Entre el nervio italiano y la solemnidad – 15.05.2016 – LA NACION

Entre el nervio italiano y la solemnidad
Cecilia Scalisi LA NACION Domingo 15 de mayo de 2016
Toda visita de una gran orquesta extranjera supone una expectativa en la vida cultural de la ciudad, máxime cuando ese organismo se presenta como el portador de una tradición especial (en este caso: la primera agrupación orquestal en Italia dedicada exclusivamente al repertorio sinfónico), bajo las órdenes de un director de sobrado renombre internacional como es Antonio Pappano, y con una propuesta en el repertorio llamativa y original. La Orquesta de la Academia Nacional de Santa Cecilia de Roma, invitada por el Mozarteum Argentino, colmó ciertamente esa expectativa con un par de extraordinarios conciertos.

Tal como podía esperarse, la apertura le fue reservada a Verdi con un magnífico fragmento orquestal de la ópera Luisa Miller. Pappano exhibió con soltura sus reconocidas habilidades en el género (experto director de ópera, exitoso al frente de la Royal Opera House de Londres desde hace quince años), brindó una interpretación placentera, llena de frescura, agilidad y transparencia en las filigranas, sin perder de vista el nervio verdiano a flor de piel, los reflejos, las reacciones veloces, un toque de solemnidad y la pintura de un drama en el trazo eficiente de pocas pinceladas.

En el plato fuerte de la primera parte, se escuchó a Beatrice Rana como solista del Concierto Nº 1 de Chaikovski. Fue notable la solvencia y el aplomo de esta joven de apenas veintitrés años al abordar una de las piezas más amadas y temidas del gran repertorio pianístico. Entre las cualidades de Rana están el virtuosismo seguro, puesto a prueba, por ejemplo, en las dificultosas entradas en las que el piano queda totalmente al descubierto; en las famosas octavas, limpias en la articulación, la relajación de hombro, brazo y muñeca (siempre con gestualidad serena, sin demagogias ni esfuerzo sobreactuado); en la precisión de los acentos en el tercer movimiento y en la abundancia de la sonoridad nunca traspasada por el caudal del conjunto. En todos estos sentidos, la ejecución de la talentosa Beatrice Rana fue impecable. En el sentido expresivo, en cambio, su interpretación sonó distante y neutral, hizo añorar en su fraseo la expresión apasionada y dolorosa de Chaikovski. Le faltó quizás un cierto toque de vehemencia al canto; mayor vuelo en las frases lentas, un rapto de locura romántica en la concepción general. Y así como la propia obra contiene ese rasgo absolutamente único, del tema del inicio que tanto hace anhelar su vuelta aunque jamás regresa, la lectura hizo desear una expresión más emocional. El virtuosismo de Rana fue reconocido en el aplauso, que a su vez retribuyó, fuera de programa, con una transcripción de Liszt sobre Schumann.

Lo extraordinario del concierto, en cuanto a ejecución y originalidad de propuesta fue la segunda parte con la Sinfonía Nº 3 op. 78 de Camille Saint-Saëns. Fue un hallazgo la singularidad de la obra que permitió el lucimiento de la orquesta en su plenitud, esto a través de la fina instrumentación de la que hace gala Saint-Saëns, la exuberancia de ideas, el exotismo tímbrico, el ajuste en los cambios de atmósferas y, lo mejor, la creación de un clima sostenido de principio a fin, con líneas elegantes, sorpresas, suspenso y la dimensión espiritual aportada por el color del órgano en magistral presencia de Danielle Rossi, con vibrantes notas pedal. Fue impactante el brío del Maestoso casi en el final y -el momento musicalmente más intenso- el Adagio central que alcanza un clímax de carácter solemne y reflexivo insuperable.

A la hora de los bises, Pappano recordó las visitas de Puccini a la Argentina y le rindió homenaje con el Intermezzo de su ópera Manon Lescaut (una perla de intensidad melódica, dulce y emocionante como sólo Puccini supo hacerlo) y la Danza de las horas de La Gioconda de Ponchielli. En resumen: una presentación magnífica de la orquesta romana a cargo del avezado maestro Pappano que la condujo con precisión, sobriedad y excelente gusto.

Orquesta de la Academia Nacional de Santa Cecilia de Roma / Director: Antonio Pappano / Solistas: Beatrice Rana (piano), Daniele Rossi (órgano) / Obras: Sinfonía de la ópera Luisa Miller (Verdi); Concierto para piano y orquesta nº 1 en si bemol menor op. 23 (Tchaikovsky); Sinfonía nº 3 en do menor op. 78 “con órgano” (Saint-Saëns). Mozarteum Argentino / Sala: Teatro Colón / Nuestra opinión: Muy bueno.

Pappano, un maestro de la sobriedad y la precición

Pappano, un maestro de la sobriedad y la precición. Foto: L. Morsia

Entre el nervio italiano y la solemnidad – 15.05.2016 – LA NACION

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