El teatro aleman, desde adentro – 16.05.2016 – LA NACION

El teatro aleman, desde adentro
Poderío y paradojas de una gestión pública modelo
Alejandro Cruz LA NACION Lunes 16 de mayo de 2016
BERLÍN.-La maquinaria del teatro alemán tiene algo de impactante por la potencia de sus creadores, su propia historia, sus nombres de referencias en el entramado de la escena mundial y, por otro lado, por el poderío de su teatro público.

El presupuesto anual destinado a las 140 salas de este tipo es de dos mil millones de euros. Berlín ocupa un lugar central en este entramado. Como suele suceder en otras capitales, acá hay varios circuitos: el alternativo, el público, el profesional, en el cual trabajan algunos actores de llegada más masiva, y el comercial en sí mismo. El sostenido con dineros públicos, sea dinero federal, regional o municipal, es un caso en sí mismo. En lo que hace a teatro, porque la ópera tiene sus propias salas, que son cinco: la Volksbühne, la Schaubühne, el Gorki, el Berliner Ensemble y el Deutsche Theater. Para darse una idea, todos ellos superan el promedio presupuestario destinado a cada sala. De hecho, la Volksbühne cuenta con ocho millones anuales. Cada una de estas salas destina alrededor del 80 por ciento de ese presupuesto en pago de salarios, mantenimiento e infraestructura. Al mismo tiempo, tienen un promedio del 80 por ciento de frecuentación de público en sus salas (porcentaje más que respetable).

El Theatertreffen Berlín 2016, el festival de habla germana que está teniendo lugar en estos días, forma parte de esta maquinaria de gestión pública. Es, desde 1964, una de las tantas vidrieras de este poderío artístico y económico. En todos estos años el encuentro ha tenido 9 directores artísticos y 89 jurados, y se han presentado 574 montajes en más de 70 salas. Como es costumbre, el jurado selecciona las obras más destacables del teatro en alemán (una forma de incluir a Austria y a Suiza y de hacer un recorte que acá mismo se discute).

Este año, el jurado, compuesto por seis hombres y una única mujer (dato un tanto llamativo), cumplió con ese rito de viajar durante el año tratando de lograr una muestra representativa (o representativa dentro de lo establecido, quizá se podría agregar). El jurado tiene una regla, cuenta Barbara Burchhardt, su única integrante mujer, en una charla con un grupo de 20 gestores, directores de encuentros escénicos y periodistas de todo el mundo: “Si uno de nosotros, al llenar una ficha, dice que la obra analizada es digna de ser tomada en cuenta, obliga al resto a verla”. Los alemanes parecen ser estrictos con eso tanto como con la puntualidad.

De los 10 montajes elegidos, tres son berlineses. Lo cual, por elevación, habla del rol protagónico que ocupa esta ciudad en materia cultural. Las tres obras seleccionadas son producciones de esas cinco salas públicas. Cada una de ellas tiene un perfil determinado que puede ir variando con el tiempo. Del Berliner, el templo de Brecht y que volvió a tomar real significación durante la gestión de Heiner Müller, dicen varios en voz baja que quedó como una pieza un tanto museística o como atracción turística. El Deutsche Theater, sala decididamente hermosa, tiene el aura de ser un teatro de lo establecido, de eso que en cualquier capital se llamaría “el buen teatro”. En contraposición, el Gorki, en los últimos años, comenzó a trabajar una línea de experimentación más arriesgada que ya le está dando sus resultados.

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Desde la reunificación, ese terreno antes lo disputaban la Volksbühne y la Schaubühne. La primera está ubicada en un lugar emblema del Este, a pocas cuadras de Alexander Platz y a metros de Rosa-Luxemburg Platz. Es un imponente edificio de perfecta articulación con su entorno urbano. “El teatro que hacemos está dirigido a perturbar los mundos emocionales de los espectadores”, dijo a principio de este siglo Matthias Lilienthal, su dramaturgista en jefe. Del otro lado de la ciudad, la Schaubüne está sobre la avenida principal del Oeste y en donde están las grandes marcas (desde la gestión de Peter Stein en la década del 70, la Schaubüne es otra de las grandes “marcas” del teatro alemán).

La Volksbühne está dirigida desde hace 25 años por Frank Castorf (figura icónica del teatro germano que alguna vez presentó una obra suya en el marco del FIBA). La Schaubühne, desde hace 15 años, por Thomas Ostermeir (otra figura icónica). O sea: pasan los gobiernos y ellos quedan. En su oportunidad, Ostermeir asumió la codirección artística de esta sala junto con la coreógrafa Sasha Waltz (la misma que en junio presentará Dido y Eneas en el Teatro Colón). En su momento, la designación de esta dupla armó un buen revuelo. Básicamente por ella: mujer, mujer joven, mujer joven y coreógrafa.

Como carta de presentación, Waltz estrenó Körper, espectáculo que hace 15 años también pasó por el FIBA. Más que una carta de presentación, fue una especie de manifiesto. “Con el estreno de Körper, Waltz desnuda la Schaubühne limpiándola de los inmensos decorados de los que hacía gala la generación anterior. Si existe una metáfora para el hecho de regresar al origen evitando el artificio, eso está encarnado en Körper”, aseguró en su momento la publicación del Festival de Edimburgo. Claro que Waltz duró 5 años, porque cuando percibió que el poder político la condicionaba, pegó el portazo. Por su parte, Castorf dejará su puesto el año próximo. Rodeado de un grupo de colaboradores, quien asumirá la dirección de la sala es Chris Dercon, el ex director de la Tate Gallery de Londres. Su designación también armó revuelo. “Muchos artistas van a Londres, pero Londres se ha quedado estancada en su desarrollo. En Berlín, en cambio, hay una constante transformación”, dijo. O sea que el señor de las vanguardias en las artes visuales es el que estará a cargo de una de las salas de teatro de mayor trascendencia de Berlín y del mundo teatral occidental. Una sala que, en su terraza, preserva con cierto orgullo su cartel que dice “Este” como si fuera un gesto paradojal para la escena del arte que ya no repara en nacionalidades.

Der Die Mann, en la sala EVolksbühne

Der Die Mann, en la sala EVolksbühne. Foto: Gza. Thomas Aurin

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