Rufus Wainwright. "Se formó un híbrido entre clásico y folk en mi cabeza" – 19.02.2016 – LA NACION

Rufus Wainwright. “Se formó un híbrido entre clásico y folk en mi cabeza”
En su segunda visita a Buenos Aires, el músico presenta su primera ópera, Prima Donna, en el Festival de Verano del Colón

Jorge Luis Fernández PARA LA NACION Viernes 19 de febrero de 2016

Foto:LA NACION/Ignacio Sánchez

Rufus Wainwright visita por segunda vez Buenos Aires y Pola, su manager filipina, se encarga de chequear que todo esté en orden antes de la entrevista, en el camarín del Teatro Colón. La precaución, quizá, pasa porque el tenor de esta visita es distinto: el norteamericano no llega como cantautor, sino como compositor de una ópera hecha y derecha, a cuyo término interpretará alguno de sus éxitos al piano, con acompañamiento orquestal.

Femenina, pero de contextura sólida, Pola es expeditiva, de pocas pulgas y no cuesta imaginarla haciendo extras en la puerta de algún show de Rufus. Habla rápido y cuando se le pide que repita algo, deficiencias de un argentino con inglés imperfecto, mira al susodicho como si quisiera estrangularlo. Por suerte, inmediatamente sonríe.

Ya en el camarín, tras la sesión de fotos, Rufus cuenta el origen de Prima Donna, la ópera que presenta hoy y mañana en el marco del Festival de Verano del Teatro Colón. Holgadamente inspirada en la figura de Maria Callas, Prima Donna es a la vez una puesta lírica y un espectáculo multimedia que se complementa con escenas proyectadas en pantalla grande. Allí, la célebre fotógrafa Cindy Sherman, posando por primera vez fuera de una fotografía (dato cortesía de Pola), representa a la diva mediante una serie de atuendos, una prolongación de sus famosos autorretratos, centrados en la cosificación de la mujer.

“Me llevó tres años escribir esta ópera y me llevará otros cinco la segunda, en la que estoy trabajando -adelanta Wainwright-. Esto es surrealista, porque la primera vez que estuve en Buenos Aires fui a ver una ópera al Colón y quedé fascinado. Y mirá, aquí estoy. Prima Donna empezó basada en Maria Callas, pero pronto me di cuenta de que debía inspirarme no en ella, sino en su condición de diva. La diva es una especie en extinción. Creo que Jessye Norman es la última que podría calificarse como diva. Es esta mujer de presencia fuerte, inapelable.” ¿Como Pola? “¡Sí! (risas). Me gustan las mujeres fuertes. Quería celebrar eso.”

Nacido en Nueva York en 1973, los inicios de Rufus Wainwright fueron relativamente fáciles. Hijo del cantautor Loudon Wainwright III y la cantante folk canadiense Kate McGarrigle, Rufus creció en un ambiente creativo, rodeado de personalidades como Van Dyke Parks, Randy Newman y Lenny Waronker, laintelligentsia del sello Warner durante su pico creativo en los setenta.

Incluso antes de su aclamado debut de 1998, apadrinado por Waronker como ejecutivo del entonces flamante sello DreamWorks, con los insuperables arreglos de cuerdas de Van Dyke Parks, una cinta circuló entre allegados y ya en 1996 John Cale cantaba loas a Rufus en cuanta entrevista se le presentara.

Pero el joven Wainwright tendría un futuro ecléctico. Su incursión en la ópera se conoció en 2009, cuando presentó Prima Donna en el Palace Theatre de Manchester. Rufus atribuye la afición a sus tempranos estudios de piano. “Cuando tenía tres años, mis padres se separaron y mi madre me llevó con ella a Montreal. Allí era costumbre que los chicos estudiaran piano. Quizá fuera un residuo de la tradición católica. Y después, por supuesto, mi madre y mi tía cantaban (en el dúo Kate & Anna McGarrigle); lo mismo mi padre, cada vez que venía. Se formó un híbrido entre clásico y folk en mi cabeza, pero la ópera recién prendió a los 13 o 14 años.”

Cuando se le dice que a esa edad, en esa época, lo más común para un adolescente era engancharse con el punk rock, Rufus tiene una salida original. “Hay un montón de punk rock en la ópera -exclama-, con todas esas decapitaciones y tanta sexualidad latente. Las canciones eran un modo de comunicación entre mis padres, tanto para decirse cosas lindas como para reprocharse (ríe). A mamá le gustaba cantar acompañada de banjos y esas cosas, pero yo prefería estar solo con el piano. El piano era mi fortaleza; me hacía sentir seguro.”

A los 20, Rufus volvió a Nueva York y resultó una experiencia frustrante. “Tocaba en los mismos lugares que Jeff Buckley; él era muy popular y yo hacía algo distinto. Él era como este guitarrista herido y yo el amante de la ópera que tocaba el piano (nuevamente ríe). Todo cambió cuando me mudé a California; estaba más en onda con la tradición de gente como Harry Nilsson o The Beach Boys, que trabajaban desde el piano para crear grandes estructuras armónicas.”

Sus primeros álbumes, Rufus Wainwright (1998) y Poses (2001), son una versión actualizada del pop perfecto y superarreglado de leyendas como Nilsson, Laura Nyro y Todd Rundgren, si bien Wainwright insiste en que sólo los conoció más tarde y que sus mayores influencias fueron la música clásica y Nina Simone.

Want One (2003) y Want Two (2004) son su yin y yang, dos ambiciosos opus desbordantes de arreglos en los que Rufus hace largamente explícita su homosexualidad. Años más tarde, tras presentar la ópera (finalmente editada como CD en 2015), Out of the Game (2012) fue producido por Mark Ronson y resultó su disco más pop, repleto de ganchos estilo Beatles.

“Necesitaba un descanso -explica-. Poses es el favorito de mis seguidores. Para mí es un disco milagroso, porque estaba hasta el cuello con las drogas, vivía en el Chelsea Hotel (risas) y de algún modo era mi regreso triunfal a Nueva York. Pero en Want One y Want Two fue donde realmente empecé a trabajar. Fueron mis tres strikes, la prueba de que iba a perdurar. El primero representa mi faceta varonil, de decisión y presencia. Want Two es más misterioso, oculto y femenino.”

-En “Gay Messiah”, de Want Two, sobrevuela una burla a la cultura gay, como si lamentaras responder a la expectativa de ser un embajador cultural.

-Mi audiencia gay es en realidad pequeña, y no les tengo misericordia (risas). Cuando empecé, me interesaba asimilar todo sobre la tradición: Oscar Wilde, Cocteau, todo. Pero descubrí que a la mayoría sólo le interesaba la cuestión de los clubes y el baile. Creo que algo cambió en los noventa. Será, quizá, porque ahora uno puede hablar del tema con libertad, porque es legal (ríe); todo se volvió una cuestión comercial, banal. Es acerca del físico y la canción pop. Y está okey. Pero lamento que se haya perdido un replanteo acerca de qué significa ser gay y qué representa la cultura gay.

-A propósito de eso, en tu perfeccionismo pop hay puntos de contacto con Stephin Merritt, de The Magnetic Fields.

-Bueno, Stephin es mi némesis (risas). Somos contemporáneos, conocemos muy bien el estilo del otro y creo que nos admiramos mutuamente, pero a la distancia. Cada uno tiene su territorio.

-En la segunda parte del concierto harás la versión al piano de “I Don’t Know What It Is”. Es interesante el giro que le diste a la canción, la balada hitera de Want One.

-Sí, es una versión más lenta y meditativa. No suelo alterar mis canciones, pero esa necesitaba un refresh. Cuando la escribí atravesaba un proceso de cambio y aquella grabación necesitó actitud. Ahora, con más de cuarenta, me volví más reflexivo. Es triste que tardes en caer, pero tan pronto entendés lo maravillosa que es la vida las puertas se abren rápidamente (chasquea los dedos). Entonces necesitás bajar un poco, como la canción, para vivir mejor.

Asuntos de familia

Las referencias a Kate McGarrigle están siempre presentes en la obra de Rufus Wainwright. Luego de la muerte de su madre, el cantante le dedicó el álbum All Days Are Nights (en el que participa su hermana, Martha Wainwright), compuso Prima Donna y musicalizó sonetos de Shakespeare, en un trabajo conjunto con Robert Wilson que será publicado por Deutsche Grammophon. “Estaba tan asustado, tan dolorido y enloquecido que el trabajo se volvió central. Fue una masacre creativa -reflexiona-. Me gustaría que mis padres sean más conocidos. Creo que son poco apreciados en el mainstream. Eso, en cuanto a lo artístico. En lo personal, fue difícil manejar el tema de la fama con mi padre. Para él era duro ver que me hacía más exitoso de lo que él había sido. Pero un buen día él ganó un Grammy y de golpe todo se solucionó (risas). Sintió que estábamos a mano.”

Rufus Wainwright. “Se formó un híbrido entre clásico y folk en mi cabeza” – 19.02.2016 – LA NACION

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