“La partitura es una selfie: se ve lo que quiere el autor” | La Razon

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El señor de la batuta
“La partitura es una selfie: se ve lo que quiere el autor”
4 MAR 2016 | 08:52 Hace once temporadas que el mexicano Enrique Arturo Diemecke dirige la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Este año, además del ciclo dedicado a Chaikovski, habrá un homenaje a Ginastera.

Por Paula Condepconde@larazon.com.ar

El señor de la batuta.

El señor de la batuta.

La primera vez que Enrique Arturo Diemecke estuvo en Argentina fue como músico de una orquesta junto a su hermano. Tocar en el Teatro Colón fue para él una experiencia tan emocionante que lo dejó con lágrimas en los ojos, unos ojos color turquesa: “El sonido que salía del instrumento era todavía más hermoso de lo que uno había experimentado”, recuerda Diemecke algunos años después, ya no como músico sino como el director de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires (OFBA) de los últimos once años. A la emoción por experimentar la acústica del Colón, se sumaron otras dos señales para que Enrique pensara “este lugar tiene magia, aquí me quedo”. La primera: en ese mismo viaje, le pidió a su hermano que le sacara una foto en la Plaza del Vaticano, justo debajo de la placa en homenaje al músico y director de orquesta italiano Arturo Toscanini. Y Diemecke se llama “Enrique” por su abuelo y “Arturo” por Toscanini. La segunda: al mismo tiempo que sonreía para aquella foto, descubrió que esa avenida ancha, que ahora es atravesada de punta a punta por el Metrobús, se llamaba 9 de Julio. Y Enrique Arturo Diemecke, claro, nació un 9 de julio.
En un camarín del Colón, donde como es de esperarse no se escucha de fondo Tan Biónica y sí, en cambio, música clásica, el Maestro Diemecke viene de ensayar con la Orquesta el ciclo dedicado al compositor ruso Piotr Chaikovski, que termina mañana, y como buen mexicano, nacido hace 60 años en Ciudad de México, bromea con tomar tequila en lugar de agua.
Será porque creció rodeado de pentagramas e instrumentos (sus padres y sus siete hermanos están vinculados a la música) que Diemecke se las arregla para dirigir cuatro orquestas en el año (dos en Estados Unidos, una en México y la de Buenos Aires), además de aceptar invitaciones especiales. Después del ciclo dedicado a Chaikovski (hoy sonará “Francesca Da Rimini” y “Sinfonía n°5” y mañana, “Obertura Romeo y Julieta” y “Sinfonía N°6”, a las 20 en el Colón, con entradas desde $75, una instalación sonora especial para la ocasión y transmisión en vivo por el Canal de la Ciudad), este año la Orquesta hará un homenaje al compositor argentino Alberto Ginastera a cien años de su nacimiento: “Como Piazzolla en el tango, Ginastera es el héroe nacional en música clásica”, dice, siempre con una sonrisa.
-¿Qué virtudes tiene esta orquesta?
-Es una orquesta muy versátil, que puede abordar diferentes estilos con gran precisión y claridad. Tiene mucha vida y una personalidad muy particular: es muy viva.
-¿Refleja en algo a Buenos Aires?
-¡En todo! Es muy vivaracha. Y es una orquesta a la que le gusta mostrarse, le gusta que se vea la belleza y estar en el centro de atención. Eso es muy bueno, porque invita a la gente a escuchar, a involucrarse. Es una orquesta con mucha entrega. Es un reflejo extraordinario, hay que aprovechar eso. Si tienes diamantes, muéstralos.
-¿Qué le gusta de ser director?
-Lo que más me gusta es poder compartir con los músicos la creatividad de los autores. Me entusiasma que ellos producen los sonidos y yo los encamino para que los expresen con mayor libertad, ir superando los problemas técnicos, armar las particularidades y llegar al concierto, entregarse a un público, en un momento en el que todo se convierte en espectáculo. Porque el público es parte del concierto también. Eso me fascina: preparar los ensayos y culminar en los conciertos.
-¿Qué desafíos le quedan?
-El desafío es constante, seguir estudiando, avanzando en el conocimiento. Por ejemplo, hace días estuve en Estados Unidos, donde me tocó hacer un concierto de un autor que no conocía, del que no había tenido acceso a las partituras, apenas había escuchado una grabación. Me quedé sorprendido de los recursos básicos y sencillos con los que había creado cosas fantásticas. La partitura es como una selfie: ahí estamos viendo al autor y su entorno. Ahí vemos si está triste o no y lo que hay atrás del autor y que él quiere que veamos. Y esa selfie nos toca a nosotros poder recrearla para que la gente la pueda ver y sentir.

“La partitura es una selfie: se ve lo que quiere el autor” | La Razon

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Un comentario en ““La partitura es una selfie: se ve lo que quiere el autor” | La Razon

  1. Muy regulera, poco idiomática y sin compromiso la 4º de ayer (mucho mejor con Barenboim en 2015). En cambio estuvo bien el Capricco Italiano.

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