Opera Club | MUSICALMENTE CERCENADA Y VISUALMENTE SIN IDEAS

Opera Club | sábado, 26 de marzo de 2016
MUSICALMENTE CERCENADA Y VISUALMENTE SIN IDEAS  
Y la lírica volvió a la sala de la calle Libertad. Pero de forma inexplicable, al igual que la puesta del doble programa Dallapícola, “Beatrix Cenci”, con la que se pretendió iniciar la serie de homenajes a Alberto Ginastera al cumplirse el centenario de su nacimiento, ha quedado afuera de los títulos de abono que integran la presente temporada. Se aumentan los títulos, pero el abono sigue integrado por siete. ¿Por qué?.

También resultó inexplicable el cercenamiento hecho sobre la partitura. El largo monólogo de la protagonista  quedó reducido a las frases del final. Dio la impresión que por supresión o producto de la muy floja labor escénica del Regísta,  de la que mas adelante me referiré, también el rol del Conde Francesco quedó muy desdibujado.

    Sin lugar a dudas uno de los pilares mas sólidos de la representación fue la labor de la Orquesta Estable, dirigida de manera magnífica por Guillermo Scarabino. Labor sin fisuras para una escritura musical contundente, que no da respiro alguno. Pocas veces se la ha escuchado a la Estable en los últimos tiempos de una manera tan homogénea. Y en el plano Vocal, Mónica Ferracani, después de haberla estrenado hace veinticuatro años, volvió a darle vida a Beatrix, solo que esta Ferracani, mas experimentada y con sólidos recursos vocales y actorales, termina imponiéndose, logrando una actuación sobresaliente. Junto a Ella, Alejandra Malvino en el rol de Lucrezia (Madrastra de la protagonista), tuvo una lucida actuación, reflejando las atribulaciones por las que su personaje pasa en escena. Gustavo López Manzitti fue un muy eficaz Orsino, al que la marcación actoral no pudo resolverle momentos de mucha intensidad, como el de la fuga de su personaje previo al desenlace de la obra. Bienvenido sea el debut de Alejandro Spies como Giacomo, uno de los hermanos de Beatrix. Al fin el Colón reparó en El para la sala mayor. Su voz corrió por toda la sala, su dicción fue clara y estupenda. Su actuación otro tanto. Que sea el punto de partida para mas y muy buenas intervenciones suyas. María Florencia Machado, tuvo correcta participación en el rol de Bernardo, de la misma manera que Ivan Maier, Sebastian Sorrarain y Víctor Castells como los invitados al la fiesta. Flojas en cambio las actuaciones de los actores Alejandro Escaño Manzano como Olimpio y Ernesto Donegana como Marzio, que no impactaron como los asesinos pagados de Francesco. Me reservé para el final a Víctor Torres como el siniestro Conde Cenci. No fue su actuación mas lograda. Es mas, no entiendo el porque de aceptar un rol que de ninguna manera está a tono con su voz. Súmesele una caracterización un tanto “light”, aligerada en dramatismo,  y la ecuación no cierra por ningún lado. Y acertar a medias, es perder mucho de lo que la obra pide para su rol.  El Coro Estable cumplió una penosa labor. Desajustado, sin preparación acorde al compromiso, lo que llevó a que el final sea cantado partitura en mano cuando ya llevaban al menos un mes de la vuelta al trabajo y otros veinte días desde el final de “Parsifal” el año pasado hasta fin del mismo año. Se extraña y mucho la “Línea Burian”. Nunca mas se lo volvió a escuchar así.

    Visualmente, la puesta de Tantanian no cierra por ningún lado. Sobrecarga de sexo, a tal punto que el exceso de hombres desnudos paseando su virilidad por el escenario termina agrediendo al espectador. Situaciones de orgía desenfrenada, cuando lo que debía reflejarse era la corrupción, perversión y el sadismo de un padre con su hija y su segunda esposa y la complicidad de las autoridades de la época que conociendo el trasfondo, se hacían los distraídos. Para la época en que está situada la acción (El ml quinientos del pasado milenio), las Orgías Romanas eran cosa de un pasado ya por ese entonces remoto. También el usar de marco, el patio de Ntro. Palacio de Tribunales, en una época que por vestimentas usadas puede situarse entre los años treinta y cuarenta de la pasada centuria, quitó mucho de intimidad, e impidió graficar la atmósfera opresiva que la obra plantea. Además el dejar, deliberadamente o no,  un espacio abierto en ambos lados entre boca de escenario y escenografía propiamente dicha, distrajo aún mas a los espectadores,  por lo que me hace pensar en que si no ha sido mas un reflejo de pensamientos personales que el ceñirse a la historia, lo que plasmó en escena.

    Por lo tanto, el balance que me corresponde hacer de acuerdo a lo que vi, es el de una obra que ha sido ofrecida de manera cercenada en lo musical y pobrísima de ideas en lo visual. Los aciertos vocales y el desempeño de la orquesta, no alcanzan a compensar un resultado aceptable. Es de esperar que el resto de la programación de las obras de Ntro. Máximo compositor, sean ofrecidas  en mejor forma, como también se salde la deuda de reponer “Don Rodrigo”. La memoria de Alberto Ginastera lo merece.

Donato Decina

Teatro Colón, Temporada 2016: “Beatrix Cenci”, Opera en dos actos y catorce escenas. Música: Alberto Ginastera. Libreto de William Shand, basado en las “Crónicas Italianas” de Stendal , “Los Cenci” de Percy Shelley y aportes de Alberto Girri. Interpretes: Mónica Ferraacani (Beatrix Cenci), Víctor Torres (Conde Francesco Cenci), Alejandra Malvino (Lucrezia), María Florencia Machado (Bernardo), Gustavo López Manzitti (Orsino), Mario de Salvo (Andrea), Alejandro Spies (Giacomo), Sebastián Sorrarain-Ivan Maier-Víctor Castells (Tres Invitados), Alejandro Escaño Manzano (Olimpio), Ernesto Donegana (Marzio). Coro Estable del Teatro Colón, Director: Miguel Martínez. Escenografía y Vestuario: Oria Puppo, Iluminación: David Seldes, Proyecciones: Maxi Vecco. Dirección de Escena: Alejandro Tantanian. Orquesta Estable del Teatro Colón, Dirección Musical: Guillermo Scarabino. Función del 18 de Marzo de 2016.

Publicado por operaclub

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Un comentario en “Opera Club | MUSICALMENTE CERCENADA Y VISUALMENTE SIN IDEAS

  1. Trabajé en 1992 en la versión que puso Jaime Kogan, excelente regista que logró darle cierto interés a una obra decididamente insufrible. Cómo se extrañan hoy los grandes “metteurs -en -scène”!!! Los Visconti, los Zeffirelli, y hasta nuestro recordado Roberto Oswald, quien dejó una vacante que NADIE pudo ni remotamente todavía ocupar en nuestro país.
    Hoy tenemos cantidades de aventureros que a fuerza de anacronismos absurdos y festivales de sexo, intentan vanamente cubrir lo que la falta de talento delata.
    Mis saludos a Habitués del Teatro Colón.
    Mario Solomonoff

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