Un baño de agua fresca

Clarin.com | Extra Show | Música | 08/06/16
Un baño de agua fresca
Dido y Eneas. La ópera de Henry Purcell sube en el Teatro Colón una gran realización de Sasha Waltz.

Prólogo. Sorprendente coreografía acuática. Foto: Arnaldo Colombaroli.

Prólogo. Sorprendente coreografía acuática. Foto: Arnaldo Colombaroli.

Federico Monjeau fmonjeau@clarin.com

Cuando uno llega al Colón para ver una ópera barroca y se encuentra con una gran pileta llena de agua suspendida en el medio del escenario y dos parejas que conversan en el borde, la imaginación o el recuerdo tiende a llevarlo para el lado de las audaces maquinaciones tecnológicas y acrobacias de La Fura dels Baus, por mencionar una compañía que se ha visto más de una vez en el Teatro.

Pero en la realización de Sasha Waltz no hay nada de eso. Cuando la primera pareja se arroja a la pileta desde bordes opuestos en exacta coincidencia con el primer ataque de la orquesta, nos damos cuenta de que la armonía no podría ser más perfecta, pese a provenir de una fuente tan impensada. Los buceadores-bailarines desarrollan una coreografía tan acompasada y sugestiva que parece que estuvieran oyendo la orquesta desde abajo del agua. De golpe la pileta luce tan integrada a la representación que uno es capaz de preguntarse, de modo algo infantil: ¿por qué no podrá ser todo siempre así?

Pero las cosas están debidamente dosificadas. La pileta, que además es una estilizada metáfora para una ópera de navegantes, es sólo el prólogo de una realización en extremo sutil e íntegramente coreográfica. Y también bastante libre, cabe agregar, ya que la puesta o, más bien, la versión de Sasha Waltz introduce una serie de variantes, comenzando por ese preámbulo acuático con sus respectivos recitados, que no está en la ópera de Henry Purcell, y siguiendo por significativas intervenciones, ya sea a la manera de una pieza dentro de otra (como en el logrado número del ensayo coreográfico) o por medio de grandes bolsas de silencio, exclusivamente confiadas a la danza.

La intervención llega a la música misma, como ese fulminante golpe de gong que cierra el solo del bailarín Gyung Moo Kimos (golpe que por cierto no está en la partitura de Purcell) o el fondo de bosque grabado para la segunda escena del segundo acto. Es notable que un conjunto de música antigua tan venerable como la Akademie für Alte Musik de Berlín se preste a una versión decididamente anti-arqueológica, que Christopher Moulds dirige con mano maestra. También el coro es alemán, el Vocalconsort de Berlín (las fuerzas locales están enfrascadas en la ardua preparación del próximo título de la temporada, Die Soldaten de Zimmermann).

El reparto está íntegramente duplicado, todo cantante tiene su doble coreográfico. Vocalmente el conjunto es impecable. El barítono Reuben Willcox (Eneas) acaso sea la gran figura de un reparto sólidamente completado por Aurore Ugolin (Dido), Debora York (Belinda), Fabrice Mantegna (Hechicera), Sebastian Lipp (Marinero) y Michael Bennett (Espíritu).

Dido y Eneas

Autor Henry Purcell Dirección musical Christopher Moulds Dirección escénica y coreográfica Sasha Waltz Reparto Aurore Ugolin (Dido), Reuben Willcox (Eneas) Sala Teatro Colón, martes 7. Repite 10, 11 y 12. Calificación Excelente

Un baño de agua fresca

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