Página/12 :: El país :: Una ardua tarea

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Una ardua tarea
Por  Vicente Battista *
Es cierto, ingresar constituyó una ardua tarea: los encargados de distribuir las pulseras identificadoras, inmutables, con ojos de lince y paciencia de monje tibetano, revisaban una y otra vez la planilla, para finalmente sentenciar: “Usted no está en la lista”. Era inútil exhibir las vanas tarjetas de invitación: no éramos parte de esas listas en las que, justo es decirlo, faltaban por igual personajes estelares del arte y de la política y gente del montón.

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