Daniel Barenboim en el Colón. Una magistral y fascinante progresión

Clarin.com | Extra Show | Música | 24/07/16
Daniel Barenboim en el Colón. Una magistral y fascinante progresión
West-Eastern Divan Orchestra. Al frente de su ya mítica orquesta juvenil, Daniel Barenboim ofreció un extraordinario programa mozartiano.

Equilibrio. Barenboim y la WEDO lograron un Mozart perfectamente contrastado. Foto: Pedro Lázaro Fernández.

Equilibrio. Barenboim y la WEDO lograron un Mozart perfectamente contrastado. Foto: Pedro Lázaro Fernández.

Federico Monjeau fmonjeau@clarin.com

El programa que trajo Daniel Barenboim para la apertura de este nuevo Festival es bastante diferente de lo que ha venido haciendo en Buenos Aires con la Orquesta del West-Eastern Divan, hasta el momento con repertorios más centrados en la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX (como, por ejemplo, en aquella inolvidable presentación en 2008 de las Variaciones op. 31 de Arnold Schoenberg junto con la Novena sinfonía de Anton Bruckner).

De todas formas, la presente selección de las tres últimas sinfonías de Mozart tiene también un fuerte trazo Barenboim: aunque cuando no hayan sido concebidas como una trilogía, las sinfonías 39, 40 y 41 forman un significativo conjunto y su ejecución sucesiva, como observó el director recientemente, es más que la suma de cada una.

La perspectiva de Barenboim no es, como se sabe, la de los especialistas. Barenboim no rehúye el principio del contagio de estilos y épocas, y su visión global, de largo alcance, le permite pensar las sinfonías mozartianas en relación con las óperas y los conciertos para piano del autor, que ha dirigido y tocado varias veces. Es así como el director puede distinguir las sinfonías de un Mozart “alemán” y las de un Mozart “italiano”. La 39, con su majestuosa introducción lenta, estaría más cerca del mundo de La flauta mágica, mientras que las otras dos, con su dualismo y el intenso dramatismo que se instala desde el vamos, pertenecen al ambiente espiritual de Don Giovanni.

Barenboim piensa en todo eso y lo hace oír. Seguramente no le interesa demasiado el número de instrumentos de la orquesta, ni si son o no son instrumentos de “período”, siempre y cuando se mantenga el equilibrio general. En este caso la cuerda empleó doce primeros y doce segundos violines, seis violonchelos y un número aproximadamente igual de violas, más cuatro contrabajos, además de la flauta y los pares de clarinetes, oboes, fagotes, cornos, trompetas y timbales.

Una orquesta algo mayor que la que suelen usar, no sin motivos, los actuales especialistas, con la justa finalidad de hacer sonar a Mozart sin el pesado lastre sinfónico-romántico del siglo XIX. Por su lado, Barenboim consigue con su orquesta moderna un Mozart punzante, perfectamente contrastado, altamente dramático y por momentos cristalino.

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Vienen ahora a la mente momentos como el Andante de la Sinfonía 39, con ese breve y luminoso pasaje de las maravillosas maderas solistas de la Orquesta; o el comienzo del desarrollo en el primer movimiento de la Sinfonía en Sol menor, tal vez el pasaje más dramático y armónicamente tenso de todas las sinfonías mozartianas, que Barenboim hizo sonar con una intensidad incomparable.

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Barenboim es un estratega del suspenso y la administración de las tensión, y al llegar al último movimiento de la Sinfonía Júpiter (la 41, en Do mayor) se produce la gran descarga de energía y la Orquesta parece a punto de volar. Con su polifonía gloriosa y magistral, Barenboim hace oír ese Finale como una gran coronación, ya no de una sinfonía sino del programa entero. Los músicos tocan radiantes y el violonchelo solista, en estado de beatitud todo el concierto, intercambia expresivas sonrisas con la primera fila de violines, entre ellos el concertino Michael Barenboim, el hijo del director. No hubo bises, tal vez la mejor decisión tras esa grandiosa progresión.

Ficha

West-Eastern Divan Orchestra

Director Daniel Barenboim Programa Sinfonías 39, 40 y 41 de Wolfgang Amadeus Mozart Sala Teatro Colón, domingo 24. Calificación Excelente

Daniel Barenboim en el Colón. Una magistral y fascinante progresión

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