TI DE ENERO 2010

Para Ti | Enero 2010
Darío Lopérfido
Darío Lopérfido. A los 45 años, de regreso a la Argentina desde hace menos de un año, el ex secretario de Cultura del gobierno de Fernando de la Rúa e integrante del llamado grupo sushi, veranea en Punta del Este. El año pasado trajo al país varios espectáculos musicales como productor y fue uno de los que ideó en términos de marketing el regreso de Charly García. En esta nota, habla de la Alianza, de la crisis de 2001, de su novia Esmeralda Mitre y de por qué no volvería a la función pública.

textos agustin gallardo fotos axel indik (enviados especiales a Punta del Este)

Volver. Lopérfido vivía en el exterior y no tenía planes de volver al país, pero Esme Mitre se cruzó en su camino y cambió todo. Se define como un novio muy “escuchador” de su pareja.

“De ninguna manera volvería a la función pública con el nivel de crispación que hay hoy en la política.”

Lopérfido comparte vacaciones con su novia, Esmeralda Mitre, en La Blanquita –la casa de Blanca Isabel Alvarez de Toledo, madre de ella–, en Punta del Este. Dice, enamorado, que “Esme es todo”.

Con el desayuno sin terminar, Darío Lopérfido (45) recibe a Para Ti en la casa de Esmeralda Mitre (29), su novia desde hace dos años. Aparece Esmeralda –Esme, para él y le advierte: “Ojo con lo que decís”. Pasaron el fin de año junto a Shakira y los De la Rúa. “Antonito y su familia siguen siendo íntimos amigos míos. No nos vemos con toda la frecuencia que nos veíamos afuera, pero tratamos de estar en contacto siempre”, detalla. A mediados de 2009, Lopérfido apareció en todos los medios luego de haber estado viviendo siete años y medio en el exterior. Se fue para ser director artístico de una compañía de producciones culturales con la que desarrolló un ciclo de jazz, y con la que trajo espectáculos al país. Además, en agosto de 2009 ideó el detrás de escena marketinero de la vuelta de Charly García a los escenarios. En España, trabajó para el grupo Prisa, en materia de entretenimiento y producciones culturales.

¿Cómo encontraste el país? Hay una energía, una cosa muy potente dentro del mundo del teatro, de la música y del entretenimiento. En general, al país lo veo bien pero con una crispación que es muy dañina, me apena ver los ánimos tan caldeados. Lo digo por los que conducen, por la oposición. No soy ni seré nunca justicialista, pero a veces me molesta la falta de respeto con la que se menciona a la Presidenta. En España y Estados Unidos, dos lugares donde viví, a nadie se le ocurriría hablar en los mismos términos. Acá en vez de decir “no me gusta lo que usted hace”, dicen “ojalá que usted se muera”. Los veo también a Hugo Moyano o a Guillermo Moreno usando unas palabras que no puedo creer.

¿Qué recuerdo tenés de tu paso por el gobierno de la Alianza? En lo personal, bueno. Mucha gente se acuerda sólo de lo último, cuando llegué a ser secretario de Cultura de la Nación. Pero antes lo había sido de Buenos Aires, y fui director del Centro Cultural Ricardo Rojas. El otro día alguien todavía me recordaba el Festival de Teatro de Buenos Aires y el BAFICI, que empezaron en mi gestión. Por entonces, se veían osados pero funcionaron y siguen funcionando. En un país que terminó con una crisis como la de 2001, yo me sentí respetado y protegido.

¿Cómo quedó tu imagen? (Piensa) Si vos pertenecés a un gobierno y el Gobierno termina mal, evidentemente fuiste parte de eso. Creo que con el paso de los años quedó la valoración de la gestión. La gente empezó a darse cuenta de que hice algunas cosas, y lo digo humildemente. El final de 2001 fue una situación de tensión económica muy grande y un nivel de conspiración terrible. Fue un momento donde los actores políticos y sindicales, y toda la Argentina, se habían vuelto completamente locos. Jugaron todos a apagar el incendio con nafta.

¿Qué quedó de aquel “que se vayan todos”? Nada. Yo, verdaderamente, creía en eso, aún siendo parte. Pensé que esto iba a producir una renovación en la política. Pero no. Los políticos siguen siendo los mismos y los malos siguen estando. Los que manejan este país son Moyano, Eduardo Duhalde, etc. Y son los mismos que en 2001 estaban apichonados con ese clima terrible.

¿Hay lugar para la autocrítica en tu caso? Por supuesto. Cuando digo que se volvieron locos, incluyo al gobierno al que pertenecí. Lo único que digo es que fue un gobierno al que se le cargaron tintas innecesarias, y eso fue injusto. En veinticinco años de democracia, Alfonsín (Raúl) gobernó 6 años, Menem (Carlos) 10, los Kirchner (Néstor y Cristina) llevan 6, y De la Rúa (Fernando), 2.

Con el paso del tiempo, ¿cómo te cae lo del “grupo sushi”? Me causa gracia. Argentina es un país que tiene corporaciones políticas muy afianzadas y que son, en cierto modo, los dueños de la pelota. Cuando hay gente que no pertenece a la corporación y escala posiciones, intentan desprestigiarla. Lo que pasó conmigo y Antonio fue raro, ¿cómo nos prestaban tanta atención?

Convengamos que si eras joven, emprendedor y te juntabas a comer sushi con el hijo del Presidente, algo iban a decir. Sí, claro. La gente más pro decía: “Qué bueno, gente joven viene a descontaminar la política”. Pero políticos y periodistas decían: “¿Estos pibes tienen un lugar? Si no estuvieron tomando mate en un comité por veinticinco años”. Yo tenía el orgullo de decir que venía del campo cultural, muy especializado, había estudiado gestión cultural en Alemania y en Francia. Hice toda la escalera para estar en ese lugar. Lo veían como algo invasor, y se inventó lo del grupo sushi.

¿Seguís comiendo sushi? (ríe) Yo, en particular, no consumía mucho sushi. Eso lo inventó un periodista con el que me llevo bárbaro, Gonzalo Alvarez Guerrero. El decía: “¿Cuál es la diferencia de los jóvenes alfonsinistas de los ’80 con nosotros? Aquellos comían empanadas chorreantes, tocaban la guitarra y cantaban folclore. A estos les gusta comer sushi para no ensuciarse las manos”.

A Aíto De la Rúa le pegaron en la calle. ¿A vos te pasó algo similar? No. En Madrid, cuando percibía que alguien me miraba, yo le decía: “No hay drama si querés hablar”. Hace varios años que estudio el budismo como concepción filosófica. Si vos transmitís cosas malas a los otros, te cargás de cosas malas. Yo siempre percibí actitudes buenas.

TEATRO, AMOR Y ROCK AND ROLL. “Esme es todo -dice-. Los dos teníamos ganas de estar con alguien que nos gustara, que nos lleváramos bien y que nos quisiéramos dentro de un mundo para compartir. Ya a los tres días de estar juntos, nos la pasábamos hablando de escritores, de cineastas”. Darío y Esmeralda se conocieron hace dos años en Buenos Aires por amigos en común. Después se cruzaron un par de veces más. Comida va, comida viene, hasta que se intercambiaron los teléfonos. “Yo me estaba volviendo a Estados Unidos, había venido por diez días. A raíz de conocer a Esmeralda, me quedé una semana más”, recuerda. Finalmente, Esmeralda se fue a Estados Unidos donde se quedó diez días con él. “Ella estaba haciendo unas pruebas en inglés junto a actores norteamericanos para un seminario de un dramaturgo muy importante. Y cuando se volvió a la Argentina, le avisaron de la escuela que la habían seleccionado. Estuvimos cuatro meses conviviendo en Nueva York”, relata Darío. Ahora acoplaron sus estilos de vida y apuestan a quedarse trabajando en Buenos Aires.

¿Hablaron de casarse y tener una familia? Lo hemos charlado, lo que pasa es que estamos muy entretenidos con que la vida nos vaya sorprendiendo. Yo hace dos años no me imaginaba que iba a vivir en Argentina con una chica argentina, porque vivía en otro lugar, y sin embargo… Pienso que vamos construyendo todo con los tiempos tranquilos.

¿Y qué clase de novio sos? ¿Le hacés regalos, la invitás a salir? Le regalé el otro día una camisita linda que vi en Buenos Aires y se la traje acá. Soy muy escuchador y apoyador de las cosas de Esme, y ella lo dice todo el tiempo. Salir, salimos un montón.

¿Quién elige tu look? Digamos que me gusta vestirme así, pero Esme se ocupa mucho, conduce mucho mi look (ríe). De acuerdo al lugar que vamos, me asesora, me compra ropa también. No duda: “Si vamos a tal lugar tenés que ponerte la camisa tal, el pantalón tal y los zapatos tal”. Y ante tamaña decisión, sólo obedezco… (ríe).

¿En qué te gusta gastar? En viajar. No gasto mucho en la vida cotidiana. No estoy todo el tiempo consumiendo. Me puedo pasar días sin comprar nada, sólo voy al súper.

Se te ve muy tranquilo.¿Es parte del budismo? (Ríe) Es parte de mi vida desde hace unos años, tampoco soy budista a rajatabla. Prefiero hablar del budismo como una cuestión relacionada con el pensamiento más que como religión. El concepto del desapego es un gran concepto: que tu vida pase por tu vida y no por el apego a cosas o a situaciones. Eso, y la compasión. Yo creo mucho en la compasión. Creo que si todo el mundo pensara que cuando hay alguien tirado en vez de patearlo, hay que ayudarlo, todo sería mejor. A la Argentina le haría falta más pensamiento budista.

¿Volverías a la función pública? No, de ninguna manera, con el nivel de crispación que hay hoy en la política. Soy un tipo de una formación profundamente humanística. Primero, soy incapaz de ejercer la violencia política que se ejerce en el país. Segundo, porque fui secretario de Cultura a los 35 años, no voy a ser lo mismo a los 45. Tercero, soy un tipo honesto, y para ganar el dinero que gano en lo privado, en lo público tendría que robar de los presupuestos y no hago eso. No lo hago por un problema ético y estético.

¿A qué te referís con estético? A que la estética del político corrupto argentino me resulta completamente vomitiva y desagradable.

Publicada en revista PARA TI 4564

Enero 2010

Darío Lopérfido

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