Alberto Ginastera, figura central de la música argentina

Clarin.com | Extra Show | Música | 10/04/16
Alberto Ginastera, figura central de la música argentina
Hoy el compositor cumpliría 100 años Tuvo un destacado rol en el desarrollo del ámbito académico local y también en el latinoamericano. Sus obras trascendieron las fronteras del género.

En los '60, las obras de Ginastera fueron eje de distintas polémicas: su ópera "Bomarzo" fue prohibida por la dictadura de Onganía.

En los ’60, las obras de Ginastera fueron eje de distintas polémicas: su ópera “Bomarzo” fue prohibida por la dictadura de Onganía.

Laura Novoa Especial para Clarín

Hoy se cumplen cien años del nacimiento de Alberto Ginastera, figura esencial de la música académica argentina, cuyas influencias trascendieron hacia el campo de la música popular local e incluso al universo del rock.

El paisaje de la pampa y un mundo rural habitado por gauchos matreros y mozas donosas aparecen evocados con gran eficacia en sus primeras obras, las más tocadas de todo su catálogo en el país y en el mundo. Fueron precisamente las temáticas localistas y telúricas las que definieron su estilo.

Pero Ginastera fue más allá, y también intentó acercarse tímidamente al tango en su fallida Sinfonía Porteña. Luego del estreno, el compositor Juan Carlos Paz definió la obra como un “deforme esqueleto”, señaló su eclecticismo incongruente, y la polémica virulenta que inició a través de la publicación antifascista Argentina Libre tuvo sus consecuencias. Ginastera retiró entonces la obra de su catálogo, y terminó alejándose para siempre del género, aunque mantuvo un contacto tangencial a través de su alumno Astor Piazzolla. 

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Cuando la coyuntura de los años ’60 impuso otras demandas estéticas, Ginastera no dudó en desplazase hacia un continentalismo de mayor alcance, que se cristalizó en su Cantata para América Mágica. Con todo, el núcleo estético que definió en los primeros años está presente en toda su obra.

Enfrentar el problema de la invención de una música nacional no fue la única batalla en la vida del compositor de la ópera Bomarzo. Su proyecto de modernizar y actualizar las técnicas y el lenguaje de los compositores latinoamericanos, de profesionalizarlos, fue tan importante como componer. Entre las instituciones que creó y ayudó a fundar -Facultad de Música en la UCA y el Conservatorio de Música y Arte Escénico en la Universidad de la Plata—, el Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales fue su formulación institucional más acabada.

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La institución funcionó en el Instituto Di Tella en los años sesenta, con una fuerte orientación pedagógica,  y  gracias a un generoso sistema de becas bianual, vinieron a Buenos Aires músicos de todas partes de América Latina. El Centro tuvo el laboratorio de música electrónica más avanzado de la región y los becarios tuvieron contacto de primera mano con diversos lenguajes estéticos ligados a las vanguardias musicales estadounidenses y europeas. Oliver Messiaen, Luigi Dallapiccola, Iannis Xenakis, Luigi Nono, entre otros, enseñaron en Buenos Aires gracias a las gestiones incansables de Ginastera. La visita de Nono, en 1967, coincidió con el episodio de la censura, por parte de la dictadura militar de Juan Carlos Onganía, del estreno de Bomarzo; y en solidaridad con el compositor argentino, su par italiano retiró sus obras del Teatro Colón. La obra, con libreto de Manuel Mujica Láinez, recién subiría a escena en el primer coliseo porteño cinco años más tarde, luego de haberlo hecho en el Lincoln Center de Nueva York, y también en Los Angeles, Zurich y Londres. 

Las diferencias ideológicas con Nono –militante del PC y a favor de una música comprometida- no resultaron problemáticas para Ginastera, quien se atrevió incluso a ir más allá de sus inclinaciones o gustos personales si favorecía su proyecto modernizador. Es difícil encontrar rasgos dogmáticos en la gestión cultural del músico, que contó con una generosa financiación en el contexto de la Alianza para el Progreso y en pleno auge del desarrollismo, para fundar el Centro que dirigió y manejó con total apertura.  

“La Argentina tiene en estos momentos -escribió Ginastera al embajador Francisco Bello en 1966- dos caminos a seguir en cuanto a la política cultural:  uno, el de encerrarse en sí misma y  en sus pequeños problemas domésticos,  ignorando la necesidad de ampliar el horizonte de sus artistas; el otro, el de abrir generosamente sus brazos para permitir una proyección mayor de nuestra cultura”. Resulta difícil pensar a Ginastera, quien murió en Suiza en 1983, sin sus tensiones y paradojas. Las celebraciones de su Centenario ofrecen una buena oportunidad para reflexionar sobre su figura y acceder a otras tensiones más amplias que forman parte de nuestra trama cultural.

Alberto Ginastera, figura central de la música argentina

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