Máquina Goebbels (y sus paisajes polifónicos) – 25.02.2016 – LA NACION

Máquina Goebbels (y sus paisajes polifónicos)
El compositor y puestista alemán ofrecerá una instalación en la que el público estará en el escenario del Colón

Alejandro Cruz LA NACION Jueves 25 de febrero de 2016

El montaje de Stifters Dinge, la obra que “subirá a escena” hoy

El montaje de Stifters Dinge, la obra que “subirá a escena” hoy.Foto:LA NACION/Daniel Jayo

Hace 4 años, el compositor y puestista alemán Heiner Goebbels presentó en el FIBA Eraritjaritjaka, museo de las frases, Uno de los momentos más inquietantes de ese montaje multimedia era cuando el protagonista abandonaba el escenario, descendía a la platea, se iba al hall del Teatro San Martín, a la calle misma, se subía a un taxi, daba unas vueltas por el Centro y se metía en un departamento. Sólo se sabía de ese largo recorrido gracias a una pantalla en la que se proyectaba su tránsito por la ciudad. El efecto era perturbador. Ante el desconcierto del público, en la sala emblemática del teatro el cuerpo del actor era el cuerpo de lo ausente.

Ahora, Heiner Goebbels está en el escenario del Teatro Colón. El telón está cerrado y la gran sala adquiere la imprecisa forma de lo ausente. Acá mismo, desde hoy, tendrá lugar la instalaciónperformática Stifters Dinge (Las cosas de Stifters). Será la primera vez en la historia del Colón que el público estará en una platea armada en el mismo escenario. Será a telón cerrado.

Si en Eraritjaritjaka dejaba el escenario sin actores, esta vez estará ocupado por una gran maquinaria escénica sin intérpretes y con el público allí mismo. ¿Será, acaso, parte del juego de este gran provocador de la vanguardia?

Mientras un numeroso grupo de técnicos trabaja en el armado, dice: “Es una observación interesante. Al principio de este montaje algunos dijeron que era una pieza sin gente, sin intérpretes. Quizás una pieza fría. Yo creo que es lo opuesto. He visto gente llorando durante la performance; he recibido infinitas lecturas, respuestas, mails. La gente opina mucho, muchísimo, y yo creo que eso sucede porque durante el montaje no hay nadie que hable, que ocupe ese lugar. Es la gente la que toma ese rol y son ellos los que le imprimen sentido. He recibido cartas en las que me explican de qué se trata, me han explicado cosas como si yo no supiera nada. Y, en cierto punto, es verdad: yo no sé. Por ejemplo, recibí un mensaje que me agradecía por la «puesta de sol en la playa». Y es cierto, puede ser eso, aunque para mí se trate de unas piletas de agua en escena, un reflector, un efecto sonoro. Pero yo no la entiendo como un símbolo que haya que interpretar, aunque entienda que una de las opciones es darle un sentido, ver cosas que yo no veo”.

En el escenario del Colón, la “máquina Goebbels” va encastrando de a poco. El domingo llegaron nueve toneladas, entre las que hay cinco pianos, tres piletas en donde se depositarán los 1500 litros de agua, los proyectores, los teclados, las bandejas, las plataformas e infinidad de etcéteras que el grupo técnico ahora, cual gran Mecano con algo de caja de Pandora, va dándole forma a este instalación inspirada en el autor romántico Adalbert Stifter y que incluye citas de Bach, Lévi-Strauss y Malcolm X.

¿Por qué poner una pileta en escena y no, por ejemplo, un coche? ¿Qué da “sentido” interno al engranaje? “La forma total de la obra es el resultado de cada uno de los integrantes del grupo -explica este sociólogo tan admirador del compositor Hanns Eisler como de Bertolt Brecht y Heiner Müller-. Ellos están muy atentos a la tensión que un elemento produce entre, especialmente, lo que ves y lo que escuchás. Esta pieza, justamente, se basa en la separación entre lo que ves y lo que escuchás. En el hueco entre estas dos formas de percibir algo es donde se dispara la imaginación.”

Stifters Dinge tiene una versión para museos que dura seis horas y una teatral (la que irá hasta el domingo, en distintos horarios) que se verá en el Colón como cierre del Festival de Verano y apertura del ciclo Colón Contemporáneo (mucho más esto último que lo primero). Entran 160 personas, que estarán ubicadas muy próximas a la maquinaria. No es la primera vez que se presenta en un escenario como el del Colón. El reconocido compositor, dos veces nominado a los Grammy, cuenta que elige un escenario porque, a falta de espacios tipo industriales en las salas, lo más próximo a eso son estos grandes espacios

-¿Acaso esa observación es una velada crítica a las grandes salas por no contar con lugares adecuados para la experimentación?

Se puede pensar en esos términos. Aun los grandes teatros europeos no tienen un laboratorio que puedas usar para hacer trabajos experimentales. Sean grandes o pequeños, trabajan con las mismas reglas de división de trabajo, no tienes la libertad para decidir. Si aceptas hacerlo en esas salas después te das cuenta de que la cosa no funciona.

En este contexto, ¿es complejo producir en Europa este tipo de propuestas?

En mi país yo sólo puedo montar mis trabajos en dos lugares. El sistema está muy determinado por la idea de repertorio, los sindicatos, la estructura? No puedo producir en Alemania porque no tengo las condiciones. Por eso lo hago en otros países, como Suiza. El único lugar en donde me pude dar ciertos gustos fue cuando dirigí el festival Ruhrtriennale, cosa que hice durante tres años. Ahí me di todos los gustos. Alemania tienes muchas salas, infinidad de orquestas, radios, 80 teatros operísticos (repito: 80), pero, y ése es el lado oscuro de la cosa, todo está institucionalizado y no hay espacio para liberar tus ideas artísticas. Ahora mismo estoy muy orgulloso de presentar Stifters Dinge en el Teatro Colón, pero sé que no podría producir, ensayar, desarrollar y tener mi tiempo para hacer un trabajo de este tipo en una sala como ésta. Ese mismo problema lo tenemos en Alemania.

Goebbels es un creador de referencia en el mapa de las vanguardias y un agudo observador del entramado cultural. Mientras unos operarios ponen los tres carriles que se desplazan por una estructura que estará cubierta de agua, apunta: “En las artes escénicas todo parece ir en una misma dirección, vinculada a una única mirada. Eso también es resultante de la arquitectura teatral. Es muy difícil en una sala como en la que estamos presentar algo en lo que la gente esté involucrada. Todo termina regido por el show, por el impacto, por la sorpresa. Vos, desde la altura de un escenario, contás la historia y el público te sigue. Yo opto por revertir esa dirección, revertir la construcción de la performance y la construcción de sentido. Me gusta mucho un término de Gertrude Stein que hablaba de obras de paisajes, de landscapes. Porque el paisaje no te enseña nada, está. Unos pueden mirar algo. Otros, reparar en otras cosas, enmarcar esto o aquello, hacer foco y hasta hacerte amigo del paisaje mientras el paisaje sigue allí.

De alguna manera, ¿estos conceptos atraviesan a su producción?

-En cierto sentido, sí. La idea de la polifonía, los contrapuntos, las voces independientes. Así fue cómo construimos esta pieza. Toda la gente que va a estar sentada allá arriba, en la última fila de la platea, tuvo una voz en el proceso e hizo que su propia forma de arte hablara. Ahora esas voces hablan a través de máquinas y computadoras en forma de sonidos e imágenes. Son voces presentes. La presencia no es sólo privilegio de un actor ubicado en el centro de la escena. En montajes como el que se está armando ahora, la presencia está compartida y dividida entre cada uno de los que hicimos Stifters Dinge. Con el público pasa lo mismo. Hay diferentes referencias, citas. Pueden estar más apoyadas en lo sonoro, en lo visual, en el texto. Ante esto, cada persona construirá su foco.

En la última fila de esta platea ubicada en el escenario se opera la “máquina Goebbels”. Desde ahí se mueven las teclas de los cinco pianos, se disparan las proyecciones o se acciona una tecla para hacer llover. Detrás del telón, la gran sala silenciada. La maquinaria de esta performance no ha parado. De hecho, ya tuvo unas 300 funciones (“la comprobación de que con ciertas expresiones de vanguardias también se puede hacer plata”, dirá él entre risas). Él tampoco para. Ahora mismo viene de presentar una videoinstalación con 54 films proyectados en 27 monitores, No había música. “La forma en que edité yo mismo fue musical”, dice el músico, que es tan músico como puestista.

Hoy, el gran telón de la sala no se abrirá, pero habrá función igual en la sala principal del Colón, aunque esté vacía. Los paisajes sonoros y visuales de la maquinaria Goebbels harán el resto.

Un creador de múltiples caras

El compositor y director alemán Heiner Goebbels es uno de los referentes más importantes de la música contemporánea. Su producción abarca piezas para radio producto de su largo vínculo artístico con Heiner Müller, obras coreográficas, cinematográficas, óperas y piezas de cámara y para orquesta. Desde 1980, dirige obras de teatro musical, que suele presentar en los grandes escenarios y festivales del mundo. Sus obras de carácter performático son programadas en los grandes centros vinculados con las vanguardias. Su obra Max Black se convirtió en objeto de culto. Estrenada en 1998, todavía se sigue representando con el mismo elenco (“me gustaría traerla a Buenos Aires”, dice). En esta ciudad, ya presentó Eraritjaritjaka.

Máquina Goebbels (y sus paisajes polifónicos) – 25.02.2016 – LA NACION

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