Renée Fleming en el Colón: Un recital de tono cálido y festivo

Clarin.com | Extra Show | Música | 30/06/16
Renée Fleming en el Colón: Un recital de tono cálido y festivo
Música. Renée Fleming La soprano estadounidense cautivó al público del Colón en compañía del pianista Gerald Martin Moore.

Bodas de Plata. Fleming celebró los 25 años de su debut. (Foto: Arnaldo Colombaroli) - prensa

Bodas de Plata. Fleming celebró los 25 años de su debut. (Foto: Arnaldo Colombaroli) – prensa

Federico Monjeau fmonjeau@clarin.com

Renée Fleming abrió este nuevo recital en el Colón con el mismo personaje de la Condesa con el que debutó 25 años atrás en el Teatro, como ella misma se encargó de recordar en su actuación anteanoche. La elección no pudo ser mejor: Porgi, amor, la bellísima aria que canta ese gran personaje mozartiano en el comienzo del segundo acto de Las bodas de Fígaro. Bodas por partida doble, de Fígaro y de Plata.

El recital en su totalidad mantuvo un tono conversado, cálido y festivo, con una selección bien diversa, aunque planeada con sentido del detalle y cierta progresión. La primera parte abrió con un bloque “antiguo”, la pieza de Las bodas y dos contrastadas arias de Haendel (la ligera Bel piaccere, de Agrippina, y la intensa V’Adoro Pupille, que canta Cleopatra de Julio César), y tras una breve pausa siguió con un conjunto de arias y canciones románticas francesas: C’est Thais, de Thais y Allons! Adieu notre petite table, de Manon, ambas de Massesent, y la canción Soirée en mer, de Saint Saëns (uno de los puntos más altos del programa), para coronar con un vals de gran efecto, Je t’aime quand meme, de Oscar Straus La segunda parte abrió con un bloque ruso: cinco canciones de Rachmaninoff, seguidas tras otra breve pausa por una selección de canciones italianas y españolas: O del mio amato ben de Stefano Donaudy; Aprile, de Tosti; L’altra notte in fondo al mare, el aria de Margarita en Mefistófeles, de Boito; Mattinata, de Leoncavallo; Estrellita, de Manuel Ponce; y La morena de mi copla, de Carlos Castellano Gómez.

Renee Fleming en el teatro Colon.
Foto prensa

Fleming volvió con el extraordinario Gerald Martin Moore, que tocó con la tapa del piano apenas entreabierta, en un segundo plano que no impidió sin embargo apreciar toda la belleza de su línea y su sonido. El sobretitulado para los textos de las canciones obligó a abrir parcialmente el telón, y aunque no se colocó una cámara acústica es probable que el solo corrimiento de ese gran muro absorbente haya mejorado un punto la acústica (en el distinguido Colón se ha naturalizado una auténtica aberración acústica: hacer música de cámara delante del telón cerrado, lo que antes no ocurría).

La voz de Fleming corre sin ningún obstáculo y su gama de matices dinámicos es indescriptible, aunque la parte rusa del programa acaso haya puesto en evidencia un aspecto negativo de una técnica de emisión que en principio nadie se animaría a reprochar: la neutralización idiomática, como si las lenguas perdiesen su color. Por momentos ella no parecía estar cantando en ruso (y no es necesario ser ruso para advertirlo).

Renee Fleming en el teatro Colon.
Foto prensa

Pero de todas formas su línea melódica cautivó desde la primera nota hasta la última. La soprano respondió a las ovaciones con una perfecta secuencia de tres bises: la Canción a la luna, de Rusalka (Dvorak), una canción de My Fair Lady (I Could Have Dance All Night), en la que invitó a cantar al público, y O mio babbino caro (Gianni Schicchi), de Puccini.

Renée Fleming en el Colón: Un recital de tono cálido y festivo

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