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La filantropía de Alberto Chang
El creador del Grupo Arcano, que hoy está acusado de estafa y lavado de activos, apoyaba, a través de una fundación que lleva su nombre, a personas e instituciones. O al menos, eso era lo que él decía.

Por Matías Sánchez 07 de mayo del 2016 /

-¿Aló? ¿Con Mario Bobadilla?

-Sí, con él.

-Mario, nos gustaría saber qué relación tiene usted con Alberto Chang.

-¿Quién es Alberto Chang?

-¿No lo conoce? Según The Alberto Chang Foundation usted fue uno de los becados que recibió apoyo para estudiar Técnico en Administración de Empresas en AIEP y luego Ingeniería Comercial en la Universidad de Santiago. 

-No, yo nunca he estudiado esas carreras y nunca he recibido ayuda de ese tal Alberto Chang.

-Su foto está en la página de la fundación. También sale publicado que sus cinco hermanos se sacrificaron para que usted estudiará en la universidad.

-¡Yo ni siquiera tengo cinco hermanos!

Alberto Chang, chileno nacido en Perú, se había transformado en un referente para los emprendedores locales y en una figura connotada entre los inversionistas, especialmente para los más de mil que hicieron aportes para participar en su portafolio. 

Pero desde fines de marzo ha ido quedando claro que el personaje estaba lejos de ser lo que decía, y que por mucho que en Chile se hable de una crisis de desconfianza generalizada, no somos especialmente suspicaces cuando hay menciones a Google, fotos con Bill Clinton o Richard Branson y promesas de altas rentabilidades de por medio.

Con los días se ha sabido que Chang no habría ido a la Universidad de Stanford, que no es dueño del uno por ciento de Google y que sí creó el Grupo Arcano, la empresa por la que hoy está acusado por delitos de estafa, lavado de activos e infracción a la Ley de Bancos y Valores.

Lo que le iba quedando era su veta filantrópica a la que él daba curso vía The Alberto Chang Foundation, institución con dirección en San Damián en la comuna de Las Condes, donde estaban las oficinas de Onix Capital S.A., la sociedad que captaba los fondos que después se invertían en empresas del Grupo Arcano. Hoy nadie contesta el teléfono que figura a nombre de la fundación y en los registros de dominio del sitio web no aparece otro contacto que el del propio Chang. 

De acuerdo con esa misma página, es una institución sin fines de lucro que ayuda a quienes no cuentan con los recursos para seguir estudios técnicos o universitarios. “Nuestra motivación son las personas detrás de cada beca entregada y nuestro compromiso es acompañarlos durante toda su carrera, entregándoles el apoyo financiero, académico y laboral para que puedan cursar sus estudios, mantenerse económicamente e insertarse exitosamente en el mundo laboral”, explica en el sitio, que además publica las fotos de 13 jóvenes a los que han apoyado. Entre ellos Mario Bobadilla, quien se enteró que su nombre estaba ahí cuando lo llamamos. O Freddy Valera, concertino de la Orquesta Estable del Teatro Colón en Buenos Aires, cuya carrera la institución dice haber apoyado. “Nunca he recibido dinero de él”, dice Valera. “Me pusieron ahí como si los conociera y nunca he hablado con él ni con la fundación”, asegura.

Un caso distinto es el Sebastián Conejeros, quien explica que a él sí lo financió ese organismo. Llegó ahí hace dos años a través de un amigo que le dio el dato de que la institución recibía postulaciones. Desde que comenzó sus estudios de Ingeniería en Gestión Logística en INACAP, le han pagado sus estudios: “Estoy complicado porque los pagarés están a mi nombre y tendré que adquirir la deuda que ellos se comprometieron a pagar”, dice.

La institución de Chang, a través de la web, dice que no sólo apoya a personas, sino que también ha donado a distintas fundaciones nacionales y extranjeras. Por ejemplo, que ayudó a crear el primer Museo del Holocausto en Chile. Pero hasta donde se sabe, esa institución no existe. Lo más parecido es el Museo Interactivo Judío de Chile, que tiene una sección sobre el Holocausto. “Alberto Chang y su fundación nunca nos dieron fondos y ni siquiera participó en la creación de este museo ni lo conoce. Nada, cero”, dice Alejandra Morales, directora de la institución, quien luego agrega: “A mediados del 2010 se habló de hacer un museo del Holocausto y Chang  ofreció fondos para que se construyera, pero nunca llegó a nada. Lo más lejos fue que David Senerman, que trabajaba con él, fue a un par de reuniones en alguna parte fuera de Chile a conocer otros museos. Nada más”. 

Otra fundación que aparece entre las beneficiarias en la página web es CreceChile. Ellos también desmienten los aportes y dicen que revisaron los certificados de donación de los últimos 10 años y no hay dineros provenientes de Alberto Chang o su fundación. El único registro de él se refiere a la cena anual que realiza la institución. “Él participó en una de las mesas de aporte de la cena del 2009. Llegó a través de una invitación que le realizó un voluntario, pero nosotros nunca lo hemos invitado. Tampoco hemos recibido alguna donación de él o de la fundación. No tenemos ningún certificado de donación”, sentencia Martin de Mussy, uno de los fundadores de CreceChile.

En el caso del Colegio Santa Úrsula de Vitacura, la fundación de Chang asegura que entregó dos becas de escolaridad por medio de la Corporación de Beneficencia Santa Ángela, que pertenece al establecimiento.Ellos dicen que recibieron sólo una, en 2013.

Mientras tanto, José Hinzpeter, uno de los abogados de Chang, explicó que la fundación no es un tema que hayan abordado todavía, que no tiene información y que por el momento tienen procupaciones más urgentes: la extradición, la quiebra y la mamá del acusado, Verónica Rajii, con prisión preventiva.

En el extranjero, Future4Children sí confirma los aportes. “Estoy al tanto de que Alberto Chang está siendo investigado en este momento. Nuestra organización efectivamente recibió una donación de su fundación en 2013 que sumaba 30 mil dólares”, dice desde Suiza Trude Stene, fundadora y presidenta de esa organización.   

También le aportó más de 30 millones de pesos a la Universidad de Oxford y aseguró un ticket de vuelos espaciales en SpaceShipTwo de Virgin Galactic, que por estos días debe estar ansioso por usar. 

La filantropía de Alberto Chang

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