Lopérfido: resistiendo con impunidad | Nuestras Voces

Lopérfido: resistiendo con impunidad
Por María Eugenia Ludueña | 12 de junio de 2016
El ministro de cultura porteño tiene pedidos de renuncia de parte de los artistas, emprendedores, trabajadores del sector y organismos de DDHH por negar a los desaparecidos, pero también por su mala gestión.

Se resiste a dejar el cargo y ni siquiera pidió disculpas públicas. Teatros cerrados, política de arancelamientos y un glamour frío que ya no le alcanza. Este martes, organizaciones como Madres Línea Fundadora, Abuelas de Plaza de Mayo, HIJOS Capital y otras inauguran una mesa de “acción de cultura y derechos humanos” en la ex Esma con un reclamo a la cabeza: Lopérfido Renuncia Ya.

La cita se convirtió en una trampa. Parecía casi inofensiva -la presentación de un libro en enero, a orillas del mar-, pero la charla alrededor del título “Cerrar la grieta: ideas urgentes para el reencuentro de los argentinos”, no avanzó en sentido profético. Más bien todo lo contrario. Esa tarde Darío Lopérfido, el ministro de cultura porteño, en diálogo con uno de los autores, cuestionó la cifra de desaparecidos y habló de dos bandos. Desde entonces la grieta no sólo se profundizó, sino que llevó el conflicto al núcleo duro de su gestión. Los espacios culturales emblemáticos de la ciudad de Buenos Aires -el BAFICI, ARTE BA, el circuito del teatro independiente, el Colón- se transformaron desde entonces en territorios donde se multiplican las actividades performáticas para exigir su renuncia.

Allí se resiste, se insiste y se disputan sentidos. Como hace unos días en el Parque Centenario, cuando hacia el final del musical interactivo Guerra -un espectáculo de Albert Pla en 3 D, de gira por el mundo, aquí programado por el gobierno porteño-, uno de sus protagonistas, el artista vasco Fermín Muguruza arrojó un potente grito al aire: “¡Renuncie Lopérfido ya!“. El anfiteatro estalló en aplausos.

“Los organismos y la comunidad artística no sólo lo declaramos persona no grata en cualquier evento que hagamos, sino que pedimos su renuncia indeclinable” (Taty Almeida)

Organismos de derechos humanos y trabajadores de la cultura lo vienen pidiendo formalmente a las autoridades, desde días después de las declaraciones. En febrero, los organismos se reunieron con el Jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, para pedir eso. Días después, más de 250 artistas e intelectuales también exigieron su alejamiento de los tres cargos que ocupaba entonces: en el ministerio de Cultura, en la dirección artística del Teatro Colón y en el Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA). En el FIBA, luego fue designado Federico Irazábal, periodista y crítico de teatro de La Nación.

En una carta dirigida al Jefe de Gobierno porteño, los artistas fueron más allá de las palabras de Lopérfido. Llamaron la atención sobre el hecho de que ocupara tres cargos: “a todas luces incompatible con la dedicación y vocación que cualquiera de esas tareas, por sí sola, acarrea”. No es la primera vez que Lopérfido se desdobla en diversos roles. Durante la presidencia de De la Rúa, fue secretario de Cultura y Comunicación de la Nación y vocero presidencial. Pero el colectivo artístico, llamó la atención sobre otro fenómeno, que sí se da por primera vez: “En ninguna capital cultural del mundo -y Buenos Aires se cuenta entre las diez primeras por mérito de sus artistas- un director de un festival internacional tan importante como es nuestro FIBA o director de un teatro lírico de renombre mundial como nuestro Colón es tan unánimemente resistido por la misma comunidad que da contenido y sentido a dichos espacios artísticos”. Lopérfido se ha convertido en un ministro de Cultura que gran parte de los trabajadores de ese campo repudian.

“Lopérfido puede decir eso sin pedir disculpas en público porque pertenece a un gobierno de derecha (escondido bajo la farsa utópica de la despolitización´) que demuestra con actos contundentes lo que él apenas manifiesta con torpes lapsus”, (Rafael Spregelburd).

“La comunidad cultural es un amorfo colectivo de muy diversas extracciones políticas pero que –evidentemente- debe tener algunas cosas en común: una preocupación por analizar la realidad, cuestionar la impunidad del poder, celebrar la ética profesional. Las horribles declaraciones de Lopérfido en Pinamar son una funesta declaración de principios y es lógico y necesario que los trabajadores de la cultura respondan con indignación, firmeza y constancia”, dijo a Nuestras voces Rafael Spregelburd. El director, actor y dramaturgo, protagonizó una discusión pública y privada con Lopérfido. Tras sucesivas columnas en el diario Perfil donde analizó sus declaraciones pero también la gestión de Cultura del actual gobierno, Spregelburd recibió encendidos mails del funcionario en que lo conminaba, con modos amargos, a discutir en un espacio abierto. Mientras, en su perfil de Facebook Lopérfido mostraba una cara amable, en la que pedía un intercambio “racional, humanista y plural”. “¿Supone él que de la espectacularización teatral de nuestra pelea se puede sacar algo más que frivolidad y monerías? Lopérfido quiere suponer que su debate es con uno o dos tipos, esto reduce la dimensión espantosa de su política general, que nos afecta mucho a todos los que queremos una cultura más rica”, dice Spregelburd

Éramos tan progres

En una reunión que organismos y personalidades del quehacer cultural mantuvieron con el Jefe de Gobierno porteño el 2 de marzo, le entregaron 10.000 nuevas firmas pidiendo la renuncia de Lopérfido. Se sumaban a las 9.500 que habían entregado antes. No alcanzó. Larreta dijo que Lopérfido ya se había disculpado al enviar tres cartas a familiares de desaparecidos, entre ellos, a Taty Almeida (Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora) -que estuvo en esa reunión-. Suficiente para mantenerlo en el cargo. “La entrevista con Rodríguez Larreta fue un fiel reflejo de la política de Estado con respecto a los derechos humanos que lleva adelante Macri y su gobierno”, dijo Almeida a Nuestras Voces. “La respuesta fue que Lopérfido tiene todo el aval del gobierno para seguir en su puesto. Pero seguiremos, de manera pacífica, como lo hemos hecho durante 39 años, pidiendo su renuncia”, dijo. Con el tono templado que la caracteriza, Taty agregó: “Los organismos y la comunidad artística no sólo lo declaramos persona no grata en cualquier evento que hagamos, sino que pedimos su renuncia indeclinable”.

El rechazo se plasmó en un documento que firmaron Abuelas de Plaza de Mayo, Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas, Buena Memoria y Memoria de la Santa Cruz, y remitido al jefe de Gobierno. Allí destacaron, entre otras cosas, que no se había retractado públicamente de sus dichos.

En abril, cuando llegó el BAFICI (Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente), Darío Loperfido seguía -sigue- sin retractarse. Caminaba entre los asistentes, cuando un grupito lo increpó: “¡Renunciá!, ¡pedí disculpas!”. Darío primero frenó a responder, pero luego se fue a paso raudo, no sin antes acusar: “¡Fascistas!

“Lopérfido puede decir eso sin pedir disculpas en público porque pertenece a un gobierno de derecha (escondido bajo la farsa utópica de la despolitización´) que demuestra con actos contundentes lo que él apenas manifiesta con torpes lapsus”, dice Spregelburd.

El BAFICI (junto con el el FIBA), es una de las criaturas más persistentes y celebradas de su anterior gestión como secretario de cultura porteño. Pero en aquellos tiempos, Lopérfido -cuentan los amigos que lo conocieron- era parecido y diferente. Un joven radical antimenemista, que tras una gran gestión en el Centro Cultural Rojas, le imprimió innovación a la ciudad de Buenos Aires. Una pieza que conectaba con Charly García y con el grupo Sushi. Junto a un grupo que también integraba Alejandro el Conejo Gómez -hoy ministro de cultura de la provincia de Buenos Aires- “le manejaban la cultura a De la Rúa. Armaban recitales, concertaban los reportajes con Página/12, estaban todos del mismo lado. Estábamos…”, cuenta una amiga que lo frecuentó en esos años. Lo recuerda como un seductor con sonrisa de Guasón. “Un tipo que a través de sus parejas conoció y frecuentó los mapas de relaciones que hacían la diferencia”. Una de las parejas más largas que tuvo -y que coincidió con su punto más alto de progresía y gestión cultural- fue con María Gabriela Epumer, guitarrista, cantante y bajista, pieza clave en la banda de Charly García, y puente decisivo en el modo en que Lopérfido sintonizó y capitalizó relaciones entre política y rock. La relación con María Gabriela terminó bastante antes de que el jefe político de Lopérfido y presidente, Fernando de la Rúa, dejara la reunión en helicóptero y un país en llamas.

En diciembre de 2014, después de una estadía en España y seis años de noviazgo, Lopérfido se casó con Esmeralda Mitre. Lo festejaron en el Tenis Club Argentino de Palermo, adonde la novia llegó de la mano de su padre, Bartolomé Mitre, director del diario La Nación. Inés Pertiné y Fernando de la Rúa estaban entre los invitados, junto con una larga lista de apellidos patricios pero también Martín Lousteau, Lilita Carrió, Karina Rabolini, Jorge Telerman, y Hernán Lombardi, que junto con Lopérfido es de los pocos funcionarios que sobrevivieron al grupo Sushi y a la caída de la Alianza.

“Cuando lo conocí no tenía mucha relación con su madre ni con su padre. El es un tipo abierto, mundano, un gran seductor, muy lector, melómano y culto, aunque no terminó el secundario. Es muy laburador, vive metido en su trabajo, muy abocado. Es un publicista importante, piensa cosas en función de los medios. Pero en aquellos tiempos en que era gestor cultural de la Alianza, su afán era ser respetado en Página/12 y hoy quiere ser respetado por La Nación”, -cuenta alguien que supo ser de su entorno-. “Se mueve con la impunidad de tener a La Nación de guardaespaldas. Hoy los nuevos directores de los festivales de cine y teatro, son dos críticos que, más allá de sus trayectorias, escribían hace años en La Nación”, -dice la misma fuente-. “Hoy funciona como representante de La Nación en la cultura y como representante de cultura en La Nación”, bromea.

Repudiarlo no te transforma en kirchnerista

Si bien este año el BAFICI no tuvo un evento de presentación importante, el repudio a Lopérfido sorprendió en la competencia oficial. Tras la proyección de La larga noche, de Francisco Sanctis, los directores Andrea Testa y Francisco Márquez tomaron el micrófono para repudiar los dichos del funcionario. Quintín, uno de los ex directores del festival, se levantó de su butaca y los insultó: “Vayansé a la puta madre que los parió”. En su blog, acusó a los “militantes-directores” de utilizar el festival “que para mí siempre fue un espacio de cordialidad y un lugar de tregua para las batallas políticas, para estos actos de malintencionada alevosía que toman a los espectadores como rehenes”.

Los directores también respondieron: “No entendemos por qué repudiar estos dichos nos transforma automáticamente en kirchneristas. No lo somos y nunca los hemos votado. Y no lo hemos hecho en silencio, marchamos decenas de veces por diferentes cuestiones en marchas abiertamente opositoras al gobierno kirchnerista (contra le ley antiterrorista, contra la criminalización de la protesta social, por justicia por Mariano Ferreyra o en solidaridad de diferentes conflictos obreros). También nos gustaría aclararte que ser kirchnerista, aunque no lo somos, tampoco nos parece una impugnación que inhabilita a nadie”.

“Quedó muy herido con la caída del gobierno de De la Rúa y volvió de España -donde trabajó en el Grupo Prisa- recargado. Lo que parecía antimenemismo en los 90, hoy se transformó en antikirchnerismo”, dice una amiga que lo conoció en su mejor época.

Nada es gratis

Para Spregelburd, parte de la estrategia de Lopérfido pasa por hacer de cuenta que todo es parte de la puja entre kirchnerismo y antikirchnerismo, y evitar discusiones de fondo sobre su plan cultural. “¿Por qué contesta Lopérfido que los desaparecidos no son 30.000 en un festival de cine? Porque hace falta todo el humo posible para ocultar lo que significa administrar cultura en un plan de país con un manifiesto vaciamiento del sector. Los teatros oficiales de la ciudad están cerrados“, asegura.

Cree que los motivos son varios: “Mal podrán acusar a la pesada herencia recibida: ellos mismos descuidaron al San Martín, al Alvear, a los festivales. Tal como describió Kartun en una elocuente reflexión sobre el teatro público, “Lo arruinaron. Les dieron un libro, no sabían para qué servía y lo usaron para equilibrar la pata corta de la mesa”. Las instituciones deben prestar un servicio, como lo hacen las escuelas. Lopérfido, en la vereda opuesta de este pensamiento (lo que ya para mí es motivo suficiente para pedir con creces su renuncia) declaró que el Centro Cultural Kirchner, que había sido público, popular y masivo, como Tecnópolis, debía arancelarse”.

“No nos merecemos como funcionario un tipo así. Las suyas fueron las declaraciones de un animal. En fondo, en forma y en contexto. De un gorilismo siniestro” (Mauricio Kartun)

“Las cosas nunca son gratis, se pagan a través de impuestos y es mejor que la gente pague menos impuestos y que hagan lo que quieran con su dinero”, dijo Lopérfido en una entrevista con la BBC. “La suspensión de los subsidios a la luz para los teatros va muy en consonancia con esta idea“. ¿Dónde está entonces el ministro que defienda a la cultura de los ataques de sus propios socios políticos? No será Loperfido, que prefiere convertir el acceso a la cultura en algo de ricos. Bah, como el acceso al gas, o a la luz, o a cualquier cosa que sea de primera necesidad. Por lo demás, mis impuestos no han bajado para nada. Y casi todos los teatros públicos hoy están cerrados”, dice Spregelburd.

“No nos merecemos como funcionario un tipo así”- dice Mauricio Kartun– . “Aun con las diferencias ideológicas que he tenido con su pensamiento, y las objeciones y acusaciones que hice y puedo hacer a su desempeño como funcionario del PRO; -y antes de la Alianza-, guardaba de él la imagen lejana de alguien del campo de la cultura, con esa sensibilidad y cota de pensamiento que, con altibajos, suele promediar el sector. Las suyas fueron las declaraciones de un animal. En fondo, en forma y en contexto. De un gorilismo siniestro”, dice el dramaturgo.

Más allá de la referencia al número de desaparecidos, lo que más estremeció a Kartún fue otro tramo de las declaraciones:“Si algún error cometió la dictadura militar, enorme, fue no hacer un proceso legal y hacerlos desaparecer y matarlos de esa manera”. “Atribuirle alegremente a la dictadura, la potestad de establecer un marco legal para ejecutar y hacer desaparecer ciudadanos de la oposición es una propuesta estremecedora”.

Desde hace dos meses, la rutina se replica en simultáneo en varias obras de teatro independiente. Después de la función y los aplausos, los elencos se dirigen al público: “Así como a la entrada les pedimos que apaguen los celulares, les pedimos si quieren prenderlos. Les queremos hacer escuchar una cosa y pueden grabar o filmar”. La sala se inunda con una edición de la voz de Lopérfido: “En Argentina no hubo 30 mil desaparecidos/ Hubo muertos por dos bandas armadas”. Actores y actrices leen: “En este momento, en otros teatros, otros elencos y trabajadores de la cultura están haciendo lo mismo. No vamos a convalidar con nuestro silencio que un ministro de Cultura ofenda a las víctimas del terrorismo de Estado. Insistimos que el ministro debe renunciar. Nos solidarizamos con abuelas, madres, familiares e hijos de detenidos desparecidos.  Y siguiendo su ejemplo lo declaramos a Darío Loperfido persona no grata”, rematan. La mayor parte del público aplaude con ganas. Algunas de las compañías teatrales que hicieron lugar a este repudio: Los corderos, Prueba y Error, Francotiradores, Lima Japón Bonsai, Esplendor, Lobo te amo, Solos, Cachetazo de campo,  Dínamo, Algo que no era, Paraje Das Unheimlich, Los Bla Bla, El Ardor, Cumbia para camaleones.

Cultura popular

Ahora que es director artístico del Colón -espacio de alto poder simbólico para el PRO, pero que hace 20 años juraba a sus amigos que jamás pisaría- promete llevar la música clásica a las zonas más pobres de la ciudad. “No es llevar la cumbia al Colón, sino al revés: llevar la cultura a la villa. Y aún así, se sigue asumiendo como progresista. Puede haber sido progresista en algún momento, pero decir eso y formar parte de este gobierno es diíficil de sostener. ¿Progresismo de derecha?” – se pregunta Conrado Geiger, periodista que lo conoció en 1988, cuando trabajaba en “Con Algunas Cosas Claras”, con Gustavo López por AM 950 Radio Belgrano.

Durante el BAFICI, habló de próximos pasos de la gestión, por ejemplo, llevar películas a las villas. “Sin ánimo de ofender, está muy bien, pero yo sugiero que lleven primero agua corriente, que les construyan un lindo cine, que les muestren que el Estado no olvida a sus pobres. Pobres a los que además han engañado con promesas que no piensan cumplir, sólo para que los votaran”, dice Spregelburd.

“En los 90, fue muy buen secretario de Cultura, impuso a la ciudad otra lógica, de avanzada, inteligente. Ni siquiera el macrismo pudo romper con eso”, dice Mariana Moyano, periodista.”Pero el PRO hoy comenta en lugar de gestionar en la Ciudad, como si olvidara que es gobierno hace tres períodos. Lopérfido es un personaje de la política que tiene el suficiente recorrido como para preguntarle más. Y tiene una tremenda capacidad de sobrevolar los temas sin quedar manchado”.

Esa habilidad volvió a quedar expuesta con los Panamá Papers. El nombre de Lopérfido apareció asociado a Supernova (mismo nombre que la radio pública que funcionó bajo su gestión en Nación) Productions: sociedad off shore dirigida por Antonio De la Rúa , ex pareja de Shakira. En el entorno de Lopérfido, que aparecía como vicepresidente, comentaban que se eligió ese país porque ahí estaba radicada la Fundación Alas, de la cantante.

“Es un personaje ateflonado, no ha pagado costos. Escribís el discurso que declaró el estado de sitio en 2001, que terminó con 33 muertos, y un día volvés a la política y salís a decir que no hubo 30 mil desaparecidos. ¿Nada te hace ruido de todo esto?”, dice Moyano.

“Creo que está intentado articular un punto ideológico inexistente para sostener su historia y tratar de integrarse con la nueva familia. En relación a sus declaraciones, él estaba repitiendo algo que en ciertos círculos lo podía decir”, dice Conrado Geiger.

Tarifazo mata cultura

En el plano cultural, Lopérfido no cosechó únicamente la declaración de persona no grata de referentes como Mauricio Kartun, Spregelburd o Ricardo Bartís. Los teatros independientes, las milongas y los clubes de barrio también se pronuncian contra él y, particularmente, contra los fuertes aumentos de luz y agua. Luego de protestas y movilizaciones, lograron una solución parcial: que Proteatro, un organismo que depende de Cultura de la Ciudad, les otorgue un subsidio de 50 mil pesos anuales a aquellas salas independientes que fueran parte de un registro previo.

Sebastián Blutrach es un empresario teatral y presidente de la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales (AADET). En 2012, decidió reabrir una sala icónica: El Picadero. Ese fue el lugar en que se realizó en 1981 Teatro Abierto, una medida de resistencia contra la dictadura. El edificio fue atacado y luego cerró en los 90 hasta que Blutrach se puso al frente de su reapertura. Desde su oficina en la terraza del teatro, el empresario repasó ante Nuestras Voces la situación que atraviesa ese ámbito. Según Blutrach, para el circuito off está en juego su supervivencia. Para los jugadores más grandes del mercado, la rentabilidad; por la suba en los impuestos y por la caída de espectadores, coletazo de la situación económica.

Al momento en que se anunciaron los tarifazos de agua y luz, desde AADET –una entidad en la que conviven productores de diversos sectores políticos con el objetivo común de defender al sector- pidieron una reunión con autoridades del Ministerio de Cultura de la Nación. Los mandaron a hablar con Cultura de la Ciudad. Ahí, desde la cartera de Lopérfido, les dijeron que tenían que hablar con el titular de Energía, Aranguren. El destrato no pasó desapercibido.

Blutrach considera que las palabras de Lopérfido en Pinamar fueron una gran provocación, un gesto desacertado. “Hay mucha gente que se dedica y dedicó a tratar de hacer justicia, de ser fiel a la verdad, a recuperar una verdad que al no haber cuerpos ha sido vulnerada. Hay mucha gente que le ha dedicado su vida a eso y hay un trabajo real. Con lo cual, hablar de esas cuestiones hasta con cierta altanería como hizo Lopérfido me parece un poco mucho”, dijo. Y concluyó: “Yo no le impido la entrada a mi teatro, pero si viene sabe que va a cosechar  lo que sembró y las personas que estén le pueden decir lo que piensan sobre su gestión y sus declaraciones”.

Blutrach compara a Lombardi, de perfil más conciliador (“tenía más voluntad que capacidad de resolver cuestiones y dentro de un espacio como el Pro es la mejor opción que podían tener”, define) y Lopérfido. “No entiendo mucho la  continuidad con el rechazo que se ha generado en la comunidad artística hacia él, es un poco incompatible. Es muy difícil que haga bien su tarea con la imposibilidad de dialogar con él. Todo el mundo está ofendido, hay desprecio. La cultura es un lugar de encuentro y lo que manifiesta este ministro de Cultura de la Ciudad es un lugar de gran desencuentro”.

Este martes 14 de junio, una actividad a favor de los derechos humanos y contra el ministro de cultura porteño:

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