BEATRIX CENCI, provocativa corruptela – Martin Wullich

Martin Wullich |
BEATRIX CENCI, provocativa corruptela
A 100 años del nacimiento de Ginastera, una fascinante traslación a cargo de Alejandro Tantanián

18/03/2016 por MARTIN WULLICH
BEATRIX CENCI 2016 - Foto: Martin WuLLich

BEATRIX CENCI 2016 - Foto: Martin WuLLich   BEATRIX CENCI 2016 - Foto: Arnaldo Colombaroli   BEATRIX CENCI 2016 - Foto: Martin WuLLich

BEATRIX CENCI 2016 - Foto: Martin WuLLich   BEATRIX CENCI 2016 - Foto: Martin WuLLich   BEATRIX CENCI 2016 - Foto: Martin WuLLich

BEATRIX CENCI 2016 - Foto: Máximo Parpagnoli   BEATRIX CENCI 2016 - Foto: Martin WuLLich   BEATRIX CENCI 2016 - Foto: Martin WuLLich

Desde el inicio, en donde un niño de unos 10 años saluda al público y,  ante el silencio de éste, repite el saludo para obtener respuesta, se percibe que Alejandro Tantanián ha pergeñado una puesta en escena muy original y superlativamente teatral para Beatrix Cenci, el drama compuesto por Alberto Ginastera, con libreto de William Shand y Alberto Girri. Ese comienzo es apenas un atisbo de la inmensa cantidad de elocuentes imágenes que coadyuvan a generar per se un clima agobiante, tremendo, conmocionante, potenciando la historia.

La música de Ginastera sorprende con sus llamativas vueltas que van desde toques que remedan a Stravinsky hasta barrocos momentos palaciegos coronados por gallardas, en contraste con imágenes contemporáneas de violencia agobiante, marcadas por el vestuario surrealista (Oria Puppo) de los hombres en cuero con intimidantes perros doberman; o ensalzando su masculinidad en escenas orgiásticas, apenas envueltos por desnudos miriñaques, máscaras variopintas o tan sólo calzados con borceguíes.

La sucesión de oníricos personajes bestiales –en todos los alcances del término- en impactantes escenas fantásticas, iluminadas por David Seldes acorde a los climas del relato y la música, nos demuestra que -parafraseando a Giuseppe di Lampedusa- nada ha cambiado. Desde el siglo XVI, cuando ocurren los hechos, ha habido en el mundo corrupción, muertes –asesinatos o suicidios-, manejos de poder y dinero, envidias, abusos, injusticias, violencia y sexo por doquier. Quizás ahora haya más exhibición.

El elenco todo tuvo un muy buen comportamiento -incluyendo la labor de los actores figurantes- siguiendo las precisas indicaciones del director para la actitud corporal y los movimientos escénicos que reflejan lo oscuro del relato. En el papel principal, Mónica Ferracani realizó un estupendo trabajo vocal combinando sabiamente su histrionismo, manejado con naturalidad teatral, en una partitura nada fácil y por momentos desapacible al canto. También Víctor Torres se lució como el Conde Cenci, aportando su voz plena de matices y experiencia escénica. Muy buena labor tuvo Alejandra Malvino,  particularmente deleitable en los duos con Ferracani. Florencia Machado ofreció un digno Bernardo, y Gustavo López Manzitti se lució en la composición de Orsino.

El Maestro Guillermo Scarabino evidenció una destacable sustanciación con la obra, dirigiendo a la Orquesta Estable del Teatro Colón con exactitud en los climas, lirismo y tensiones reinantes. También fue notable el efusivo desempeño del Coro Estable, a cargo de Miguel Martínez, en la bella escena de inicio y el imponente final. Martin Wullich

Fue el 15 de marzo de 2016
Teatro Colón
Libertad 651 – Cap.
(011) 4378-7100

BEATRIX CENCI, provocativa corruptela – Martin Wullich

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