El Mercurio.com – La espeluznante tensión de "Beatrix Cenci"

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Inicio de temporada del Teatro Colón: La espeluznante tensión de “Beatrix Cenci”
La tercera y última ópera compuesta por Alberto Ginastera dejó a la audiencia bonaerense en estado de horror y estupor en el principal escenario operático del país trasandino. 

Juan Antonio Muñoz H. Desde Buenos Aires 

El público que el martes por la noche llegó hasta el Teatro Colón de Buenos Aires difícilmente habrá podido dormir tranquilo. Se abría la temporada lírica 2016 con un título otrora prohibido en Argentina y que narra uno de los episodios renacentistas italianos más crudos: la historia del conde romano Francesco Cenci, asesinado por su familia tras sufrir sus hijos y su mujer abusos múltiples, incluso de índole sexual. Como Cenci, además de cruel y psicópata, era “respetado” por la autoridad temporal y la eterna (el Papa de entonces ni siquiera quiso leer una carta de Beatriz, la hija ultrajada), todos terminaron siendo ejecutados.

“Beatrix Cenci” (estrenada en Washington en 1971) cuenta con libreto de William Shand y Alberto Girri, basado en las crónicas italianas de Stendhal y en “Los Cenci”, de Percy Bysshe Shelley. También Antonin Artaud, citado en el montaje, compuso un drama sobre el caso, ahondando en la oscuridad del hombre y en el abuso de menores y la violencia contra la mujer.

El lenguaje del texto es una alternancia de frases realistas con otras, más extensas, de una poesía lírica negra y “maldita”, mientras que la estructura completa no termina por definirse expresionista debido a que el escenario está entendido como una proyección de los sueños de los personajes, donde asisten imágenes pavorosas que hablan sobre el paso del tiempo, la violencia, la sexualidad y, sobre todo, de cómo el ser humano no aprende de la experiencia de generaciones anteriores. También es una historia sobre la libertad del que ejerce el poder: una libertad sin límites que permite al tirano hacer cualquier cosa.

La obra de Ginastera, quien celebra el primer centenario de su nacimiento, es una partitura que exhibe los procedimientos del siglo XX, con el serialismo y la disonancia entramados a ratos con danzas del Renacimiento tardío, mientras que la voz está usada, ya en el parlato ya en el canto, en sus máximas posibilidades expresivas. Enorme tarea para la orquesta, dirigida por el maestro Guillermo Scarabino, que lleva adelante una hora y media de música sin interrupciones, donde las oleadas de sonido, los efectos, la variedad tímbrica y la trama estilística deben conjugarse tanto con una escritura vocal de igual complejidad como con aullidos de lobos, cuya presencia desde el inicio de la ópera satura la atmósfera de horror.

El coro -ovacionado- tiene una labor de gran exigencia también, pues hace las veces de un coro griego, que comenta los hechos a través de un canto que se mueve por todo el pentagrama y que se resuelve en un alegato furioso al borde del grito y en un lamento interminable. Beatrix fue encarnada por la admirable soprano Mónica Ferracani (quien cantó “Turandot” en el Municipal de Santiago); se trata de un rol extenuante y de tesitura muy aguda, que exige un compromiso que va más allá de lo físico. Estremecedora la mezzo Alejandra Malvino como Lucrezia, la sufrida esposa de Cenci, mientras que el barítono Víctor Torres, de voz algo disminuida en volumen, fue la bestia escénica que se requiere para encarnar al pérfido conde.

Lo ya dicho no valdría de mucho sin la dirección escénica de Alejandro Tantanian, que plasmó todas las obsesiones que anidan en el texto y que volvía a dirigir en el Colón después de 12 años. Su “Beatrix Cenci” quedará en la memoria por la crudeza y también porque pone atención en la cobardía del entorno a la hora de enfrentarse a un poder tiránico.

Más allá de los desnudos en escena, masculinos y femeninos, y de la orgía de sexo y sangre de ciertos momentos, hay que poner atención en los signos desplegados, pues la idea teatral de Tantanian transcurre en una escenografía que es clara referencia al Palacio de los Tribunales de Buenos Aires, cuyas paredes son limpiadas, durante la representación, por empleados municipales. Por cierto, el régisseur , en un presagio velado, alude de soslayo a la posición de Ginastera y sus libretistas (añadido Mujica Lainez, que lo inspiró para su anterior ópera “Bomarzo”, también prohibida), que desconfiaban del peronismo y que trabajaban en plena época de Lanusse, con Perón preparando su regreso mientras se armaban los montoneros. Todo esto, a pocos años del golpe militar.

Además, no en vano este texto hace referencia a la violencia sobre las mujeres y los niños (es un chico el que abre y cierra la representación), y tampoco es coincidencia que el texto lamente la incapacidad papal para enfrentar los males del poder temporal, justo cuando el Papa actual es argentino. El público observó y escuchó “Beatrix Cenci” con la piel de gallina y en silencio sepulcral.

La idea teatral de Alejandro Tantanian para la ópera Beatrix Cenci, de Alberto Ginastera, transcurre en una escenografía que es una clara referencia al Palacio de los Tribunales de Buenos Aires, cuyas paredes son limpiadas, durante la representación, por empleados municipales.

La idea teatral de Alejandro Tantanian para la ópera “Beatrix Cenci”, de Alberto Ginastera, transcurre en una escenografía que es una clara referencia al Palacio de los Tribunales de Buenos Aires, cuyas paredes son limpiadas, durante la representación, por empleados municipales.
Foto:Arnaldo Colombaroli

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