Desde mi Belvedere: Al teléfono con Tito Capobianco: Premio Anton Coppola por la Excelencia en las Artes

Desde mi Belvedere: sábado, 19 de marzo de 2016
Al teléfono con Tito Capobianco: Premio Anton Coppola por la Excelencia en las Artes
Por Leonardo Venta
Los amantes de la cultura se darán cita en la Sala Morsani del Straz Center el sábado, 5 de marzo de 2016, para la Gran Gala de “Tampa Opera”, un evento formal conjuntamente presidido por Dr. Ignacio A. Ferras III y Diane Ferras.

De der. a izq.: Sherrill Milnes, Tito Capobianco y Daniel Lipton, en la Gala del 5 de marzo de 2016, en el Straz Center de Tampa

            La velada alcanzará su cénit con la presentación del Premio a la Excelencia Artística Anton Coppola, patrocinado por Charles A. Simmons y Faith S., en honor al compositor y director de orquesta de origen italiano nacido en el este de Harlem, Nueva York, fundador y director artístico de “Opera Tampa”, quien cumplirá 99 años el próximo 21 de marzo.

            El lauro, que recaerá este año sobre el argentino Tito Capobianco, uno de los directores artísticos de ópera más importantes del mundo, se entrega a un artista por sus extraordinarios esfuerzos en fomentar el arte operístico.

            Entre los anteriores galardonados sobresalen el propio Coppola, la gran soprano y maestra de canto italiana Renata Scotto, el famoso compositor de ópera estadounidense Carlisle Floyd, el mundialmente aclamado tenor lírico madrileño Plácido Domingo, la soprano lírico-spinto Martina Arroyo –una de las primeras afroamericanas (de padre puertorriqueño) en conquistar los escenarios internacionales de la ópera–, así como los reconocidos barítonos estadounidenses Thomas Hampson y Sherrill Milnes.

            Capobianco labró su estilo en la búsqueda de la perfección, que siempre requiere de agotadores ímprobos esfuerzos. Si bien, dicha entrega constituyó el catalizador a una exitosa carrera en prestigiosos espacios de la ópera internacional, entre ellos la mundialmente famosa “New York City Opera”, donde trabajó junto a figuras del relieve de la emblemática soprano de coloratura Beverly Sills, el inmenso Plácido Domingo, el bajo-barítono Norman Treigle y el también barítono Sherrill Milnes.

            Los éxitos de Capobianco, que a sus 84 años reside en la ciudad de Lutz, situada en las inmediaciones de Tampa, han sido numerosos. Por eso nos satisface dedicarle este elaborado espacio en vísperas al reconocimiento que recibirá mañana. Desde su hogar, vía telefónica, nos ha abierto una ventana para divisar un tanto su horizonte artístico y humano. Alleguémonosle confiadamente.   

Tengo entendido que a pesar de que usted nació el  28 de agosto de 1931 en La Plata,  a poca distancia de la ciudad de Buenos Aires, su origen es italiano…

Toda mi familia es italiana. Yo soy el primero de mi familia en nacer fuera de Italia.

Actualmente reside en Lutz. ¿Qué le impulsó a establecerse en esa ciudad? 

Vivo aquí desde el 2007. Yo tengo dos hijos. Danilo, el mayor, vive en Lutz. Mi esposa y yo vivíamos en Fort Lauderdale. Claro, somos una familia muy pequeña, y decidimos estar, al menos, cerca de uno de los dos, porque el otro, Renato, está en Boston. El clima nos convenía más en Tampa, ya que a mi esposa, que falleció, el frío le hacía mucho daño.

¿Cómo se origina la vocación artística de Tito Capobianco?

La tuve, casi puedo decir, desde que nací. Vengo de una familia de músicos. Sé que a los ochos años ya estaba en el escenario actuando. Vi mi primera ópera cuando tenía 10 o 11 años, que fue “Lucia di Lammermoor”, de Donizetti. Estudié canto, música, ballet. Fui actor. Me fascinaba el canto. Siempre la voz humana me fascinó. Creo que el canto es el sonido más hermoso que ha creado Dios. 

Usted ha sido director de teatro y de ópera. ¿Cómo precisa eso?

El director es quien dirige la producción. Todo lo que usted ve sobre un escenario ha sido creado, dirigido, guiado, dictado por él. Es el responsable de todo lo visual, de toda esa emoción que produce la escenografía, el vestuario, la actuación, la interpretación. Y claro, en el caso de la ópera, tiene que haber un buen entendimiento entre director de orquesta y director de escena. La ópera está muy bien dividida en dos: el director de todo lo que se ve y el director de lo que usted escucha. Yo dirijo la escena.

Sabemos que usted es muy famoso en el mundo operático. Teniendo en consideración que la ópera es una obra dramática, cuyo texto se canta con acompañamiento instrumental, ¿cuál en el teatro como género? 

Fui actor y director de teatro, actor de cine, director de televisión. Tuve la suerte de dedicarme a todas estas facetas, hasta comprender que la ópera era lo que más me atraía.  Lo tiene todo: música, canto, teatro, ballet…¡todo!

Usted reúne todas las cualidades que debe tener un artista para pararse en un escenario. ¿Después de cierto tiempo, entendió que podía enfocarlas en la dirección de escena?

Exacto.

¿Cómo fue ese salto?

Es algo muy extraño. Lo sentí desde el principio. Me gustó siempre estar de los dos lados del mostrador, como decimos en Argentina: en uno vender el artículo y en el otro comprarlo, es decir, me gustaba actuarlo yo, pero me gustaba dirigirlo y decirle a los demás cómo había que hacerlo. Siempre me gustó buscar la forma diferente y mejor de hacerlo. Si hago algo hoy, yo sé que mañana debe ser mejor. Esa es una obsesión que tengo, una gran inquietud. Me gusta siempre buscar una forma diferente, basada en que sea mejor; y más creo en la palabra magia: esa cosa de crear algo distinto que lo fascine a usted, que lo hipnotice, para alcanzar lo que llamo ‘la total interpretación’.

(Me fascina lo que acaba de decirme Capobianco. Pausa. Cambio el tono de mi voz y el sentido de la entrevista). ¿Debutó como director de escena en el Teatro Argentino de La Plata con “Aida” de Giuseppe Verdi?

Sí, fui el director de escena más joven que hubo en mi profesión. Debuté el día que cumplía 22 años, el  28 de agosto de 1953.

Trabajó en el Teatro Colón, debutando luego en Estados Unidos con “Carmen”, en una producción de Philadelphia Grand Opera Company, que protagonizó la mezzosoprano Jean Madeira, en 1962.  Tengo entendido que se radicó en Estados Unidos ese mismo año. ¿Qué le motivó a tomar esa decisión?

Era un país que me ofrecía todo. A esa edad [31 años] ya había alcanzado en Argentina todo lo que podía aspirar. Había dirigido en el Teatro Argentino de La Plata, en el Teatro Colón, en la televisión. Había actuado en el cine. Había llegado a ser asesor en el Ministerio de Cultura.

Fue usted director general de las compañías de ópera de Cincinnati, San Diego y Pittsburgh, además creador del primer “Verdi Festival”, en San Diego, 1978. ¿En cuál compañía permaneció más tiempo?

En Pittsburgh, desde el año 1983 hasta el 2000.

En 1989 y 1999, recibió Diplomas al Mérito de los Premios Konex, que honran a las personalidades/instituciones argentinas más distinguidas en todas las ramas del quehacer nacional, por su trayectoria como “régisseur”, término usado como sinónimo de director de escena.  Ha tenido a su cargo más de 300 producciones de ópera, teatro y televisión en América Latina, Europa, Australia y Estados Unidos, así como estableció el récord de haber dirigido 30 producciones en el Lincoln Center de Nueva York. ¿Qué puede decirnos al respecto?

Creo que la producción más espectacular en que trabajé fue el “Mefistófeles” de Arrigo Boito, que estuvo en cartelera en el “New York City Opera” por 20 años, junto con “Manon” de Massenet, así como “Lucia di Lammermoor”, de Donizetti. 

En 2000, fue nombrado “mejor director de la década” por la Asociación Internacional Giacomo Puccini de Nueva York. ¿Algún otro premio relevante?

Haber sido condecorado por los gobiernos de Italia y Francia.

¿Que significa el Premio que usted va a recibir el próximo sábado, 5 de marzo, en Tampa?

Es un reconocimiento a mi trayectoria artística. Me siento muy contento de haber ofrecido a las ciudades de diferentes partes del mundo donde he estado esa obra cultural que es la ópera, tan difícil de hacer. Mi mayor satisfacción es hacer feliz a la gente, hacer algo por los demás. No hay mayor placer que ofrecer algo.

He leído que estuvo casado con la bailarina Elena “Gigi” Denda, que falleció en 2011. ¿Es cierto que ella puso su carrera de ballet en segundo plano para asistirle a usted como director de ópera?

Exacto. Ella fue la que hizo posible todo. Tenía buen ojo clínico y una memoria espectacular. Conversábamos lo que yo quería y ella me servía de abogado del diablo, para reconocer qué había que mejorar.

Se dice que usted es un perfeccionista… 

Afortunadamente, ya que la perfección no existe. A Dios gracias, uno pasa la vida perfeccionándose en esa búsqueda.

Tito Capobianco fue director general y artístico del Teatro Colón a partir del 2004. ¿Qué puede decirnos sobre las tramitaciones que realizó para el regreso del reconocido bailarín Julio Bocca a dicho teatro, luego de desavenencias con anteriores directivas?

Estuve en el Teatro Colón solamente por un año y medio. Ahí pasó algo muy triste. Se enfermó mi esposa, y tuve que traerla a este país porque se acababa todo… Yo fui el primero en invitar a Bocca porque no entendía por qué no estaba en el Teatro Colón. Era nuestro primer bailarín y resulta que estaba bailando en Uruguay y en otros lados porque el Colón no lo entendía. Cierta gente no entiende que cuando se llega a posiciones así, de genio, como fue Bocca, hay que tratarlos con guante de oro. No son gentes normales. El artista no es una persona normal. Debe entenderse eso, para bien, no para mal. Si un artista no actúa como tal, sería uno más. El artista es diferente, tiene cualidades diferentes, percibe la realidad de una manera diferente. Dicen que son caprichosos. No lo son. En Colón, querían verlo como cuando él era cuerpo de baile.  Bocca ya no era más cuerpo de baile. Era un genio, argentino, y no lo supieron entender. Y yo lo primero que hice fue invitarlo.

¿Si no hubiera sido artista, que le hubiera gustado ser?

Yo tuve la suerte de hacer toda mi vida lo que me gustó, en relación con el arte.

¿Con cuál movimiento musical se identifica Tito Capobianco?

Yo soy un romántico, pero moderno. Me gusta mucho la experimentación. Si usted se queda solamente en un estilo, se limita.

Su signo zodiacal es Virgo, al igual que Jorge Luis Borges. ¿Alguna relación con el Maestro?

Lo he leído mucho.  Soy un gran admirador de él.

¿Otra faceta suya?

Me gusta mucho el deporte. Hasta hace pocos años jugaba fútbol. En estos momentos, mientras hablo con usted, la televisión está prendida en el partido del Real Madrid y el Atlético.

¿Cual es su futbolista favorito?

¡Messi! Es el mejor del mundo.

¿Cuál es la sala de concierto que más le ha impresionado?

El teatro Colón. Por eso le llaman el Stradivarius de los teatros de ópera. Allí, acústicamente se llega casi a una perfección.

¿Qué puede decirnos de su experiencia trabajando con Plácido Domingo?

Desde un principio se notó en Plácido que tenía algo especial, que lo hizo triunfar sobre todas las cosas. Además de tener talento, Dios le dio un ángel.

¿Cuán especiales han sido sus presentaciones en Latinoamérica?

He trabajado en Argentina, Santiago de Chile, Uruguay, México y Perú. A México fui cinco o seis veces al Teatro de Bellas Artes, en las décadas de los sesenta y setenta, temporadas enteras. He trabajado mucho en Santiago de Chile, y en Montevideo, con experiencias muy agradables.

¿En Europa?

Trabajé mucho en Alemania. Sin embargo, mi gran experiencia fue mi debut en París, con la ópera “Il trovatore” de Verdi. Los argentinos tenemos cierta relación con los parisinos, porque hay cierto cordón umbilical artísticamente con Paris desde hace muchos años, a tal punto que cuando llegué a dirigir, me sintieron hablar español, y me dijeron: “Maestro, por favor, síguenos hablando en español porque le entendemos”.

¿Su conexión con Argentina?

Muy lejana. Me fui hace tantos años de mi país… He vuelto a visitarlo, cuando vivían mis padres. Le digo una cosa, tengo una costumbre muy especial antes de irme a dormir, paso por mi computadora y leo el diario La Nación de Argentina, el ABC de Madrid, y el Corriere Della Sera de Italia.

¿Entonces, su última experiencia en Argentina fue en el Teatro Colón, en 2004?

Exacto.

¿Planes?

Me gusta la enseñanza. Mi pasión es enseñar a la juventud. Pasar a ellos todo lo que yo aprendí en mis 55 años de carrera. Darles la oportunidad de descubrir, de experimentar.

¿Qué no ha logrado que le gustaría lograr?

Me hubiese gustado haber sido un gran pianista y un gran director de orquesta, pero no tengo tiempo.

¿Su relación con “Opera Tampa”?

Tengo muy buena relación con ellos y su director actual, Daniel Lipton, amigo mío durante mucho tiempo. Hice muchas clases magistrales cuando tenían un curso de formación para jóvenes. Yo como director me he retirado, y el maestro Lipton está muy enojado porque no dirijo más (ríe amigablemente).

¿Algún modelo artístico?

Yo me formé desde niño en el neorrealismo italiano, con figuras como Vittorio de Sica y Vittorio Gassman. El actor que más me impresionó fue Laurence Olivier. Cuando hizo “Hamlet”  fui a verlo siete veces para aprender de él. Otro que me inspiró mucho es el director italiano Federico Fellini.

¿Algo que le hubiera gustado que le preguntase y no le pregunté?

Me hubiera gustado que me hubieses preguntado sobre Messi, pero lo hiciste (ríe abiertamente).

Posted by poetahabanero

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