Homenaje a Rodolfo Rodríguez, ex ‘partenaire’ de Alicia Alonso | El Nuevo Herald

El Nuevo Herald (Miami) Danza | junio 7, 2016
 Homenaje a Rodolfo Rodríguez, ex ‘partenaire’ de Alicia Alonso 
Rodolfo Rodríguez tiene un gran sentido del humor y es un ‘raconteur’ formidable. Rodríguez fue bailarín en el Ballet Estable del Teatro Colón de Buenos Aires

 

Rodolfo Rodríguez, Pedro Pablo Peña y Baltasar Santiago Martín.

Rodolfo Rodríguez, Pedro Pablo Peña y Baltasar Santiago Martín. Cortesía Baltasar Santiago Martín

Baltasar Santiago Martín entrevista a Rodolfo Rodríguez.

Baltasar Santiago Martín entrevista a Rodolfo Rodríguez. Cortesía Baltasar Santiago Martín

Mary Carmen Catoya y Rodolfo Rodríguez demuestran los pasos del ‘pas de deux’.

Mary Carmen Catoya y Rodolfo Rodríguez demuestran los pasos del ‘pas de deux’. Cortesía Baltasar Santiago Martín

Olga Connor Especial/el Nuevo Herald

​El bailarín de ballet Rodolfo Rodríguez es argentino y tiene un gran sentido del humor –un tanto sardónico y un poco escéptico– que hace de él un raconteur formidable. Baltasar Santiago Martín es todo lo contrario, un ser ilusionado, cubano, pero sin sentido del choteo típico de esa nación, que cree firmemente en las artes, sobre todo las del ballet clásico, y es director de la revista Caritate y de la Fundación Apogeo.

Por eso no es de extrañar que Martín quisiera hacerle un homenaje a Rodolfo Rodríguez, quien fue un gran bailarín en el Ballet Estable del Teatro Colón de Buenos Aires, partenaire de Alicia Alonso, en el Ballet Nacional de Cuba, y fundador del Ballet del Teatro Teresa Carreño, en Caracas, Venezuela.

Pedro Pablo Peña es el empresario y anfitrión cubano, extremadamente serio, entregado a las artes, que ha hecho de su devoción una obra formidable al crear una serie de organizaciones artísticas cuya sede es el Centro Cultural Hispano para las Artes, en la calle Primera de la Pequeña Habana.

Los tres se reunieron la noche en que se celebró el homenaje en el espacio de Peña. Una bellísima representación de Mary Carmen Catoya, la bailarina venezolana, ahora del Arts Ballet Theater of Florida, fue una demostración de los pasos del pas de deux junto a Rodolfo Rodríguez, lo que dio gran animación al evento. Al final se puso en evidencia una autobiografía del bailarín, con fotos recordatorias de sus funciones en Cuba. También le entregaron una placa en nombre de la ciudad, firmada por el alcalde Tomás Regalado, y representando a todos los bailarines del BNC regados por el mundo, del Teatro Colón y del Ballet Teresa Carreño. Completó el acto música cubana al laúd, con Manuel Paneque.  

“Hay gente increíble que se acuerda de mí”, dijo con cierta picardía el homenajeado. “La gente me ve mejor de lo que fui, yo nunca me lo creía, y no es que sea modesto. Le debo todo al Teatro Colón de Buenos Aires, que está entre los cuatro o cinco mejores del mundo. Tuve una buena escuela. Cuando Alicia Alonso me vio bailar, me quiso contratar, pero luego me dijeron que estaba ciega. Ella se convirtió en un mito”.

Para él fue entonces una gran responsabilidad, más que una alegría, confesó, porque la consideró una superdotada. “Hay que tomar el pas de deux muy en serio”, afirmó. “No quise ser un virtuoso. Yo me conformé con la técnica básica, me analicé, y me dije ‘empezaste a los 17 años, no podés ser un virtuoso’, pero sí fui tremendo actor”.

Aludió a Ramona de Saa, directora de las academias del ballet en La Habana, que siempre tiene alumnos dispuestos a reemplazar a otros alumnos que se vayan de la isla, según Rodríguez. Aunque Sonia Calero no tiene nadie que la sustituya, afirmó, y allí estaba la bailarina en la audiencia para agradecerle su declaración. “Y es que los cubanos han tenido de todo, siguió diciendo, han tenido al violinista [Claudio ] Brindis de Salas, al ajedrecista [ José Raúl ] Capablanca, y a la que bailó conmigo, Alicia Alonso. Lo dio todo la islita, la isla tiene aché”, subrayó Rodríguez en argot “cubano”.

“Yo en la escena soy exquisito, pero en persona soy casi tosco, muy vulgar”, se autocriticó, riéndose de sí mismo. Entonces comenzó a dar datos de la estilística del ballet en Buenos Aires y en La Habana, y sus experiencias con el Ballet de Cuba, que considera de una base escolástica muy seria. “Los cubanos”, dijo, “tienen mujeres de feminidad incontrolable y los caballeros son graciosos”.

El libro de Rodolfo Rodríguez se titula Cuaderno de Memorias, y se puede resumir en unas palabras: “Trato de hacerlo como dice Paul Anka en la voz de Frank Sinatra, My Way”. Porque es un libro collage de recuerdos y de fotos, y entre unos y otros nos da clases de ballet también. Ahí se ve la carrera excepcional que tuvo, las estrellas del ballet que conoció y –¿por qué no decirlo?–, lo buen mozo que siempre ha sido.

olconnor@bellsouth.net

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