La Filarmónica se lució con Chaicovski

Clarin.com | Extra Show | Música | 08/03/16
La Filarmónica se lució con Chaicovski
Música Abono Chaicovski en el Colón
La Filarmónica fue de menor a mayor en el ciclo que combinó las sinfonías con poemas sinfónicos y oberturas.

Aprobada. La Filarmónica fue aplaudida con euforia.

Aprobada. La Filarmónica fue aplaudida con euforia.

Laura Novoa Especial para Clarín

La Filarmónica de Buenos Aires brilló el sábado en el cierre del Abono Chaikovski, con  la interpretación de la Sexta Sinfonía y la Obertura-Fantasía Romeo y Julieta. Diemecke eludió concluir el ciclo con el tono lóbrego del final de la Sexta. Con su locuacidad habitual, el director explicó que prefería cerrar con el triunfo del amor y así compartir el ideal esperanzador de Chaikovski.

Las seis sinfonías del ciclo se organizaron siguiendo un orden cronológico, y cada una fue acompañada con una obertura o poema sinfónico, exceptuando el segundo concierto, en el que se ejecutaron la Segunda y la Tercera. 

El orden cronológico favoreció la percepción del desarrollo de la escritura sinfónica de Chaikovski y su progresiva concentración expresiva y emocional. La orquesta parece haber seguido ese principio, porque su entrega se fue profundizando a medida que el ciclo avanzaba. El discurso sinfónico se escuchó algo desarticulado en la retórica menos dramática de las primeras sinfonías. 

Sin embargo, la orquesta desplegó todo su color orquestal y trazó perfiles melódicos expresivos con las interpretaciones destacadas de los solistas de oboe, clarinete, fagot, flauta y corno, y con sólidas filas de cuerdas.

Con todo, su rendimiento resulta crítico cuando tiene que aventurarse en las exigencias de tempi ágiles. En general, Diemecke es desenvuelto y espontáneo en los clímax -dirigió siempre de memoria-, y sabe manejar la tensión dentro de los movimientos lentos. Pero resulta menos flexible en el manejo de las dilataciones y contracciones del tiempo. 

El vértigo del movimiento final en la Primera Sinfonía se esbozó débilmente, también los demandantes scherzos de la Segunda y Tercera, o el movimiento final de la Cuarta. La energía vertiginosa y volcánica que los hace fluir se atascó con las imprecisiones rítmicas, los desajustes en los ataques y el descuido en la apertura y cierre de frases. Sin embargo, el carácter vivo y espontáneo que anima a la Obertura 1812, el Capricho Italiano o Francesa Da Rimini se escuchó más equilibrado.

El programa del jueves marcó un punto de articulación en el ciclo, con la interpretación vibrante de la Cuarta Sinfonía y el Capricho Italiano. El arco dramático fue más consistente y se alcanzó un punto de equilibrio entre técnica y expresividad. Un nivel de energía que la orquesta llevó a un punto de culminación con la Sexta. El sonido vibrante de las cuerdas -a veces debilitado por los contrabajos- condujo el clímax teatral de la Quinta y Sexta, con un acompañamiento ágil y preciso de la percusión. El grupo de los metales sonó limpio y brillante, y conmovedor en la coda final de la Sexta. El penetrante solo de corno en el movimiento lento de la Quinta tuvo una interpretación magnífica a cargo de Fernando Chiappero. Las maderas solistas ofrecieron momentos memorables a lo largo del todo el ciclo. 

El público aplaudió con euforia, y la orquesta se despidió tocando como bis el tema de la Obertura Romeo y Julieta.

La Filarmónica se lució con Chaicovski

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