La ventana indiscreta de la política – 27.03.2016 – LA NACION

La ventana indiscreta de la política
Marcelo Stiletano  LA NACION  Domingo 27 de marzo de 2016
Poco después de justificar por encontrarse de viaje su ausencia en la comida de gala ofrecida por el gobierno argentino a Barack Obama, Marcelo Tinelli replicó el siguiente mensaje en su cuenta oficial de Twitter: “Falta poco para ver quiénes son. Sin el maquillaje de sus asesores. Sin las caretas de sus «ideologías». Muy pronto”.

El mensaje original, leído a partir de ese momento por los casi ocho millones de seguidores de la cuenta oficial del animador (@cuervotinelli), fue escrito en esa misma red social por Pablo Semmartin, guionista de ShowMatch. A menos que exista una corrección explícita en las próximas horas, esas palabras dan por hecho que el ciclo 2016 del programa más visto de la TV abierta durante las últimas dos décadas tendrá el regreso de “Gran cuñado”.

Esta virtual confirmación aparece en medio de los trascendidos sobre un posible conflicto entre Tinelli y Cristóbal López, el cuestionado empresario que posee el 81% del paquete accionario de Ideas del Sur. Después de los rumores de ruptura que arrecieron a comienzos de esta semana, voceros de ambos sectores dejaron saber que las posiciones se acercaron y que Tinelli (incómodo con López por varias razones) regresará con su programa a El Trece “a fines de abril o principios de mayo”, según anunció Pablo Prada, productor del ciclo.

Antes de que estallara la molestia con su socio (y también después, en la aparente distensión actual del feriado de Semana Santa), Tinelli habló mucho del “Bailando…” Nombró a varias figuras y dejó expresa mención de que los quiere ver danzando en su programa. Pero casi nada dijo del “Gran cuñado”. Quizá para no herir susceptibilidades como las que surgieron en 2009, cuando Aníbal Fernández, entonces ministro de Justicia, se preguntó públicamente: “¿No podemos dejarla a un costadito a la Presidente?”

En aquel “Gran cuñado”, Cristina Kirchner era una de las 19 personalidades políticas sujetas a imitación. Fernández había dicho en un principio que esa personificación tuvo momentos “bien logrados”, pero con algunos “excesos”, y que por lo tanto esa clase de imitaciones deberían “regularse, porque es la Presidenta”. Más tarde se arrepintió de haber hablado de regulaciones (“Fue una frase poco feliz”). Sin embargo, agregó: “Nadie está hablando de sacar un decreto, pero…”

Aquel episodio nos recuerda los delgados e inestables límites que envuelven todo el tiempo la relación entre política y farándula. ¿Quién puede asegurar que la experiencia no se repetirá con alguna otra figura, inclusive de la actual administración, cuando reaparezca “Gran cuñado”? En el fondo, el juego de representaciones propuesto por Tinelli lleva al extremo de la caricatura ese vínculo cada vez más trajinado. Y por esta razón, lo que hasta hace muy poco no era más que un simpático concurso de máscaras y gestos exagerados hoy podría verse, casi, como una prolongación exacta de la realidad, porque los propios protagonistas de la realidad han elegido tensar todos los límites.

Sería irrespetuoso dudar de la sinceridad de los sentimientos amorosos que unen al diputado bonaerense de La Cámpora José Ottavis y a la vedette Victoria Xipolitakis, pero el festival de arrumacos y mimos que ambos se prodigaron ante las cámaras en el almuerzo de Mirtha Legrand está mucho más cerca del show mediático que del recato y la prudencia que se esperan del comportamiento público de un político elegido por los bonaerenses para representarlos. Lo mismo podría decirse del gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, capturado por las cámaras en plena efusión junto a la actriz Isabel Macedo durante un recital de Ricky Martin en la capital de su provincia. Más de un suspicaz se preguntó cómo el mandatario dejó que ese momento tan íntimo fuese reproducido en pantalla gigante, en vivo y en directo, frente el resto del multitudinario auditorio que aplaudía al cantante en el estadio de fútbol Padre Martearena.

¿Podría animarse “Gran cuñado” en su próximo muestrario paródico a ir mucho más lejos de esta realidad? No hace falta. Algunos ejemplos recientes sugieren que casi no hay fronteras entre verdad y simulacro. El más contundente fue el de Francisco de Narváez, que le sacó todo el jugo a la imitación que hizo Roberto Peña en ese “Gran Cuñado” de 2009 y con habilidad logró que el “alica alicate” del cómico se convirtiese que en la consigna clave de la campaña que lo llevó a derrotar en la provincia de Buenos Aires a la lista de diputados encabezada por el ex presidente Néstor Kirchner.

Hoy, las conexiones entre farándula y política son múltiples. La vara está puesta en un lugar muy alto cuando estos dos conceptos entran en juego y se conectan. No deberíamos tener prejuicios respecto del uso del término farándula. De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española, es la “profesión de quienes se dedican al mundo del espectáculo, especialmente del teatro”. O bien el “conjunto de personas que integran la profesión teatral”.

Todas las expresiones políticas salieron y salen a buscar en este universo apoyo a sus medidas. Existe por lo general una sincera y genuina línea de identificación entre determinadas posiciones ideológicas, figuras que expresan esas ideas en el ámbito político y rostros conocidos y populares que deciden respaldarlas gracias al arraigo que tienen entre los ciudadanos de a pie. Nuestro visitante hasta hace pocas horas, Barack Obama, cerró en 2012 la campaña que culminó en su reelección como presidente de Estados Unidos con una maratónica serie de apariciones: recorrió tres estados (Wisconsin, Iowa y Ohio) en muy pocas horas. Y en uno de esos tramos tuvo como pasajero del Air Force One al rockero Bruce Springsteen.

El aprovechamiento integral de ese tipo de vínculos, dentro de las campañas electorales o en el ejercicio de una función de gobierno, lleva a fijar prioridades y establecer agendas. El presidente Mauricio Macri fue la gran figura de la avant – première de la película argentina Me casé con un boludo, un gran éxito de boletería que casi seguramente llegará hoy al millón de entradas vendidas luego de apenas dos semanas en cartel. Pero estuvo ausente en esa misma semana de la apertura de la temporada lírica oficial del Teatro Colón en la ciudad que lo tuvo como jefe de gobierno durante ocho años, con una ópera de Alberto Ginastera.

En otro plano casi simultáneo aparecen varios de los panelistas e invitados de Intratables, el programa político del que más se habla en la televisión abierta. Con perseverancia, el ciclo de América fue consiguiendo de a poco una identidad propia, y cada vez son más los políticos que lo reconocen como un interlocutor válido en la discusión de las cuestiones de la actualidad.

El problema pasa justamente por el tenor de la mayoría de esas discusiones, que por lo general explotan en medio de un griterío generalizado y con invitados más dispuestos a imponer su propia voz en vez de escuchar a los demás. Tal vez el gran hallazgo de Intratables es la presencia cada vez más aplomada en la conducción de Santiago del Moro, una figura que llegó a ese lugar después de un largo tránsito por expresiones televisivas ligadas a la farándula en su versión más indiscreta. Infama, sin ir más lejos. El viaje de ida y vuelta entre estos dos puntos (política y farándula) es múltiple en el caso de Intratables: muchas veces, las disputas entre sus integrantes toman perfiles tan escandalosos que sólo se habla de ellas al día siguiente en los espacios mediáticos dedicados al cotilleo de los famosos. O los aspirantes a serlo.

¿Cómo sorprenderse? Cuando Donald Trump irrumpió en la carrera electoral estadounidense, sus estrafalarias declaraciones llevaron al influyente diario digital Huffington Post a anunciar en ese primer tramo que toda noticia suya se publicaría en sus páginas de “entretenimiento”. Hoy, convertido en el más firme aspirante a la nominación republicana, Trump volvió a la sección Política, pero lo que dice repercute todo el tiempo en las páginas de las publicaciones de ricos y famosos.

Lo mismo le ocurre a Mario Vargas Llosa, que desde su unión con Isabel Preysler, reclama la fórmula para evitar que su nombre aparezca en las revistas del corazón en lugar de las publicaciones literarias. De vivir en la Argentina, Tinelli seguramente estaría pensando en ellos para sumarlos a la grilla del “Gran cuñado” 2016.

La ventana indiscreta de la política – 27.03.2016 – LA NACION

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