"Yo le puse pasión a un estilo" | Diario EL PAIS Uruguay

NOTA DEL BLOG: Recordamos que los shows de Valeria Lynch en el Colón no pertenecen a la temporada oficial del teatro, sino de negocios privados de la productora del exdiputado Pro Avelino Tamargo, a quien Macri le prometió usar el Teatro Colón para su lucro privado varias veces por año.

VALERIA LYNCH
“Yo le puse pasión a un estilo”
La popular cantante argentina llega el sábado 7 de mayo al Palacio Peñarol.

“No es la política la que divide a los argentinos: es el fanatismo. Foto: D. Borrelli

CARLOS REYES26 abr 2016

El show se llama Valeria con todo y viene dando una gira en Argentina y otros países. En Uruguay, ya fue presentado en San José, Paysandú, Punta del Este y en diez días llegará a Montevideo, para dar una única función en el Palacio Peñarol, el sábado 7 a las 21.00, con entradas en Abitab, desde $ 2.190 a 940. “El espectáculo recorre canciones del nuevo CD, que tiene el mismo nombre, y están los éxitos de siempre, que la gente quiere escuchar, y no puedo dejar de hacerlos nunca. Ya son una marca registrada, y la gente los quiere tanto. Va a haber muchas sorpresas, y algunas no las puedo contar: pero puedo adelantar que como al día siguiente es el Día de la Madre, voy a hacer un bloque dedicado a las mamás”, explica.

“Ámame en cámara lenta”, “Qué ganas de no verte nunca más”, “Mentira”, “Piensa en mí”, son algunas de las muchas canciones que el público pide y que no pueden faltar. “¿Yo sabés qué hago? Cuando armo un show, no me pregunto qué pongo, sino qué saco. Porque son tantas las canciones mías que han quedado en el gusto popular, que muchas veces tengo que dosificarlas, o ponerlas en un popurrí: las disfrazo un poco para que entren todas y que la gente se vaya conforme”, agrega la popular artista, cuyas canciones no solo han entrado al mercado de América Latina y Estados Unidos, sino también a Israel, Egipto, Rumania, Rusia, Polonia, Hungría, Australia, Grecia, Filipinas, Turquía, España, Holanda, Japón e Italia, entre otros sitios.

“Antes de empezar la entrevista, quiero aclarar que el público puede ir tranquilo, porque dicen que el sonido no es bueno, pero nosotros venimos dos días antes, mi sonidista refuerza el sonido, que va a ser espectacular. No se preocupen por eso”, advierte Valeria Lynch, con una enorme sonrisa en el rostro.

—¿Capaz que a vos lo que más te preocupa es la voz, y el público en lo que más se centra es en las letras?

—Sí. Yo quiero estar 10 puntos, no desafinar nunca, estar técnicamente apta para hacer un show que salga como yo quiero, con todo. Pero me di cuenta que la gente no se fija en eso: no le importa si una desafina una nota. A la gente le importa la canción que quiere escuchar, con la que tiene una historia, que puede tener que ver con algo que le pasó con esa canción y se identifica con ella. Los músicos y los cantantes a veces pensamos que tenemos que estar impecables, y el público no está en esa sutileza. Está en otra cosa, que tiene que ver con el gusto popular, y con sus sentimientos.

—El género romántico tiene cierta subestimación por parte de cierta intelectualidad.

—Hay como cierto prurito, pero creo que no es de los intelectuales, es de los propios artistas. Sin embargo, Frank Sinatra era romántico, y estaba bien que fuera. Barbra Streisand también. Y las óperas, que son la música más popular que uno se pueda imaginar. Yo tuve la suerte de hacer mi concierto sinfónico en el Teatro Colón el año pasado, dos funciones llenas. Para mí fue algo único: no es tan fácil para un artista popular entrar en un teatro como el Colón, bastante cerrado para eso. Son contados con los dedos de una mano los artistas populares que entramos allí. Y a lo mejor hay gente que nunca hubiera conocido la maravillosa arquitectura de ese teatro si yo no hubiera actuado allí. Me gusta abrir la cabeza, la mía y la de otras personas. Y no prejuzgar. Soy una artista popular y agradezco serlo: eso implica ser querida, respetada, pero ser popular también puede implicar ser prestigioso.

—La gente en general creo que no sabe quién te escribe las canciones.

—No tengo un compositor definido, pero sí dos o tres, que son los que tienen que ver con mi estilo de cantar. El Paz Martínez es uno de ellos: me ha dado muchísimos éxitos. Él es un observador de lo cotidiano, de las historias de la vida diaria. Y la gente acepta mucho esas letras, y las desmenuza: son fáciles pero no dejan de tener poesía. También a mí me gusta mucho escribir y componer, he compuesto muchas canciones para tiras, como La extraña dama. Yo en mi repertorio trato de hacer un equilibrio: no poner mis canciones solo porque sean mías. Compongo bastante, he hecho algunas canciones, pero no es mi objetivo. Me gusta tener buenos autores, buenos compositores.

—De tu repertorio más exitoso no hay canciones hechas por vos…

—Sí, “Háblame de amor”, “La vida pasa”, muchas de tiras de telenovelas. Esas tres son las más importantes. Después tengo muchas más, pero que solo conocen los más fanáticos.

—¿Qué partenaire recordás especialmente de tu carrera?

—Un montón, yo canté con todos: El Negro Lavié, Pappo. Tuve tantos. Y de Uruguay, Lucas Sugo, un cantante que conocí hace poco, pero que es un gran luchador, viene luchando desde hace años. Y cuando lo conocí vi que era una buena persona, y eso me encantó. Hablé con un par, con un tipo que sabe que la fama es puro cuento.

—Te jugaste a una manera de cantar muy personal…

—Fui dueña de un estilo diferente. En la década del 80 salí a cantar con un estilo propio, no porque me lo propuse. Fue mi forma de expresarme. Algunos dicen que grito: otros que soy recontra afinada. Yo tengo mucho de tana, que tienen mucha polenta. Le puse pasión a un estilo, y me convertí en una artista diferente.

—¿Qué buscan los alumnos en tus academias?

—Hay de todo: yo me centro mucho en los que en verdad tienen condiciones y ganas de prepararse. Porque es una lucha, no es fácil. Lo que te muestra la tele, en los programas donde se ven artistas nuevos, es eso: televisión. Termina el programa, y el productor se va a hacer otro programa y se olvidó del artista. Yo tengo 16 escuelas en este momento, incluyendo la de Montevideo: y yo les bajo mucho el ego, les insisto en que lo más importante es mantener la sencillez. Y estar preparado sobre todo para los fracasos. Para los éxitos todos estamos preparados. Todos tenemos fracasos, o cosas que no nos salen como uno quiere.

—¿La política ha dividido a los artistas argentinos?

—Sí, cosa que me da mucha pena. En realidad no es la política, es el fanatismo, la toman como si fuera River-Boca. O sos kirchnerista o macrista. Creo que tenemos que ser más tolerantes, y si el otro tiene una opinión distinta, aceptarla aunque uno no esté de acuerdo. Eso ayuda al crecimiento de un pueblo, y a la unión de los argentinos. Yo en mi familia lo vivo, tengo hijos que son cristinistas y otros que no. Entonces decidimos no hablar más de política, aunque lo genial hubiera sido discutir aunque no se piense lo mismo.

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