Un Quijote bailarín | La Razon

La Razón | Ciudad | Lunes 25.04.2016 |
Ballet
Un Quijote bailarín
25 ABR 2016 | 09:11 Como director del Ballet Estable del Teatro Colón, Maximiliano Guerra estrena mañana su versión del clásico “Don Quijote”: “Lo particular en mis coreografías es que todos bailan mucho”.

Por Paula Condepconde@larazon.com.ar

Maximiliano Guerra.

Maximiliano Guerra.

Todo puede suceder en el fantasioso mundo de Don Quijote. Publicada en 1605, “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”, la novela que es referente mundial de las letras españolas, inspiró a fines del siglo XIX una versión para ballet. El coreógrafo francés Marius Petipa fue el encargado de traducir el texto de Cervantes a la danza, a partir de un episodio de la segunda parte de la novela, el de “Las bodas de Camacho”. El triángulo amoroso entre la doncella Kitri, el ricachón del pueblo, Camacho, y el humilde barbero Basilio, al que Don Quijote, siempre buscando a su Dulcinea, aporta su dosis de confusión, llega mañana al Teatro Colón. Y llega de la mano de alguien que conoce la obra a la perfección: por haberla interpretado en más de una oportunidad y en diferentes versiones en escenarios de todo el mundo, pero también por haberse animado a la dirección coreográfica de la misma desde el año 2000. El bailarín Maximiliano Guerra, actual director del Ballet Estable del Teatro Colón, estrenó aquel año en Stuttgart “Don Quijote, el soñador de la Mancha”, su interpretación del clásico ballet, y desde entonces lo repuso en más de una ocasión. Ahora, a los 53 años, su versión abrirá por primera vez la temporada de ballet del primer coliseo porteño y contará, también, con la dirección musical de Emmanuel Siffert, al frente de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires.
-¿Qué cualidad tiene tu versión?
-Lo que hice fue tomar personajes y situaciones de otros capítulos. Escribí un guión actoral de lo que pretendía contar y a partir de eso me basé en la coreografía original, que es muy clara y muy divertida y muy exigente también para los bailarines. Con esa base fue crear y cambiar la coreografía, darle un poquito mi impronta. El Quijote, además, es una obra que bailé muchísimo, entonces puedo aportar mi experiencia. Yo siempre digo que uno no está acá para enseñar, sino para compartir experiencias y contar cómo podría salir mejor.
-¿Te produce algo especial estrenarla en el Teatro Colón?
-Montar una obra en casa es como cocinar para la familia. Ya te vieron cómo lo hiciste bailando, hoy te quieren ver como coreógrafo, como director. Quizás es una presión extra, pero en realidad es un placer, es un honor hacerlo en el Colón. Me pone más feliz estrenarlo acá que en Stuttgart o en La Scala de Milán, porque es mi casa, porque es donde me crié, es el público que me vio crecer, que me vio y me apoyó. Entonces es devolverle algo de lo que fui recolectando en el mundo.
-¿Extrañás estar en el escenario?
-El otro día me lo preguntaba mi esposa Patricia (Baca, también bailarina): “¿Te dan ganas de hacerlo vos?”. “¿Sabés que no?”, le contesté. Me dan ganas de seguir bailando, sí, que es algo que sigo haciendo. No dejé de bailar todavía. Ahora estoy con “Quereme así… piantao”, que es un espectáculo homenaje a (Horacio) Ferrer, con música de tango y danza contemporánea y tango. El escenario todavía no lo voy a dejar. Me encanta, soy feliz. Pero ahora no me dan ganas de hacer a “Basilio”. Pero nunca se sabe, tal vez me llaman el año que viene para hacerlo y veré. Pero extrañar, no. Veo a los chicos bailar y lo disfruto.
-¿Cómo te llevás con esta faceta creadora, de coreógrafo?
-Me gusta. Ahí uno plasma lo que uno es en definitiva. Sobre todo en estas obras que bailé tanto, en muchísimas versiones distintas, como Don Quijote. Las coreografías dependen un poco de la idiosincracia del coreógrafo, de dónde viene. La impronta que le ponés es la de tu sociedad, del lugar donde creciste y creo que es un poquito decir “yo lo veo así”. De todas las veces que bailé Don Quijote, en cada uno siempre le di una vuelta de rosca artística, como impronta a mi coreografía.
-¿Cómo definís tu impronta?
-Muy artística. Creo que lo más importante cuando uno baila es contar el cuento sin palabras, porque la gente se acuerda de eso, no se pone a contar cuántas veces giraste, sino qué le hiciste sentir.
-A alguien que no suele ver ballet, ¿qué le dirías para que se acerque a ver esta obra?
-Les diría que van a ver bailar mucho, porque si hay algo particular en mis coreografías es que todo el mundo baila mucho. No son coreografías estáticas, me gusta que el cuerpo baile, de eso se trata la danza. Además pueden venir en familia, porque es muy divertida para grandes y chicos.

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