Malograda puesta de Don Giovanni | Mateo

Mateo /  19 abril, 2016  /  
Malograda puesta de Don Giovanni  
por Elina C. Leva (@lamaquinaquehabla) Elegida como apertura de la temporada oficial 2016 del teatro Colón, esta puesta del director de escena español Emilio Sagi, resultó despareja a la hora de pensar como un todo a esta obra que es una de las óperas más representadas en todo el mundo.

La apuesta fue sin dudas fuerte: un renombrado elenco de cantantes extranjeros y el ya mencionado puestista español que ha dado mucho que hablar con sus más de treinta producciones en Europa, Asia y América.

La elección fue unidireccional: una puesta despojada, plagada de signos que, claramente eran muy buenas ideas, pero que en su conjunto no funcionaron. Comenzando por el diseño de escenografía de Daniel Blanco. Sugiere, pero genera innumerables problemas tanto a los actores como al público El escenario ha sido encuadrado por un imponente marco dorado que nos aclara que lo que vamos a ver es una ficción. Muy buena idea. Un telón que simula una biblioteca y que apenas permite ver lo que hay detrás de ese marco, que es también el ojo de una cámara, o nuestra mirada de espectadores. Bien delimitado el espacio de lo fantástico. Hasta que ingresan a escena Don Giovanni y Leporello por fuera de ese marco, es decir, desde las patas de tela caminando casi sobre el foso de la orquesta. Y como si nada, se meten adentro del escenario. Con el devenir de la noche, todos entran y salen por ese marco que se ha reducido a una escalinata, o lo que es peor, a un muro que hay que saltar para ingresar al espacio escénico. Los personajes transforman ese marco en algo decorativo, porque ese es el sentido que finalmente tiene. El piso de porcelanato negro espejado es otra muy buena idea que no funciona. No hay espacios delimitados dentro de ese marco gigante, de manera que se genera confusión en el espectador porque las escenas transcurren todas en el mismo sitio. Estos desaciertos contribuyen a que no se construya el verosímil que toda ficción necesita para que se pueda contar un cuento. El que se nos promete desde el decorado. Un claro ejemplo es el momento en el que  Donna  Anna tarda una eternidad en “descubrir” el cadáver de su padre que yace muerto literalmente a su lado. Sin embargo, la actriz deambula por la escena y no “ve” el cuerpo que está en el suelo junto a ella. El escenario remeda un enorme salón de baile, oropeles en las paredes del fondo constituyen una clara referencia al mundo aristocrático al que pertenece Don Giovanni pero no al de los campesinos. Entonces los mismos actores levantan las paredes del fondo que están recubiertas de oro, para dejar paso a una calle despojada que supuestamente es el mundo de la gente común. Pero toda la escena del casamiento de Zerlina transcurre dentro del espacio escénico con piso negro brillante. Todo genera confusión. Hay muchos otros ejemplos de muy buenas ideas que no funcionan o que terminan siendo meramente detalles decorativos, cuando es evidente que no fueron pensadas así. Mucho movimiento, poca claridad en los desplazamientos. Los actores están incómodos. Y se nota. Hay varias citas cinematográficas como la del final que es un evidente compendio de “El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante” que poco o nada tienen que ver con Don Giovanni. Incluso, el momento culminante (cuando el Comendador se lleva a Don Giovanni al infierno) está pensado de tal manera desde la puesta, que en lugar de conmover al espectador, le trae a la mente de forma instantánea aquella serie que muchos veíamos de pequeños y en la cual había un integrante de la familia que era una mano. Sí, hablo de “Dedos”. Tampoco la iluminación ayuda a delimitar espacios, momentos, etc. En cuanto al vestuario, es contemporáneo, pareciera remitir a los años ’40 ó ’50 sin justificativo más que el de presupuesto y la paleta de colores elegida por la creativa Renata Schussheim tampoco ayuda. Tonos oscuros, bordó y negro sobre piso negro, sumado al marco dorado y poca luz… Es como si el equipo creativo no se hubiera reunido y cada uno en soledad hubiese hecho su parte. De modo que nada fluye en el escenario. La sensación es que no hubo un equipo. O no se ve.

La música es sublime. Desde luego. Y el libreto de Da Ponte está a la altura. Pero eso lo sabemos todos. Por eso en Don Giovanni se trata de la imaginación y la habilidad del puestista para dar vida a esta ópera que, no por nada, es una de las más representadas todos los años en todo el mundo.

Por suerte las voces sí estuvieron acordes a la ocasión. El barítono uruguayo Erwin Shcrott parece haber nacido para este papel. Sencillamente brillante. Paula Almenares nos entrega una Donna Anna exuberante y contundente. La española María Bayo no acierta con Donna Elvira y la transforma en una histérica. Lástima que no haya podido disfrutar de un personaje tan rico. Jonathan Boyd es un correcto Don Ottavio. Simón Orfila no aprovecha (considero que se debe a la dirección actoral) todas las posibilidades que brinda Leporello. La que sí lo hace es la rosarina Jaquelina Livieri interpretando una Zerlina maravillosa. Mario De Salvo sólo cumple con su Masetto y Lucas Debevec Mayer está bien como el Comendador. La batuta del francés Marc Piollet no logra hacer brillar a la orquesta estable que ha dado sobradas muestras de su excelencia en otras oportunidades. Dicho todo esto, no fue raro que más de la mitad del teatro se levantara y saliera sin aplaudir luego de escuchado el último acorde. Una lástima por los actores que siempre merecen nuestro reconocimiento por su tarea. Después de todo se nos ofrecen en carne viva.

Mientras veía esta malograda puesta de Don Giovanni que le fue comisionada a este artista español no podía dejar de pensar en la maravillosa versión de Buenos Aires Lírica del 2014. Con la dirección musical de Pedro – Pablo Prudencio y puesta de Marcelo Lombardero, verdaderamente han marcado un hito en la historia de las realizaciones de ópera en nuestro país y será muy difícil de superar. A veces no es necesario traer de afuera algo mediocre cuando lo magnífico lo tenemos aquí adentro, en Argentina. Para pensarlo.

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Ficha Técnica
Don Giovanni Ópera en dos actos. (1787)
Música de Wolfgang Amadeus Mozart
Libreto de Lorenzo Da Ponte.
Teatro Colón Temporada 2016
Dirección musical: Marc Piollet
Dirección de Escena: Emilio Sagi
Diseño de Escenografía: Daniel Blanco
Diseño de Vestuario: Renata Schussheim
Diseño de iluminación: José Luis Fiorruccio
Reparto:
Don Giovanni: Erwin Schrott
Donna Anna: Paula Almerares
Donna Elvira: Maria Bayo
Don Ottavio: Jonathan Boyd
Leporello: Simón Orfila
Zerlina: Jaquelina Livieri
Masetto: Mario Di Salvo
Comendador: Lucas Debevec Mayer
Coro estable del Teatro Colón dirigido por el Maestro Miguel Martínez

Malograda puesta de Don Giovanni | Mateo

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