[MC] Dido y Eneas de ópera a ballet

Mundoclasico | Argentina
Dido y Eneas de ópera a ballet
Gustavo Gabriel Otero
Desde su redescubrimiento en 1895, Dido y Eneas de Henry Purcell fue ganando espacio en el repertorio de los teatros del mundo a la vez que, tal como fuera concebida, comenzara a ser favorita en universidades y conservatorios.

A la Argentina llegó en versión escénica en 1953 en el Teatro Brodway y al Teatro Colón en noviembre de 1978 en la revisión orquestal de Benjamin Britten e Imogene Holst, en doble programa con Arlechino ovvero le finestre de Busoni. Volvió en septiembre y octubre de 2002 junto a El castillo de Barbazul de Béla Bartók y nuevamente en marzo de 2004 en una función fuera de los abonos organizada por el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón junto a la Universidad de Oberlin en este caso junto a Gianni Schicchi de Puccini. Favorita también de grupos de estudiantes y hasta de amateurs, en algunos años recientes en la Argentina se pudieron contabilizar más de cinco producciones diferentes en una misma temporada, realizadas por compañías independientes o conservatorios.

En esta ocasión el Teatro Colón ofrece Dido y Eneas en solitario, con la revisión musical de Attilio Cremonesi y en la versión coreografiada por Sasha Waltz que adiciona unos treinta minutos más a la obra y la convierte de ópera en ballet. Si la tomamos como espectáculo podremos afirmar es una gran producción, pero caben algunas aclaraciones que no fueron realizadas y que mueven a confusión. La reelaboración de la ópera de Purcell realizada por Sasha Waltz -que propone una escenificación totalmente coreografiada de la obra- debió ser promocionada como un espectáculo de Sasha Waltz basado en Dido y Eneas de Purcell. También correspondía haber explicitado que la ópera estaba llevada completamente al plano del ballet y quizás -como hizo la ópera de París en 2014 con la reelaboración danzada efectuada por Pina Baush del Orfeo y Euridice de Gluck- ofrecer el espectáculo dentro de las funciones de ballet y no dentro de la temporada lírica. 

'Dido y Eneas' de Purcel. Coreografía y dirección escénica, Sasha Waltz. Dirección musical, Christopher Moulds. Buenos Aires, Teatro Colón, junio de 2016.
‘Dido y Eneas’ de Purcel. Coreografía y dirección escénica, Sasha Waltz. Dirección musical, Christopher Moulds. Buenos Aires, Teatro Colón, junio de 2016. © Parpagnoli, 2016

En el inicio se reestablece el prólogo, los tres actos están completos pero se les agrega alguna página musical, se realizan repeticiones, se interpolan danzas silenciosas y se le intercala una clase de ballet clásico que parece tener como único fin que la obra dure un poco más y llegue a la hora y treinta minutos para poder conformar un espectáculo completo y no tener que ser escenificada con otro título corto.

Musicalmente las cosas son inobjetables. La Orquesta Akademie Für Alte Musik de Berlín suena perfecta, equilibrada, precisa, afinada y plena de contrastes y claroscuros excepcionalmente barrocos. De similar calidad el Coro Volcalconsort. La dirección de Christoher Moulds hace plena justicia a la partitura y con gesto decidido y plástico conduce a instrumentistas, solistas y coro hacia la excelencia.

De gran nivel la Dido de Aurore Ugolin por la belleza del timbre, la homogeneidad del registro, la articulación y la perfecta emisión, a lo que se puede agregar una notable presencia escénica y una beldad que realza el rol interpretado.

'Dido y Eneas' de Purcel. Coreografía y dirección escénica, Sasha Waltz. Dirección musical, Christopher Moulds. Buenos Aires, Teatro Colón, junio de 2016.
‘Dido y Eneas’ de Purcel. Coreografía y dirección escénica, Sasha Waltz. Dirección musical, Christopher Moulds. Buenos Aires, Teatro Colón, junio de 2016. © Colombaroli, 2016

La soprano inglesa Deborah York (Belinda), especialista en el género, mostró una voz pequeña pero bien emitida y con probada eficacia, mientras que el Eneas de Reuben Willcox fue sólido y seguro en el canto y adecuado en sus movimientos.

El tenor Fabrice Mantegna personificó una Hechicera mutada de sexo con esmerada línea mientras que el resto del elenco fue discreto pero profesional y ajustado.

Extraordinaria para algunos y no lograda para otros resulta la idea de Sasha Waltz de reestructurar una ópera para convertirla en una pieza de ballet contemporáneo con acompañamiento vocal en la que los cantantes solistas y el coro se funden a la perfección con los movimientos de los bailarines.

La realización y la concepción son magistrales en el plano estrictamente coreográfico, pero la danza lo eclipsa todo y hace confusa la acción teatral. Si sólo se presta atención a la música, al canto y a los movimientos sin importar lo que debería pasar teatralmente, la versión resulta una verdadera fiesta pero si se intenta comprender el drama de Dido y de Eneas la cuestión se hace dificultosa.

'Dido y Eneas' de Purcel. Coreorafía y dirección escénica, Sasha Waltz. Dirección musical, Christopher Moulds. Buenos Aires, Teatro Colón, junio de 2016.
‘Dido y Eneas’ de Purcel. Coreografía y dirección escénica, Sasha Waltz. Dirección musical, Christopher Moulds. Buenos Aires, Teatro Colón, junio de 2016. © Colombaroli, 2016

En el prólogo donde deben estar Febo, Venus y las Nereidas y Tritones, se ve un gran estanque lleno de agua suspendido en el medio del escenario, los personajes-bailarines entran y salen de la piscina con movimientos milimétricamente coreografiados y a medida que avanza la acción la gran caja de cristal comienza a vaciarse hasta quedar sin agua. Allí comienza la conocida obertura de la obra.

Todo el reparto está íntegramente duplicado, así cada cantante tiene su doble coreográfico y en los casos de Dido y la hechicera los cantantes están acompañados por dos bailarines cada uno, la directora exige y obtiene de cada cantante movimientos coreográficos así como lo hace con el coro. No hay que buscar a los cantantes dentro de la luz cenital tradicional sino dentro en un colectivo integrado por los danzarines. El uso de los cuerpos y sus vestuarios forman parte de lo escenográfico y la respuesta de los bailarines a esta mixtura de música barroca con coreografía contemporánea es de excelencia.

La iluminación de Thilo Reuter es espléndida. La escueta escenografía de Thomas Schenk y Waltz y el vestuario de Christine Birkle son funcionales a la estética general.

En suma: una propuesta diferente que conjuga una ópera barroca con instrumentos de época con un ballet contemporáneo en un espectáculo de alta calidad pero que convierte a una ópera en ballet.

Buenos Aires, martes 7 de junio de 2016. Teatro Colón. Henry Purcell: Dido y Eneas, ópera en tres actos. Libreto de Nahum Tate basado en La Eneida de Virgilio. Revisión musical de Attilio Cremonesi. Versión coreografiada de Sasha Waltz. Sasha Waltz, producción general, dirección escénica, diseño de escenografía y coreografía . Christine Birkle, vestuario. Thilo Reuther, iluminación. Thomas Schenk y Sasha Waltz, escenografía. Aurore Ugolin (Dido), Reuben Willcox (Eneas), Debora York (Belinda), Fabrice Mantegna (Hechicera), Céline Ricci (segunda dama), Sebastian Lipp (primera bruja y marinero), Michael Bennett (segunda bruja y espíritu), Yael Schnell, Michal Maulem, Virgis Puodziunas, Luc Dunberry, Manuel Alfonso Pérez Torres, Sasa Queliz, María Marta Colusi, Peggy Grelat-Dupont, Juan Cruz Diaz de Giraio Esnaola, Gyung Moo King, Takako Suzuki, Jirí Bartovanec y Sophia Sandin (bailarines). Coro Vocalconsort Berlin. Orquesta Akademie Für Alte Musik Berlin. Dirección musical: Christopher Moulds.

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Este artículo fue publicado el viernes 17 de junio de 2016

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