Nelson Goerner en el Colón: Encuentro con las emociones

Clarin.com | Extra Show | Música | 01/06/16
Nelson Goerner en el Colón: Encuentro con las emociones
El pianista argentino convirtió su concierto en un espacio de reflexión y de comunión espiritual.

Goerner. Fusión de la precisión alemana y la sensualidad francesa.

Goerner. Fusión de la precisión alemana y la sensualidad francesa.

Como casi todos los años, el pianista Nelson Goerner volvió a presentarse en el Colón, el martes. Y como siempre, convirtió ese enorme templo del rojo y el oro en una capilla para el reencuentro con las emociones más íntimas.

Una vez más, y como ocurre en cada una de las ocasiones en las que el pianista argentino se presenta en el país, sus programas son retiros espirituales, momentos de reflexión impulsados por la abstracción del sonido. Y esta vez, también como siempre, de la sobriedad de sus gestos, de la falta de exceso de sus interpretaciones, surgió esa empatía emocional, una rara epifanía de comunión universal.

La Chacona en sol mayor, de Haendel, no fue sólo la puerta de entrada a una atmósfera de pura música, de pura expresión. A través de esa pieza interpretada como un arco de arquitectura exacta y colores sublimes, Goerner introdujo el encuentro de dos mundos que no suelen fundirse en la música, al menos en el piano (y quizá tampoco demasiado en la realidad): el de la precisión alemana y la sensualidad francesa en vínculo emocional.

Lo que siguió fue resonancia y amplificación de aquello. Las Danzas de la Liga de David, el diálogo entre Eusebius y Florestán -los ánimos contrastantes a través de los que Robert Schumann definía su propia personalidad-, tocaron el abismo y el cielo, y por momentos incluso, aunque suene absurdo, al mismo tiempo.

Podrían definirse una a una las cualidades técnicas de Goerner pero no se estaría diciendo nada sobre esta versión, ya no de una pieza de Schumann, sino del tormento de su vida, que en las manos de Goerner suena como el tormento de la humanidad misma. Imposible no dejarse arrastrar por los colores, articulaciones y pequeños cambios de velocidad que distribuye y realiza, con elegancia, administrando el ánimo.

Las danzas finales tuvieron un efecto demoledor. La última conversación entre Eusebius y Florestán, ese anteúltimo número que Schumann pide tocar “como desde lejos”, se escuchó como una despedida. El cierre, la reflexión solitaria de Eusebius, pudo ser el final del concierto, y se sintió como el final de una vida.

El intervalo no alcanzó para recuperar el aliento después de ese viaje abismal, pero el conjunto de piezas de Chopin -esa nube de notas que espolvorearon el final del segundo nocturno op. 55 o los timbres únicos con los que Goerner orquesta la popularísima polonesa Heroica- guiaron lentamente la salida del ensimismamiento.

Una pieza de Alexander Scriabin, un estudio del compositor ruso Felix Blumenfeld para la mano izquierda fueron dos de los bises. Y aunque el ánimo no era de celebración, la destreza que exige Blumenfeld provocó admiración y hasta alegría.

Las ovaciones lo obligaron a entrar por tercera vez. Y entonces, sí, para el cierre Goerner tocó el introspectivo preludio número 20 de Chopin, una elegía cargada de suspiros, resignada y triste.

Calificación: Excelente

Nelson Goerner (Piano) Obras de Haendel, Schumann y Chopin.

Mozarteum (2° ciclo) Teatro Colón, martes 31 de mayo.

Nelson Goerner en el Colón: Encuentro con las emociones

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